Sábado 9 de Febrero de 2019

El impacto de la migración en la ciudad

Cómo el desarrollo inmobiliario, la rehabilitación de espacios deteriorados, la llegada de nuevos habitantes y el turismo obligan a emigrar a los residentes originales.

Por Fabiola Aburto Prieto

Las ciudades están en permanente evolución y experimentan cambios que impactan en la cotidianeidad de las personas que viven en los barrios. Uno de estos procesos es la gentrificación, que surge a partir de la reconstrucción y rehabilitación de espacios urbanos deteriorados generando un recambio en los grupos sociales que habitan esos lugares.

Quien desarrolló este concepto —derivado de la palabra en inglés gentry (alta burguesía)— fue Ruth Glass. Lo utilizó para referirse a lo que pasaba en Inglaterra en la década del 60, donde se rehabilitó el antiguo hábitat popular de Islington a través de su apropiación por parte de parejas ricas.

Karina San Marín —arquitecto y magíster en Desarrollo Urbano— explica que en Latinoamérica y en Chile se da el mismo fenómeno, pero de una manera diferente. “Comienza a partir de los años 90 y adquiere fuerza en el 2000. Surge al incentivar la renovación urbana. Y en el caso de Santiago, a algunas zonas de la ciudad que tradicionalmente eran mas humildes llegan personas de ingresos más altos, nivel cultural o artistas, poniendo de moda barrios como Yungay, Italia, Bellavista o Lastarria”.

Pero además, explica, “el proceso de gentrificación más puro está dado por el desarrollo inmobiliario. La llegada de nuevos proyectos y nuevos modelos de familias, parejas y personas solas más jóvenes cambian el uso de lugares que con ello se vuelven más comerciales y turísticos”.

El duelo de irse

El mayor impacto de todo este proceso lo sufren los residentes originales de esos territorios. Muchas veces genera miedos entre los habitantes originales: a perder sus casas, a quedarse aislados debido al desarrollo inmobiliario, a la llegada de una mayor cantidad de habitantes a la que no están acostumbrados y al impacto en su estilo de vida.

“Las personas temen que si no venden su propiedad se van a quedar solas y después no podrán rentabilizar sus viviendas. Al ver que sus barrios se están renovando, piensan que en algún momento les va a tocar irse, porque no es sustentable. Entonces se produce un recambio de residentes apoyado por el flujo inmobiliario que se traduce en un alza de los valores del suelo, lo que provoca que para muchas personas que vivían allí ya no sea posible seguir haciéndolo o sea muy atractivo económicamente vender. El cambio de vida y la llegada de una mayor cantidad de personas también influye en esta decisión de irse”, advierte San Martín.

La psicóloga y directora del Centro Desarrollos Sistémicos, Susana Muñoz, agrega que “es un delicado equilibrio entre transformación del espacio y pertenencia. El desarrollo inmobiliario, el turismo masivo, la rehabilitación de los espacios tienden a sitiar a las personas que viven en estos lugares de manera que empiezan a emigrar a otros barrios y en ese proceso existe una multiplicidad de duelos por elaborar y redefinir la pertenencia en un nuevo lugar”.

Y aunque el turismo siempre parece ser un factor positivo para el desarrollo de los lugares, también trae consigo impactos no deseados. Cuando se descubre un lugar que por paisaje, gastronomía o estilo de vida es muy atractivo, los grandes operadores turísticos empiezan a transformarlo en un destino de moda y comienza a llegar un flujo de personas muy superior al que puede recibir esa ciudad o territorio.

Turismo y gentrificación

Es lo que ocurre en numerosas ciudades europeas, donde sus residentes sufren por avalanchas de turistas de paso. “Uno de los grandes desafíos es desarrollar un turismo sustentable y sostenible, que no afecte la vida local, la cotidianidad de los habitantes del lugar y el cuidado del medio ambiente. Tiene que existir un equilibrio entre las necesidades turísticas de una región para generar ingresos, empleo y difusión, y el daño colateral que implica la llegada de una gran cantidad de visitantes”, dice Alejandra Medina, especialista en marketing de destinos.

Lisboa ya está teniendo efectos negativos producto de la gentrificación. “El viajero que va a Portugal y pasa por su capital generalmente tiene ciertos intereses relacionados con la música, la buena gastronomía y el particular estilo de vida artístico, bohemio y nostálgico que se vive allí. El gran patrimonio de la ciudad son sus barrios, pero en los más reconocidos se ha empezado a tentar a los locales para que arrienden sus casas con ingresos que los habitantes no esperaban obtener. Eso ha significado un movimiento masivo de turistas que han cambiado la fisonomía de estos lugares e impuesto sus costumbres, sus comidas rápidas, fiestas ruidosas que afectan el estilo de vida de las personas que han vivido siempre allí”, detalla Medina.

Algunos han optado por alquilar sus casas e irse a otros lugares, otros se han visto presionados por las inmobiliarias que están ofreciendo precios muy altos para transformar viviendas en hoteles boutique o construir edificios.

“Los portugueses se sienten agradecidos de que Lisboa sea considerada la mejor ciudad turística de Europa. Pero quieren mantener su estilo de vida que en definitiva es lo que busca el viajero que está fuera del circuito masivo, el llamado turista de intereses especiales. Se quieren conservar para ellos, el que va a la librería, a los cafés, el que disfruta de la comida de taberna, que camina por sus calles tranquilamente, que visita galerías, a los artesanos y que compra productos locales”, explica.

Venecia es otra ciudad que vive cambios. Debido a los miles de turistas que llegan diariamente, cada vez residen menos habitantes locales: desde hace unas décadas se han ido a otras ciudades cercanas como Mestre, en donde las casas y vivir es más económico y tranquilo.

En el centro de Barcelona, prácticamente ya no residen locales ya que sus casas las alquilan para el turismo. El barrio de la Barceloneta —donde originalmente vivían los marineros y sus familias— hoy se ha transformado a partir de la recuperación de estos espacios y con la llegada de nuevos habitantes, en zona de turistas y comercio.

Para contrarrestar esta tendencia, quienes trabajan en el ámbito turístico han desarrollado diversas iniciativas para desarrollar un turismo que respete a los habitantes y culturas propias de los lugares. Traveller Made —red de agencias boutique a nivel mundial presente en Chile— busca que los turistas vivan experiencias auténticas en los destinos y alejarse de lo masivo. “No tiene que ver con el precio de un programa, sino que el interés específico que tenga el viajero con ese lugar. Los orientamos para respetar su cultura, los códigos de conducta, costumbres propias de los habitantes y el cuidado del medioambiente. Proponemos un turismo pausado, en el que la persona pueda interiorizarse de la vida cotidiana e interactuar con las personas locales que es lo más valioso de los viajes”, explica Medina .

(Continúa en la página 16)

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