Martes 11 de Junio de 2019

Peter Dragicevic, empresario:

“Uno se vuelve medio loco y pierde la noción de los valores”

El expresidente de Colo Colo cuenta que escribirá un libro con su verdad, ahora que cumplió 70 años y tiene una séptima hija. “Soy tata y papá”, dice.

Por Rodrigo Garrido T.

Claudio Cortés

Peter Dragicevic fue durante dos décadas protagonista de la actividad dirigencial en Chile, como presidente del Estadio Croata y de Colo Colo en dos períodos (1986-1991 y 1994-2002). Llegó incluso a tener programas de televisión y su nombre se asocia a logros relevantes para el equipo popular y el fútbol chileno: la construcción del Estadio Monumental y la obtención de la Copa Libertadores de América.

En 2004 fue procesado por infracción al Código Tributario, fruto de su gestión como presidente de Colo Colo. Estuvo preso en el Anexo Cárcel Capuchinos, fue absuelto y desapareció de la actividad. “Fuimos satanizados en un momento determinado, éramos culpables de la debacle y con el tiempo las cosas se han ido poniendo en su lugar”, dice ahora, que acaba de cumplir 70 años. Hace 37 años sostiene 5 hogares de ancianos con alzhéimer, ubicados en las comunas de Providencia, Lo Barnechea, Las Condes y La Reina; continúa participando en el negocio inmobiliario, la producción de eventos y es vicepresidente del Estadio Croata.

—¿Quién es Peter Dragicevic hoy?

—Un agradecido de la vida, un bendecido que jamás pensó que se iba a realizar en la parte social y liderar la etapa más exitosa del fútbol chileno. Me siento honrado.

—¿Qué hizo para reinventarse?

—Estoy emprendiendo todos los días, desde que me levanto. Sigo profundizando en el tema de los hogares para ancianos, focalizado específicamente en los enfermos con alzhéimer, porque creo que es un temazo para el Chile de hoy pensar en lo que se viene.

—¿Por qué?

—Porque es un tema que no tiene solución hoy día, porque se da una fórmula muy compleja. Dentro de poco, la población chilena de mayores de 60 años será más numerosa que la de menores de 18 años. La gente envejece y la única opción que tú tienes es postergar la edad de jubilación y aportar más para que la gente pueda tener el ingreso para vivir dignamente los últimos años de su vida.

—¿Lo ha vuelto más sensible el contacto con una enfermedad como el alzhéimer ?

—Por supuesto, porque el problema no es solo la persona con alzhéimer, sino el entorno familiar, que debe aguantar a ese paciente. El esfuerzo por mejorar su calidad de vida es grande. Hay que ser muy fuertes en terapias, en todo lo que es la parte neurológica. Parte importante se dedica al estudio de lo que es esta enfermedad, cómo se comporta la gente que la padece, porque ellos pierden la noción de todo. Entonces, tú tienes que finalmente ser sus manos, su cabeza, sus pies, todo. Hay casos extremos de alzhéimer, gente que se muere por deshidratación. Se olvidan de tomar agua. Es una labor muy impactante, pero muy bonita a la vez y de la que se aprende todos los días.

“Estoy en paz con la historia”

—¿Usted se enriqueció con el fútbol?

—Sí, me enriquecí emocionalmente; socialmente, una brutalidad.

—¿Pagó lo que tenía que pagar?

—Perdí mi casa, que era producto de mi esfuerzo, perdí una colección de autos. No tenía plata en depósitos, tenía bienes, y esos bienes los tuve que liquidar, afrontar deudas de Colo Colo. Pero como dice el dicho, si uno se acuesta con guaguas, no tiene que llorar si amanece mojado.

—¿Se obsesionó con el poder?

—Uno se vuelve medio loco, quiere que el club gane, y pierde noción de los valores. Los valores, al final, son la pelota de fútbol y la camiseta, no es un tema económico. Es lo que están viviendo hoy los empresarios, pero ellos tienen una visión mucho más fría. Los jugadores tienen un sexto sentido desarrollado y se dan cuenta cuando uno está muy motivado con el club y te pegan el sablazo. Son sobrevivientes de ese sistema, trabajan hasta los 34 años, y después tienen que arreglárselas.

—¿Está libre de amarres con la justicia?

—Desde el 2006.

—¿Se siente libre?

—Nunca me sentí preso de nada. Siempre tuve la delicadeza de dirigir a Colo Colo en forma impecable y que la gente que trabajaba conmigo lo hiciera de tal manera, que jamás se nos pudiera imputar algo. Cuando el Servicio de Impuestos Internos hizo una verdadera razia en contra de nosotros, buscaron por todas partes y no encontraron nada. Ese es un mérito. Por eso nunca dejé de sentir que era libre. En un momento fui mal juzgado, pero yo sabía que eso era parte de las pruebas del destino, y una de las formas de crecer en la vida era hacerlo en la adversidad, era una manera de endurecerme.

—¿Qué aprendió?

—A ser mucho más humilde, mucho más humano, empático. Al final de todo, fui un mejor ser humano, perdí dinero, prestigio, pero gané otras cosas, y al final el río siempre vuelve a su cauce, y hoy la gente me da el valor, me lo reconoce y estoy en paz con la historia.

