Miércoles 12 de Junio de 2019

El dudoso logro legislativo de Trump

“Intentos por derogar la reforma de salud de Obama o financiar (…) el muro fronterizo con México se han visto entrampados en la parálisis legislativa”.

En un Congreso polarizado como el de Estados Unidos, los gobiernos suelen conseguir un par de logros legislativos importantes mientras que la mayor parte del tiempo sus proyectos de ley se estancan en discusiones y cortapisas de la oposición. El exmandatario Barack Obama solo pudo aprobar una reforma de salud, una reforma financiera para regular mejor a los bancos de inversión y un plan de estímulo económico al comienzo de su administración, cuando la crisis inmobiliaria del 2008 arreciaba. El resto de su período fue un sinfín de proyectos de ley abortados y leyes menores que culminaron en el fallido intento por nominar un juez pro Partido Demócrata a la Corte Suprema, maniobra bloqueada por los republicanos.

En el caso del Presidente Donald Trump, la situación es similar. Su gran logro legislativo es la reforma tributaria aprobada a fines del 2017 y la designación de dos jueces conservadores a la Corte Suprema. Intentos por derogar la reforma de salud de Obama o financiar iniciativas clave, como el muro fronterizo con México, se han visto entrampados en la parálisis legislativa que caracteriza el quehacer del Congreso en la última década.

Al hablar de logros legislativos, me refiero principalmente al éxito que significa aprobar una reforma importante en un Congreso y un país polarizados, pero no necesariamente al impacto positivo de la ley. Pese a que Trump aún exalta los supuestos beneficios económicos que trajo su reforma tributaria, a un año de ser firmada como ley queda claro que la mayoría del país no goza de esa bonanza. Un reciente estudio del Congressional Research Service , agencia no partidista que depende del propio Congreso, el impacto de la reforma para el estadounidense medio ha sido mínimo.

Si bien la tasa impositiva promedio para las corporaciones bajó de 23,4% a 12,1%, el impuesto a la renta individual se redujo en promedio apenas 0,4%. Y este modesto alivio tributario —que se estima alcanza los 930 dólares al año por familia— se acabará el año 2025, ya que la ley estipula que las rebajas individuales terminen ese año mientras que los beneficios a las empresas sean permanentes.

Si a ello se suma que el crecimiento de los salarios durante el período ha sido marginal, el logro legislativo de Trump pierde méritos. Su errática política económica tampoco ayuda, partiendo por su estrategia de entablar una guerra comercial con China. Según el think tank independiente Tax Policy Center , los aranceles a China han generado costos adicionales a la familia estadounidense promedio de 831 dólares al año. Es decir, dichos aranceles han prácticamente anulado el alivio tributario para los hogares estadounidenses.

Trump mantiene el apoyo de su base de votantes, pero si de aquí a las elecciones presidenciales del 2020 su política económica no rinde más frutos, la principal víctima será su propio intento de seguir un período más en la Casa Blanca.

El balón no tiene género

Con la participación de nuestras seleccionadas en la Copa del Mundo de Francia, queda abierta la discusión sobre las brechas existentes en el deporte y específicamente en el fútbol. Es indudable que, en esta última disciplina, las diferencias entre hombres y mujeres es abismante, en participación, en acceso, en cobertura comunicacional, en cuanto a políticas, en espacios de opinión y, para qué decir, salarios. Así, la fundación «Fútbol Más» tiene como desafío demostrar que el fútbol ya no es solo un juego masculino.

Niñas, jóvenes y adultas que participan en nuestra institución, repartidas en ocho países y en tres continentes, buscan día a día espacios para sobreponerse a los entornos adversos, a la cultura predominante de la selva, de la sierra, de la costa, de las tomas, de los campos de refugiados, de las caletas de pescadores, de residencias de acogida, de colegios y de barrios.

Para las organizaciones de la sociedad civil que trabajamos bajo el alero de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) desarrollados por Naciones Unidas, la meta cinco, la de igualdad de género, se torna fundamental. Nos hemos adherido a este desafío para poner al deporte como medio de transformación, como espacio que, desde una aproximación lúdica al deporte, pueda abrir espacios de participación y de amplificación de las voces que hasta hace poco han estado silenciadas.

