Jueves 14 de Marzo de 2019

Fin del Transantiago

“Parece evidente que cualquier mejoramiento sustentable del servicio tiene que ver con medidas estructurales de largo aliento”.

El cambio de imagen y de nombre que el Gobierno presentó esta semana para el sistema de transporte público de Santiago —que pasó de llamarse Transantiago a «Red»— debería constituirse en la oportunidad para elevar los estándares de un servicio que, desde su puesta en marcha en 2007, sólo ha afectado la calidad de vida de sus usuarios. Según el anuncio, el cambio en el servicio será gradual de aquí a 2021 e incluirá la renovación para ese año de la flota operativa en el 70%, el recambio de siete mil validadores, la instalación de 1.200 “paraderos digitales” (torniquetes e información en línea) y una nueva licitación para adjudicar un proveedor de buses y concesionarios para los recorridos del sistema.

Si bien las medidas parecen ir en un camino correcto, las constantes promesas para optimizar el Transantiago en estos años —nunca cumplidas— han enseñado a mirar con cautela anuncios que, como el propio Presidente Piñera reconoció, se presentan como “un cambio muy radical” en su funcionamiento. Por ello, y tal como lo han sostenido algunos expertos, resulta riesgoso renombrar el sistema cuando el 90% de los servicios lo siguen manejando los mismos operadores, con los mismos buses y bajo las mismas condiciones contractuales (que en lo sustancial provienen de 2012).

Ante esto parece evidente que cualquier mejoramiento sustentable del servicio tiene que ver con medidas estructurales de largo aliento; como lo es, entre otras cosas, el avance de la nueva licitación del sistema que hace un año fue declarada desierta y que hoy se encuentra en proceso de análisis por parte del Ministerio de Hacienda. Esta reforma, que según el Ejecutivo se debería empezar a concretar a partir de abril, resulta clave debido a que la propiedad de los buses quedará separada de la operación de los servicios; es decir, las empresas sólo se dedicarán a hacer la gestión de los recorridos y otras compañías, independientes entre sí, proveerán los vehículos. Por otra parte, parece necesario insistir en la reducción de la evasión en el pago del pasaje del transporte en superficie, que hoy llega al 27%, y que es uno de los ejes para la contención del crónico déficit presupuestario que afecta al sistema. Se requiere, igualmente, de la construcción de infraestructura en varios puntos de la capital para mejorar la velocidad de los buses.

Es de esperar que la nueva marca sea el primer paso para mejorar progresivamente el sistema y avanzar hacia una intermodalidad propia de ciudades del tamaño de Santiago, donde el servicio de transporte público facilita y articula la interconexión entre el uso de buses, trenes y metro con los usuarios de otros medios como autos, bicicletas o scooters. Más que campañas comunicacionales, se necesita de las condiciones necesarias que garanticen un buen servicio y un precio acorde con su calidad.

¿Televisión en crisis?

M. R. E.

En los últimos meses se ha venido repitiendo que la televisión chilena está pasando un momento de crisis, que las nuevas plataformas tecnológicas (tipo Netflix) están dejando a los canales sin televidentes, sin publicidad y sin plata.

Sin embargo, las señales que se han conocido la última semana llaman a mirar el futuro con optimismo. Y es que los profesionales de la TV local han hecho esfuerzos sostenidos para que la programación vuelva a ser motivo de conversación en los hogares chilenos. Primero, un canal emitió unas imágenes de unos disturbios ocurridos en diciembre de 2018 haciéndolas pasar como parte de las marchas del Día de la Mujer. Luego, otra emisora incluyó una gráfica con el título “Venezuela a oscuras” y la imagen de Michelle Bachelet. Finalmente, y en un matinal, presentaron a un tipo como “experto del Banco Mundial” cuando tenía, con suerte, cuarto medio. Quizás, y para mirar el vaso medio lleno, en los canales sigan ese viejo adagio que dice: “Mejor que hablen mal de ti a que no hablen”.

Vicepresidente ejecutivo: Felipe Edwards del Río

Director: Mauricio Gallardo Mendoza

Representante legal: Alejandro Arancibia Bulboa

Dirección, redacción y talleres: Av. Santa María 5542.

