Jueves 14 de Marzo de 2019

Fue un cansancio con la clase política: (los franceses) quieren menos parlamentarios y que se les pague menos”.

Daniel Mansuy

Es notable su capacidad de reacción. Un gran aprendizaje para los gobernantes actuales”. Eugenio Tironi

Le ganó a la ultraderechista Marine Le Pen y al populista de izquierda Jean-Luc Mélenchon. Con Donald J. Trump ha tenido tensas relaciones. Y la semana pasada, calificó al Brexit como una trampa de mentiras en la que cayeron los británicos. Las relaciones diplomáticas de París con el gobierno de coalición de Roma, que une a antisistémicos y ultraderechistas, están seriamente dañadas.

Sin embargo, el hombre que fue catalogado como el líder del mundo libre —junto a Angela Merkel en su momento— en pleno auge del populismo vive su propio karma. La crisis de los “chalecos amarillos” tras 16 sábados de protestas (que han ido de más a menos, eso sí) obligó al Presidente Emmanuel Macron a un aterrizaje forzoso de Júpiter a la Tierra.

Hoy el Mandatario busca darle un giro radical a su gobierno a casi dos años de ganar la Presidencia y, si puede, contener el auge del populismo en su país y Europa. “Nada será igual que antes”. Una frase que en el Elíseo tienen clara según el diario Le Figaro.

“Macron encarna la esperanza frente al llamado populismo europeo”, asegura Daniel Mansuy, director de estudios del Instituto de Estudios de la Sociedad. Sin embargo, agrega el experto, “el peligro de Macron pasa precisamente por allí: generó tal nivel de expectativas que, si no las cumple, puede terminar siendo el simple preludio de aquello que quiere combatir”.

“Es fácil pontificar respecto al populismo, pero otra cosa es cuando uno está con la guitarra en sus manos. Lo que pasa es que la situación en Francia, es duro decirlo, pero la gobernabilidad ha estado bien en juego. No sólo por las manifestaciones en las calles, sino que también porque muchos congresistas son atacados, insultados en los lugares donde viven, no los dejan cumplir sus funciones. Cualquier gobierno no puede ser intransigente ni ciego respecto a estas situaciones”, afirma Eugenio Tironi.

El autoritario

Macron, antes de asumir, había prometido ser un Presidente “jupiterino” (por Júpiter, dios de dioses de los romanos, señor del cielo y de la Tierra). Su idea, y la de su joven equipo de asesores de la École Nationale d'Administration (ENA) que lo acompaña desde 2015, en el embrión de su movimiento En Marche!, era restablecer la autoridad presidencial fuerte, vertical, y hacer olvidar la era del socialista Françoise Hollande, quien a Macron siempre le pareció demasiado débil.

La crisis de los partidos que asola hasta hoy a Francia, desde el gaullismo (centroderecha) al socialismo, y el auge del populismo (de izquierda y ultraderecha) hicieron las cosas más fáciles para el joven político que se catalogó de outsider (a pesar de haber sido ministro de Economía de Hollande y banquero en Rothschild). Se alejó de los Mitterrand, Chirac y Sarkozy y de la vieja política vendiéndose como “político de izquierda abierto a las ideas de derecha”.

En su primer año de gobierno fue calificado de “joven autoritario” por los jefes militares. Y en política, actuó igual. Y Macron, como afirmó el filósofo francés Guy Sorman a La Segunda, “nunca ha escuchado a nadie”.

En el lugar donde sus antecesores se habían perdido en las pantanosas aguas de los debates parlamentarios, Macron recurrió a las “ordenanzas”; en palabras simples, decretos que permiten a cualquier gobierno francés imponer sus leyes sin apenas debatir. De Gaulle hizo lo mismo tras la Segunda Guerra Mundial.

Cambio de equipo y estilo

A Macron —y su equipo de jóvenes asesores— la crisis de los “chalecos amarillos” les estalló en la cara. La protesta por el alza de los impuestos a la bencina —y a la que le fueron agregando más demandas mientras pasaban las semanas— no la vio venir nadie en París. Y su respuesta inmediata a ella —el silencio— tampoco fue la más adecuada.