—¿Qué haría por el fútbol hoy?

—Les diría a todas la sociedades anónimas que se vayan y que le entreguen el fútbol a la gente. O si quieren participar tozudamente, que tengan el 49% de las sociedades y que el 51% se lo entreguen a la gente. Eso es lo que sucede en Alemania por ley, y ha sido exitoso.

—Eso parece imposible, ¿Quién salva al fútbol, entonces?

—Nada. El fútbol chileno nunca fue una actividad rentable, en toda su historia, y cuando tuvo tiempos más exitosos, esas riquezas se reinvirtieron en los clubes, y así la UC tuvo su estadio, Colo Colo también. Se viene la etapa Frozen del fútbol chileno y no hay salida. Eso es lo más preocupante.

—¿Usted inventó a Arturo Salah como entrenador?

—Eso dice la historia, porque si yo no hubiese tenido la fortaleza para aguantar a Salah, quizás él no hubiese sido nunca entrenador. Hubiese llegado a Colo Colo y hubiese fracasado, porque los únicos títulos que tiene como DT son con Colo Colo. No ganó nunca nada más. En todo caso, el Arturo Salah que yo conocí no tiene nada que ver con el de hoy día.

—¿En qué sentido?

—Él, por gran influencia de Fernando Riera, era un tipo muy respetuoso de los cánones del fútbol, pero al mando del fútbol chileno lo vi como un tipo que está al frente de una organización que está llena de gente que no tiene ningún valor ni principio para estar en el fútbol. Fue parte de Colo Colo cuando llegó Jadue y toda esa etapa negra, y entonces, de alguna forma, avaló una contaminación del fútbol brutal, que arrasó con todo. Ese proceder me extrañó conociendo al Arturo que yo conocí años atrás.

—¿Qué sintió cuando se murió Bonvallet?

—Pena, porque fue una persona que hizo mucho daño, pero que sufrió mucho. Lo conocí cuando llevaba una vida normal, compartimos. Trato de no tener resentimientos con nadie. Mientras más leo, me doy cuenta de que uno tiene la obligación de pedir por la gente que ha hecho daño, y el karma, el sufrimiento, se lo tiene que haber llevado él.

—¿Le han ofrecido cargos o probar en la política?

—Sí, pero siempre digo que no.

“Tata, abuelo, papá”

Peter Dragicevic cuenta que en septiembre comenzará a escribir un libro con su historia. Está separado desde 2009, luego de un matrimonio que duró 37 años. Hoy es padre de una niña de 7 años, fruto de una nueva relación.

—¿Cómo vive la paternidad a esta altura del partido?

—Me da energía, no tengo derecho a quedarme dormido. Lo mío fue una casualidad, algo que no esperaba, pero hay que aperrar el tiempo que uno pueda. Un papá a mi edad es mucho más cariñoso, pero también mucho más aprensivo. Cuando ya estás viejo y tienes niños te pones tata, abuelo y papá. Pero te cambia todo, me tiene loco, estoy muy feliz.

—¿Le asusta no tener tiempo para disfrutar esta etapa?

—Es que la vida de hoy es muy distinta. Hay más tiempo para todo. Nosotros somos producto de una clase media, que lo que nos tocó vivir cuando jóvenes no tiene nada que ver con lo que estamos gozando hoy día, con todas sus complejidades y todos sus problemas. Cuando jóvenes, nosotros no teníamos nada… yo usaba zapatos con hoyos, les ponía un cartón adentro… comprarse un par de zapatos costaba el equivalente hoy a 100 lucas. Era pesado, hoy compras zapatos chinos por 20 lucas.

—¿Cómo se siente a los 70?

—Siempre es tormentoso cumplir años, pero me pasa lo mismo que cuando cumplí 50 o 60: entras en una introspección y te craneas qué es eso y para dónde vas. Pero, al final, no es más que un día más y un día menos. Un día tienes 69 y al otro 70, sería todo. ¿Qué diferencia puede haber? No hay nada. Cuando te empiezas a enfermar, ahí creo que se siente el peso del tiempo, pero antes no pasa nada. Hay que echarle para adelante, nomás; que nadie se aburra. Yo lo que jamás haría sería jubilarme. Me muero si me voy para la casa.

—¿No se amarga?

—Para nada. Creo que he llorado 3 veces en la vida, hay gente que dice que es una forma de descargar emociones, pero yo creo que hay otras formas.

—¿Qué cosas disfruta cómo niño?

—Mi colección de autos, tengo como 12. Tengo Alfa Romeo, Lancia, un Camaro 69-SS, restaurado de cero, todo está nuevo. Fue uno de los que no perdí, lo tengo hace 25 años. Hay gente que colecciona cuadros, yo autos. Un auto es una joya o una escultura mecánica que anda en la calle. Los echo a andar, pero me da lata salir a pasear.

—¿Qué conclusiones saca de lo aprendido en estos años?

—He podido estar en el momento preciso y en el lugar adecuado. Eso no hay más que agradecerlo.

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