Miércoles 15 de Mayo de 2019

La destrucción de Chorrillos no solo fue resultado de la batalla, sino también del pillaje y el desorden de soldados ebrios que continuaron la destrucción de la localidad.

Los centros urbanos experimentaron saqueos y pillajes desde el comienzo de las operaciones terrestres; rasgo permanente de las guerras de expansión o conquista de clara relevancia social y que ha estado asociado a las guerras desde la antigüedad. En este caso, el pillaje fue ejecutado por las tropas chilenas en busca de botín de guerra. Los soldados lo veían como recompensa legítima a sus esfuerzos guerreros (…).

Los distintos hechos ocurridos durante la guerra no han sido del todo registrados, principalmente porque la historia del conflicto ha tenido un sesgo militar. Sin embargo, existen sucesos poco esclarecidos que son parte de la memoria colectiva de los pueblos protagonistas de conflictos y que hacen énfasis en los hechos bélicos. Esta situación puede explicar el resentimiento peruano-boliviano hacia Chile y el chauvinismo de este último hacia sus antiguos enemigos, ejemplificado en fechas simbólicas, regiones fronterizas, formación de las fuerzas armadas o discriminación nacionalista.

Marco metodológico

La propuesta metodológica se basa en un análisis del fenómeno social de los saqueos ejecutados por las tropas chilenas a partir de fuentes bibliográficas chilenas y peruanas. Dada la mínima cobertura histórica a los sucesos de este tipo, sobre todo cuando están relacionados a los eventos posteriores a las batallas, se consultaron estas fuentes, pues tenían la información necesaria para revelar hechos omitidos e invisibles al trabajo historiográfico actual. El historiador Milton Godoy expresa sobre ello que:

“[…] en el caso chileno los textos acerca de la conducta de las tropas y la apropiación de bienes particulares y públicos durante la ocupación de Lima es, cuando no desconocido, silenciado, soslayado y en una minoría de los casos totalmente negado”.

En este sentido, estos sucesos cobran notable validez en sus análisis, particularmente cuando existen diferentes versiones, como la del historiador chileno Sergio Villalobos, que niega los saqueos. La recolección de las fuentes y su triangulación permitió obtener análisis que arrojaron una causal de los saqueos que permite explicar los sucesos acaecidos. Los registros de los saqueos comienzan de forma paralela a las batallas en territorio peruano. Las fuentes consultadas revelan factores que explican el origen de estas conductas de pillaje y la búsqueda de botín de guerra que estarían relacionadas con la falta de alimentación de las tropas, el enganche forzoso, el fragor de la batalla, la tecnología bélica (uso de minas eléctricas) y la búsqueda de alcohol (…).

Alcohol, botín

de saqueos

En el estudio de la conducta de las tropas chilenas durante la Guerra del Pacífico, cabe destacar que muchos de los soldados que componían el ejército eran adictos a las bebidas alcohólicas. Esto se mostró claramente en el pillaje de la propiedad peruana debido a que numerosas fuentes señalan una constante búsqueda de alcohol una vez terminados los combates. En ocasiones estas pesquisas e ingestión de bebidas alcohólicas tuvieron éxito y provocaron disturbios entre las mismas tropas, hasta el punto en que estas debieron ser reprimidas con fuerza. Los mayores desórdenes de pillaje etílico se desarrollaron en todas las ciudades y pueblos afectados por la guerra, entre los que se destacan el poblado de Chorrillos, Miraflores y sus alrededores (…).

La búsqueda de alcohol como botín de guerra es señalada repetidas veces por las crónicas, relatos y memorias de los actores partícipes en la guerra. El pillaje en el pueblo de Chorrillos y sus alrededores se destaca por su magnitud. De estos hechos existen innumerables registros:

“Después del combate los soldados regresan al campamento con jarros caramañolas y botellas todas llenas de pisco o vino con todo eso la algaraza que se formo entre los soldados fue cundindo a medida que iban pasando larguísimos tragos de exquisito pisco, de modo que al entrar el sol la rosca era tremenda y general”.

La descripción que entrega este oficial chileno muestra la dinámica de acción seguida por las tropas chilenas una vez concluidos los combates (…). Agrega una descripción de los desórdenes protagonizados por los soldados, lo que muestra cómo la indisciplina de las tropas alcanzó ribetes bastantes violentos, llegando a enfrentamiento entre las propias filas: “En el pueblo la borrachera subió de punto. Los soldados mataban, saqueaban y bebían a discreción. Gruesas y gigantes columnas de humo se elevan hasta las nubes produciendo horrorosos incendios en medio de todos los cuerpos ebrios y de victoria”.