Fono: 2330 1111 (mesa central) Servicio al cliente: 2242 1111

Ventas, suscripciones: 29562456 www.lasegunda.com


Marcela Cubillos


Señor Director:

Si es cierto que Marcela Cubillos es una de las figuras fuertes del gobierno, hay que preguntarse por las claves de su desempeño.

Con el sistema de admisión escolar basado en un algoritmo, amenazado por el proyecto de Admisión Justa, parece ocurrir lo que explica Diego Pardow: la “automatización” de ciertas decisiones “altera la manera en que funciona la responsabilidad política”. Cuando las decisiones provienen de un mecanismo técnico e impersonal no hay un rostro ante el cual reclamar. Esto no elimina la responsabilidad política; si el mecanismo es percibido como arbitrario, la reconduce a la autoridad más alta del sistema, que debe hacerse cargo de sus efectos.

Algunos críticos de la ministra la acusaron de querer “invisibilizar” algunos problemas. En algún sentido, tienen razón: su formulación un tanto maniquea de la disyuntiva entre mérito e igualdad tuvo por objetivo desviar expectativas de un problema del cual el gobierno tiene poco control (calidad de la educación) a otro que sí controla (frustración de los apoderados).

Pero la ministra corre el riesgo de sobregirarse: su estrategia no rendirá frutos si no responde a los cuestionamientos significativos de los últimos años al discurso meritocrático de la derecha, como si fueran un “espejismo de la justicia social”. El gobierno haría bien en recordar cómo le ha ido con sus ministros convencidos de que dicen las cosas “como son”.

Santiago Ortúzar

Investigador IES


Control de identidad


Señor Director:

Al analizar las estrategias del Estado para hacer frente al fenómeno de la delincuencia juvenil, no es difícil advertir una importante contradicción. Por una parte, se divisa un arduo trabajo legislativo —con participación protagónica del Ministerio de Justicia— para crear el Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil, cuyo eje articulador es garantizar el debido proceso, mejorar el catálogo de sanciones y centrar la política pública en un modelo basado en la prevención y la reinserción social de los adolescentes en conflicto con la ley. Pero, por otra parte, se aprecia un intento por dar muestras de una lucha implacable contra el delito, mediante la aplicación de la figura del control preventivo de identidad de menores de edad.

Cabe recordar que en años anteriores esta fórmula fue desechada por encontrarse en contraposición a los objetivos que debe buscar la política criminal juvenil. A esto se suman factores relacionados con la poca eficacia, la inobservancia del principio de presunción de inocencia, la estigmatización que provocaría y el hecho de no atender los estándares internacionales vigentes en Chile.

Si el número de adolescentes que delinque ha disminuido en 31% en los últimos tres años (como lo indica el análisis estadístico de la Fiscalía de enero de 2019), pero persisten aspectos preocupantes relacionados con la reincidencia y el incremento de delitos violentos a raíz de esta reincidencia, parecería lógico que los esfuerzos del Gobierno se centren en prevenir el delito y en ejecutar acciones tendientes al desistimiento y la reinserción. Por ello, la primera estrategia parece ser la más sensata, más acorde a los compromisos internacionales y a los derechos fundamentales.

Anuar Quesille


Comida en cines


Señor Director:

El doctor Fernando Vio en su carta a este diario (del viernes 8) dice que “para los noventeros es fácil llegar a consenso en prohibir comer en los cines, porque nos molesta que hoy día la gran mayoría asista a las salas a comer y después a ver películas”. Lo encuentro lamentable, entonces podría también molestarle que la gente se divorcie o que las mujeres trabajen.

Respecto a la libertad económica y la colusión, el señor Vio podría leer algún libro de economía básica para que no haga analogías tan burdas comparando la colusión de las farmacias con permitir o no vender comida a las empresas que venden comida. En lo único que concuerdo con el doctor es que el alcohol debería ser vendido a mayores de 18 años. Finalmente, no sé por qué achaca a mi opinión de permitir comer y tomar alcohol en los cines a un problema de salud pública nacional como el alcoholismo en Chile. Creo que el doctor Vio debería tomar un curso introductorio a lógica elemental.

Fernando Claro


Crisis en la U


Señor Director:

Carlos Heller Solari, presidente de Azul Azul, es el principal responsable de la actual crisis en U. de Chile. Por el bien de la «U», debería dar un paso al costado.

Juan Eduardo Morales

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