Pero esta lucha no es de las mujeres únicamente y no es solo para reclamar justicia por una historia dispareja. Este trabajo, dentro y fuera de la cancha, también puede servir para favorecer el desarrollo de la infancia, ya que sabemos que desde ahí se pueden instalar prácticas para que niñas y niños crezcan fortaleciendo sus habilidades y entendiendo que sus derechos deben ser respetados en igualdad.

En el marco del mundial femenino, hoy nuestras seleccionadas están marcando un hito, no sólo por participar por primera vez de una Copa del Mundo, sino porque además abren la posibilidad de mejorar las condiciones de las mujeres en el fútbol. Nuestro desafío, ahora, es pasar a un segundo nivel, tomar la fuerza de estas guerreras que nos representan y llevar a hombres y mujeres la bandera de que el balón no tiene género, porque es así, para todos y todas, sin límites y sin fronteras.

Millennials somos inocentes

“[La] sobreprotección crió jóvenes ansiosos e incapaces de lidiar con las vicisitudes de la vida”.

Al final del otoño santiaguino va muriendo la actividad pajarística. Con suerte se escuchan algunos gritos perdidos de un zorzal y uno que otro tímido trino de algún cachudito. Aparecen, eso sí, los histéricos chirridos de los picaflores volando de un lado a otro. Llegan escapando del frío sureño y quebradas cordilleranas. Otro sinónimo del frío otoñal es Roland Garros, el fruto de una gran frustración: El Chino Ríos nunca lo ganó. Frustración mundana, privilegiada o millennial . Soy de los millennials mayores, generación azotada por críticas y etiquetas que deberían concentrarse en una generación menor, los que no alcanzaron a ver al Chino. Una generación que en Estados Unidos —y especialmente los más privilegiados de ellos— ha sido educada en base a tres importantes falacias educativas (según Jonathan Haidt y Greg Lukianoff, en su último libro, próximo a publicarse en Chile).

La primera es contraria a un clásico cliché: “Lo que no te mata te hace más fuerte”. Ahora sería al revés: Te hace más débil. Las dificultades, por lo tanto, hay que evitarlas. Esta sobreprotección crió jóvenes ansiosos e incapaces de lidiar con las vicisitudes de la vida. Segunda falacia: Confía siempre en los sentimientos. Nunca tendríamos que poner en duda nuestros miedos, sino que ampliarlos. Habría que interpretar todo como agresión apenas nos parezca serlo, ya que nunca sería fruto de algún prejuicio, cuando en realidad el ser humano es tener prejuicios. La tercera idea fatal, aunque nada de nueva, es que el mundo está dividido entre buenos y malos. La única manera de superar esta ridícula creencia es la civilización —educarse—. Insistir e insistir que el mundo afuera está lleno de malos es tan falso como contraproducente. Rebatiendo esta antigua idea los autores citan a Solzhenitsyn: “La línea que divide al bien del mal cruza el corazón de todos los humanos”.

Esta crianza paranoica se exacerba con las redes sociales y el nuevo estatus social que éstas trajeron: Enojarse. Hoy enojarse es virtud, no para solucionar algo o desahogarse —como antes—, sino que para sentirse bien, para mostrarse como bueno, sabio o incluso culto —aunque sea todo una farsa, incluso el sentimiento—. En las universidades los profesores pisan huevos: Son funados por ridiculeces como usar la palabra raza, e incluso despedidos. Es difícil hacer ciencia. Acá en Chile es diferente, pero ya empezaron a reclamar porque están muy exigidos. La culpa no es de los jóvenes, dicen los autores, sino de los padres, y principalmente de los decanos y rectores, que dejaron de imponer su autoridad intelectual y cedieron frente a ridículas presiones. Aunque parece que nos estamos aburriendo: Ayer, en la Revista Ya, un reportaje dice que apareció un nuevo valor que están inculcando los padres millennials a sus hijos: La tolerancia. Ojalá.

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