La destrucción de Chorrillos no solo fue resultado de la batalla, sino también del pillaje y el desorden de soldados ebrios que continuaron la destrucción de la localidad. Un oficial chileno, testigo de los sucesos, relata:

“Los soldados vencedores encontraron abundancia de licores, se embriagaron en su mayor parte. Al día siguiente a las comisiones que buscaban faltas se les hacia costoso llevarlos a sus cuarteles: cometieron excesos hasta el punto de matarse unos con otros, i por puro gusto descargaban sus fusiles hiriendo a muchos sin culpa” (…).

La situación alcanzó niveles que llegaron a causar bajas al bando chileno. En torno a estos sucesos, el historiador Wilhelm Eckdahl señala:

“Desgraciadamente, la noche del 13 al 14 no transcurrió sin que hubiera desorden que lamentar. Muchos soldados entraron a la población, sin permiso y cargando armas, i derribaron a culatazos las puertas de los despachos que se espedía licor. Como era lógico, pronto se suscitaron riñas sangrientas entre los grupos de soldados ebrios” (…).

El oficial Justo Abel Rosales observa lo siguiente:

“Una gallina era llevada por un soldado, era quitada a balazos por otro. La negativa de un trago de licor producía igual resultado. Todas las cuestiones la solucionaban la bala o bayoneta. Un cabo de nuestra banda pidió un trago de vino a un soldado naval, este no quiso darle y sin más que esto, el cabo lo mato de un balazo y tomo el vino. Varios solados encontraron unas niñas peruanas, según creo y se encerró con ellas a remoler en una casa, al son de un piano tocado por esas callosas manos chilenas. En la puerta de la calle pusieron centinela armado de rifle y bien amunicionado. Al que pretendía entrar, bala con él” (…).

Los hechos de Chorrillos tuvieron cobertura noticiosa en Chile. Los informes de la prensa concuerdan con las versiones de los protagonistas de la batalla y reafirman la ebriedad de algunos solados y los actos de saqueos que se produjeron:

“A fuerza de verídico, no debo pasar por alto la noche del 13. A pesar de las glorias del estupendo triunfo alcanzado en una batalla sangrienta que duro el día, la noche fue para nosotros intranquila, por las consecuencias de algunos desordenes en el pueblo. En este se hallaban deshabitados de moradores pacíficos como ya dije, y convertido en un verdadero cuartel enemigo. En el pueblo existían muchos depósitos de licor; y esto fue la causa que produjo el mal que me he referido. Se embriagaron algunos soldados y desconociéndose unos con otros, se mataron varios entre si. Fue necesario enviar fuertes patrullas a recoger a los dispersos que quedaban aun en la población, y así pudo evitarse la propagación del mal”.

En varias de las fuentes consultadas se aprecia el envío de patrullas de recogida para los soldados dispersos. Esta medida de orden, sin embargo, no siempre se manifestó de forma pacífica. Muchos soldados ofrecieron resistencia a estas acciones debido a su estado de intemperancia. La observación de los desórdenes de Chorrillos no solo viene de fuentes chilenas, sino también de algunos testigos extranjeros, como el teniente de marina norteamericana Theodorus Manson: “El ejército chileno se concentro en Chorrillos y empezó a cundir la desmoralización, tal vez por la gran cantidad de alcohol consumido en el saqueo de la ciudad”.

Según Manson, el alcohol provocó cierta desmoralización en las filas chilenas. El oficial seguramente se refiere a la disposición de combate que tuvo el ejército en Miraflores, dos días después de Chorrillos. La batalla que no fue del todo óptima para las tropas chilenas, sino más bien riesgosa. Tal vez la fatiga, la dispersión, la falta de alimentación y la resaca en los soldados tuvieron alguna incidencia en los resultados del día 13 en Chorrillos. El balneario sería luego saqueado (…).

La visión de Vicuña Mackenna tiene un marcado matiz literario-poético, aunque recoge los hechos ocurridos e intenta buscarles una explicación principalmente en el consumo de bebidas alcohólicas por parte de las tropas chilenas: “Los jefes chilenos echaron lamentablemente un olvido en aquel día una propensión inesistible de la sangre araucana que prevalecía al menos en dos tercios en las filas: porque es sabido que cuando los aborijenes celebraban sus orjias de placer o de victoria, sus mujeres invariablemente esconden las armas de los guerreros, porque saben que una vez turbada la razón, se acometen i se matan implacablemente entre sí. Ese olvido fatal, que en consecuencia a cargo del general en jefe, del jefe de Estado Mayor i de todos los comandantes de cuerpos que consistieron en dejar las armas a su jente cuando la batalla en todas partes había terminado”.