Catalogados por la prensa francesa de “muy preparados”, pero “arrogantes” y muy “desconectados” de la realidad del pueblo galo, los asesores sub-35 de Macron han abandonado el gobierno uno por uno desde enero. ¿Qué se le critica al Mandatario? Una frase publicada en Le Figaro, lo resume. “Al menos con Jacques Chirac y sus consortes, la vieja política tenía una virtud: Los que estaban a la cabeza del Estado conocían a los franceses”.

Sin embargo, “ha cambiado completamente la estrategia, en varios sentidos. Por una parte esta postura como altiva, racionalista, un poco soberbia, un poquito tecnocrática la ha tenido que abandonar, adoptando una actitud mucho más honesta, humilde, de diálogo, buscando empatizar con las aspiraciones de la población”, afirma Tironi.

La respuesta de Macron para bajar las revoluciones de los descontrolados “chalecos amarillos” ha sido volver a la política de experiencia cambiando a sus asesores históricos sub-35 por gente con más cancha.

Hoy es el sexagenario Philippe Grangeon, cofundador de En Marche! y ex asesor de Hollande, quien renueva el equipo de Macron. “Más antigüedad y más diversidad”, afirmó el nuevo hombre fuerte del Elíseo al diario Liberation. Según el medio, Grangeon estaría sondeando personas que pasaron también por el gobierno de Sarkozy (gaullista).

“Simplemente, Macron se enfrentó a las limitaciones de su propio método: en política, las innovaciones difícilmente pueden ser radicales, y la experiencia no se improvisa desde la nada. Más allá de sus innegables méritos y virtudes, Macron tuvo demasiado éxito en muy poco tiempo, y eso no es fácil de administrar. En el fondo, al poco andar sintió la necesidad de rodearse de personas más experimentadas”, asegura Mansuy.

¿El no populismo?

Además, el Mandatario galo lanzó a mediados de enero una consulta nacional con el fin de saber, con siete preguntas, lo que en realidad quieren los franceses. Con cabildos en municipios y hasta online , “Le grand débat national” dejará este domingo de recibir propuestas sobre impuestos, ecología y hasta educación cívica (pregunta si el voto debe ser obligatorio). Durante abril, se hará el cruce de datos para dar a conocer los resultados en una fecha por definir.

“El gran debate fue una iniciativa muy audaz. Le permitió sortear un momento complejo, pero su salida es difícil. De hecho, la gran reivindicación que los franceses manifestaron fue un cansancio con la clase política: quieren menos parlamentarios, y que se les pague menos. Ahora Macron tiene la difícil misión de darle cauce a esa demanda, sabiendo que no tendrá acuerdo del Senado, y que probablemente tenga que alimentar el sentimiento de rechazo a la clase política, que es una idea central del Frente Nacional”, agrega Mansuy.

Para Tironi, Macron ha hecho una cosa bien inédita con el Gran Debate Nacional, “que ha sido casi poner en marcha un proceso parecido al Constituyente en Chile con Bachelet”. “Ha respondido con un paquete muy importante de medidas que acogen las demandas de los chalecos amarillos en materia de impuestos, subsidios… Ha tenido que meterse seriamente la plata al bolsillo y poner recursos sobre la mesa. Incluso poniendo en riesgo los equilibrios fiscales, lo que lo compromete ante la Unión Europea; o sea, ha tenido que hacer cambios importantes”, agrega.

¿Podrá Macron salir airoso ante la presión que tiene? Actualmente, el Mandatario galo tiene 30% de aprobación. Subió casi nueve puntos después de llegar al mínimo del 21% cuando la situación de los “chalecos amarillos” se les fue de las manos.

“Efectivamente ha funcionado, hasta ahora, como esperanza del antipopulismo. Pero su base política sigue siendo tan incierta como estrecha, y tiene el enorme desafío de consolidarla en las próximas elecciones europeas (en mayo). Para decirlo en términos weberianos, tiene que convertir su carisma en rutina. Es, de algún modo, lo que hizo De Gaulle al fundar la Quinta República”, agrega Mansuy.

“Las circunstancias lo llevaron a esto; en ese sentido, es notable su capacidad de reacción, creo que es un gran aprendizaje para los gobernantes de estos tiempos. Es lo que no ha hecho Trump, por ejemplo. Creo que él estuvo paralizado algunas semanas, pero me parece que ha sido capaz de cambiar de orientación, actitud y ahora, cambiar de equipo y adaptarse a esta exigencia de esta nueva sociedad. Ha tenido que hacer constricciones relevantes”, dice Tironi.

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