Martes 11 de Junio de 2019

Caso de F. Pizarro revela debilidades en políticas de salud mental

El hombre de la maleta quemada podría evitar la cárcel como la última vez que atacó a una mujer

Espera exámenes que, de nuevo, podrían declararlo inimputable. En 2018 la Fiscalía pidió ponerlo en un psiquiátrico, pero el tribunal lo rechazó.

Por P. Pino M.

Desde 1992 hasta ahora Frank Pizarro (45) suma 15 años encarcelado. Siete por matar a puñaladas a otro hombre en pleno Paseo Ahumada, que había piropeado a su polola, cinco por quitarle una guitarra a un estudiante arriba de un Transantiago en calle San Diego y tres más por asaltar con una cuchilla una tienda de calle Merced. La última vez que un psiquiatra lo revisó en agosto de 2017, se dio cuenta de que sufre un trastorno neurocognitivo y puede ser un peligro para sí y para otros. En total Pizarro acumula, no obstante, apenas 404 días en instituciones psiquiátricas (Putaendo o el Psiquiátrico de avenida La Paz) y ahí habría podido estar el pasado 6 de mayo cuando, según la Brigada de Homicidios, estranguló a una mujer en uno de los vericuetos de las Torres San Borja y la puso en una maleta que encendió en la esquina de Vicuña Mackenna con Ernesto Prado.

Y habría podido estar encerrado porque desde diciembre de 2016 hasta abril de 2018 ya estuvo preso —primero en Santiago Uno y luego en el Psiquiátrico— luego que dos comisarios de la PDI lo capturaron en el Puente Pío Nono cuando atacaba a una ciclista. La Fiscalía Oriente pidió que le dieran 10 años en una institución mental, pero el Tercer TOP de Santiago rechazó esa condena. En ese juicio Pizarro expuso que el día del ataque había tomado un whisky con melón y que la ciclista casi lo atropella, que él se lo hizo ver, ella le respondió y lo trató de «cochino» y fue entonces que él se le fue encima para quitarle la bicicleta y tirársela a la calle. No quería robársela, dijo, porque recibe una pensión de 105 mil pesos por invalidez (en 2002 lo atropellaron y quedó con discapacidad en su lado derecho) y se podría haber comprado una en Biobío.

Los tres jueces del tribunal oral no hallaron un hecho punible y ni tampoco concordaron sobre “la peligrosidad del requerido para sí o para terceros, de mantenerse tratado médicamente”. Eso porque aunque Pizarro suele deambular y tiene un sitio donde dormir en la zona de San Borja, también tiene una pareja y una hija, que estudia enfermería y viven cerca del barrio Franklin. La mujer es cinco años mayor que Pizarro y se conocieron cuando eran adolescentes. En 1992, cuando iban caminando por el Paseo Ahumada, fue a ella a quien un hombre piropeó y Pizarro respondió. Según publicó «El Mercurio» el 16 de junio de ese año, Pizarro y José Antonio Rojas (25) se dijeron unos palabrazos, luego pasaron a los puños y finalmente Pizarro le clavó un cuchillo en el tórax.

Asistencia médica

La mujer dijo en el tribunal que ella “se hace responsable de él porque son pareja y tienen una hija en común, que estudia enfermería y ella la apoya en todo, si se necesita un tratamiento a la vena o lo que sea, su hija está dispuesta en ayudar a su padre y ella también”. Sea como fuere, poco más de un año después Pizarro figuraba de nuevo en la calle. Según dijo la propia mujer en este tribunal, el tipo solía irse de la casa por largo tiempo y deambular por el área del Cerro San Cristóbal y que, a veces, no cobraba la pensión de invalidez. En ese mismo juicio, una perito del Hospital Psiquiátrico José Horwitz indicó que Pizarro le había dicho que disfrutaba la sensación del fuego y que disfrutaba la compañía de los perros callejeros.

La información entregada en la audiencia de juicio oral e informes médicos de 2009, sirven para trazar la vida de Pizarro. Estudio hasta séptimo básico y argumentó que dejó la escuela para impedir que su padre le pegara a su madre. Su familia es de Lo Prado. En el papel, retomó los estudios en la cárcel de Colina, donde cumplió la sentencia por el homicidio de 1992 y llegó hasta tercero medio. En 2009 le dijo a los médicos que en realidad su padre se había ido de la casa cuando él tenía ocho años, porque se había “aburrido” y que él lo veía dos veces al año. Su madre trabajaba haciendo aseo y su papá, de conserje. Además, tenía tres medio hermanos.

Ahora, Pizarro tiene una nueva oportunidad para evitar la cárcel. Eso porque el pasado 22 de mayo la Sexta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago acogió un recurso de amparo de su defensor, y dispuso sacarlo de Santiago Uno y mandarlo a una unidad psiquiátrica, donde hacerle exámenes que permitan “corroborar” su inimputabilidad por razones psiquiátricas y que es peligros para él o para terceros o “descartar” algo que concluyó un informe del SML de 2010, que Pizarro tiene en realidad una “simulación de enfermedad psiquiátrica, conocido como pseudo demencia de Wernike”.

Psiquiatra Luis Risco

“Se van a seguir repitiendo”

“Los psiquiatras quedan atados de manos para tratar problemas como éstos”, dice el past president de Sonepsyn y académico de la U. de Chile Luis Risco. “El señor Orias apuñaló a un sacerdote y otro sujeto hace pocos años decapitó a dos personas en Lolol. Se han repetido y se van a seguir repitiendo mientras sigamos pensando en los derechos de los pacientes que no están en condiciones de precaver sus derechos”, afirma. Y se explica: “Antes se podía enviar un oficio a la Seremi y una persona con psicosis podía ser internada, hoy los psiquiatras prefieren no tener líos legales”.

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