Vicuña Mackenna hace alusión al elemento étnico de las tropas chilenas, en este caso el mapuche. Su visión y su explicación de los hechos están influenciadas por la impronta de la dicotomía de civilización y barbarie, postulada por el intelectual argentino Faustino Sarmiento. Para Vicuña Mackenna, el comportamiento de las tropas responde a un recelo étnico, donde los soldados son vistos como salvajes o bárbaros que deben ser cuidados o desarmados para evitar que cometan desórdenes (…).

Los desórdenes, por su parte, terminaron en retrasos en el alistamiento de las tropas. Las patrullas a menudo se vieron en la necesidad de actuar durante un día completo para recomponer el orden de las tropas; esto sin contarlas bajas producto de la lucha fratricida llevada a cabo por los propios soldados chilenos. Un oficial francés presente en el lugar señala:

“Este día, los regimientos estuvieron lejos de presentar la misma cohesión que le trece. La llanura estaba cubierta de elementos aislados juntándose pero sin apresurarse y con sus cuerpos, ya en fuego. Vimos a muchos de ellos, descansando detrás de los arbustos al abrigo de las balas y del sol”.

A la par que se desarrollaban los saqueos, las tropas empezaban a dispersarse por el campo de batalla y sus alrededores con el fin de entregarse al pillaje de las propiedades y bienes existentes. Respecto a la búsqueda de alcohol, el citado oficial francés, Le León, señala un acontecimiento en Miraflores: “Muchos buscaban bebidas en las tiendas de los oficiales, abandonadas precipitadamente. La presencia de soldados ebrios y armados, a veces indiscretos, nos hacia apresurar nuestras cabalgatas fatigadas para acercarnos a la zona de acción”.

Por las descripciones de Le León, varios soldados chilenos continuaban la fatigosa jornada saqueadora y ejercían el pillaje en el mismo campamento. La conducta de estos soldados parecía ser un poco ordenada y el citado autor reconoce evadir el paso a estos hombres. El mando chileno decidió evitar los sucesos de descontrol de sus subordinados en Chorrillos y para ello ordenó prender fuego a los lugares que fueran objeto de saqueos. Esto con el fin de soslayar los desmanes. En torno al incendio del balneario de Barranco, Vicuña Mackenna señala: “Una hora después, jinetes chilenos a las ordenes de un oficial reconocían la abandonada i pintoresca población y le prendían fuego por los cuatro costados”.

Esta medida se aplicó también al pueblo de Miraflores y fue ejecutada nuevamente por el enérgico coronel Pedro Lagos: “A la 4:30 de la tarde, Fuenzalida, reforzado por Barbosa, penetro en Miraflores y aniquilo las fuerzas peruanas que defendían el balneario. Los soldados empezaron como en Chorrillos, a descerrajar las puertas de los despachos, y para impedir que se embriaguen Lagos le pegó fuego”.

Estas medidas, sin embargo, no evitaron el pillaje: “Concluido el combate, comienza el inevitable saqueo. El pueblo de Miraflores, también fue saqueado como Chorrillos y Barranco. Nuestros soldados llegaron ese día, cargados de caballos, libros, trajes de paño y muchas otras cosas. Los músicos de la banda se proporcionaron buenos trajes de paño negro de un almacén (…) abierto” (…).

La historiografía peruana ha señalado desde la época misma del conflicto la existencia del pillaje. Sin embargo, resulta interesante considerar que el recuerdo de estos hechos que dejaron huella perdura en la memoria colectiva de la población peruana y se encuentra incluso en los textos escolares.

Los testimonios orales también pasaron a las siguientes generaciones. Este es el caso de Abraham Quinteros, chileno hijo de un veterano de la batalla de Arica, que relata aquello que protagonizó su padre respecto a los saqueos: “Como acá a los soldados chilenos le dieron libre, se pusieron a tomar y a celebrar porque habían ganado la guerra” (…).

De forma parecida, pero con distintas nacionalidades y tiempos, los recuerdos han permanecido en la población y se reproducen adosados al conocimiento popular. Los hechos históricos que han sido registrados, tanto en forma oral como escrita, obedecen a una página distinta, trágica, dramática y distante en el tiempo como es la guerra, pero cercana en el recuerdo chauvinista y revanchista que surge en la remembranza mitificada de gestas que deberían ser investigadas y analizadas con mayor profundidad.

Patricio Rivera Olguín es profesor de historia, con doctorado en Didáctica de las Ciencias Sociales e Historia de la U. Autónoma de Barcelona. Se ha especializado en investigación educativa y la Guerra del Pacífico, materia esta última en la cual ha analizado cómo los profesores enseñan en nuestro país sobre este conflicto, y prepara un trabajo semejante en Perú. Actualmente es profesor de la Universidad Arturo Prat.

El texto “Fantasmas de rojo y azul. Los saqueos de las tropas chilenas en la Guerra del Pacífico” fue publicado en el Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura en 2016.

VOLVER SIGUIENTE