Viernes 1 de Febrero de 2019

Felipe Larraín cree que sería un "autogol":

“No aprobar la reforma tributaria generaría una desaceleración”

El ministro de Hacienda es optimista frente al crecimiento de 2019 y dice que, en la discusión tributaria, están abiertos a que haya mayor progresividad. No descarta nuevos impuestos.

Por Camilo Castellanos

A las 7 de la mañana, cuando le permite su agenda, el ministro de Hacienda está haciendo abdominales, flexiones y levantando pesas. Felipe Larraín se está preparando para un año con mucho movimiento. A nivel internacional, Chile será cede de la APEC y Larraín fue elegido como el líder de la coalición de ministros de Hacienda por el cambio climático. A nivel interno, debe impulsar las reformas más emblemáticas del gobierno: la tributaria y la de pensiones. “Veo un año duro, con poco tiempo, muy exigente”, reconoce. Eso, sin mencionar que se espera para 2019 un menor crecimiento que el año pasado.

Sentado en su oficina del piso 12 de Teatinos 120 —donde todas las mesas están llenas de carpetas—, cuenta cómo el país se prepara para enfrentar un año decisivo.

—El 2018 el país tuvo un alto crecimiento, pero 2019 se espera más moderado y con más presiones externas. ¿Cómo se pueden mantener los buenos números?

—El 2018 fue muy positivo. La economía se puso de pie y la inversión se recuperó. Pero ahora lo que tenemos que hacer es que sea más permanente. Hay que consolidar los buenos resultados. Para eso, necesitamos reformas clave. Y el proyecto tributario es el más importante para que Chile pueda sostener el crecimiento y mejorar el crecimiento potencial. En este escenario externo más complejo se hace todavía más patente la necesidad de la Modernización Tributaria.

—El buen desempeño de 2018 le permitió al gobierno liderar la agenda legislativa. ¿Se pueden complicar la aprobación de los proyectos este año?

—Yo creo que no. Las diferencias de crecimiento serán pequeñas. Lo más probable es que en 2018 hayamos crecido 4% y esperamos 3,8% para 2019. Cuando se dice que va a haber una desaceleración hay que recordar de dónde venimos. Teníamos una economía que crecía apenas 1,5%. Siempre dijimos que no iba a ser fácil mantener este crecimiento y por eso requerimos de la confianza empresarial y de estas dos reformas fundamentales.

—Los empresarios están impacientes con las reformas.

—Para los empresarios todas las reformas son importantes y las quieren ahora. El apuro no es un buen consejero y tenemos experiencia. Tuvimos un proyecto de reforma tributaria que fue sacado rápidamente y al año tuvo que enviarse otro. Pero tampoco nos podemos eternizar. A estas alturas, cuando hemos ingresado la reforma en agosto, creo que llegó el momento de entrar en tierra derecha. Marzo va a ser importante, espero que en ese mes se vote la idea de legislar del proyecto tributario y del de pensiones.

—¿Es un riesgo para la economía que se demoren estas reformas y que se aplace la votación de la idea de legislar?

—Sí, es un riesgo. Venimos de una economía muy estancada hasta 2018. El riesgo de no aprobar la reforma es que se puede generar una desaceleración que podemos evitar, no se entendería que nos hiciéramos un autogol de esa naturaleza.

—Aparte del escenario interno hay dos riesgos externos patentes, la desaceleración de China y la posible recesión de EE.UU. ¿Qué estrategia tienen para enfrentarlos?

—Primero, seguimos con mucho detalle lo que pasa en la economía global. Segundo, está lo que hacemos por estimular el crecimiento y ordenar las finanzas públicas. Hemos dado un paso muy importante en 2018 para mejorar la posición fiscal, lo que nos da fortaleza para enfrentar periodos más difíciles. Hay un círculo virtuoso, entre más crecemos mejoramos nuestra posición fiscal porque hay más recaudación y una mejor posición fiscal da señales positivas a los inversionistas. Ese círculo muestra lo que estamos haciendo para enfrentar una situación compleja.

Un logro fiscal

Larraín consiguió avanzar en una de las primeras metas que se impuso en su llegada al ministerio: contener el déficit fiscal. Un elemento que admite que ayuda a recuperar la clasificación de riesgo que el país perdió en 2017. “Ayuda, pero es una carrera a largo plazo”, advierte.

—Hay factores que facilitaron la disminución del déficit en 2018, como la venta de SQM y el alto crecimiento. ¿Como se espera cumplir la meta en 2019?

—Hay dos elementos que nos ayudaron: la contención de gasto que alcanza aproximadamente US$1.100 millones para 2018 y mayores ingresos relacionados con más crecimiento económico, con un mejor precio del cobre y con la operación puntual de SQM. Para 2019 no hemos alterado nuestro compromiso por tener un ingreso extraordinario, pero lo que sí hemos hecho responsablemente es ahorrar virtualmente todo el ingreso extraordinario. Sin ese ingreso también habríamos cumplido las proyecciones.

—Se logró apretar el cinturón, pero también hubo mayores ingresos, ¿qué rol tuvo la reforma tributaria de 2014?

—El efecto fundamental no viene de la reforma tributaria. El IVA fue el ingreso que más subió y la reforma solo afectó el impuesto a la renta. El aumento del impuesto a la renta se explica, más que por la reforma, por el precio del cobre y el crecimiento económico. Algún efecto tiene la reforma, pero es bastante menor.

“Si hay elementos de progresividad estamos disponibles”

Tanto la oposición, como el ministro Larraín, dicen que en las mesas técnicas que se están reuniendo esta semana no se están discutiendo los detalles de la reforma, sino que los principios del proyecto.

—Hablando de principios, una de las principales críticas es que reintegrar beneficiaría a las personas más ricas.

—Los números hay que hacerlos bien. De los US$800 millones que cuesta la integración, del orden de US$300 millones son por inversionistas extranjeros. Ese dinero se iba a dejar de recibir, de todas formas, por tratados de doble tributación que se están haciendo. Y la diferencia actual beneficia a los inversionistas extranjeros sobre los nacionales. Si se restan esos US$300 millones de las empresas extranjeras quedan US$500 millones de los cuales hay que sacar a los tramos exentos y más bajos del Global Complementario. Con eso queda una cifra de poco más de US$200 millones que beneficiaría a las personas que tienen la tasa de 35% (los más ricos). En el fondo hay que ir despostando al animal para entenderlo. Decir que el 1% más rico del país se lleva los US$800 millones es falso.

—Pero, ¿sería progresiva la reforma a pesar de que se están dejando de recaudar US$200 millones por personas de mayores ingresos?

—Si hay algo en lo que hay que centrar la atención probablemente es en ese monto en favor de los grupos de mayores ingresos. Eso es lo que ha sido planteado en el debate.

—¿Qué plantea el gobierno para centrar la atención en esos grupos?

—No es el momento de hablar de instrumentos específicos. Pero sí hay disposición de hacer más progresivo el proyecto.

—Los técnicos de oposición dicen que en una reforma neutra, si se reducen impuestos, hay que crear nuevos...

—No entiendo bien de dónde viene eso. Lo importante es la recaudación. Y se puede recaudar más a partir de impuestos nuevos o impuestos existentes.

—Pero recaudar en menor evasión del IVA no es progresivo...

—Yo supongo que nadie está diciendo que hay que mantener las tasas de evasión. Si se logran reducir las tasas de evasión vamos a tener más recaudación. Lo que hemos mostrado es que con boleta electrónica vamos a reducir la evasión.

—¿Entonces nuevos impuestos están fuera de la discusión?

—Podemos considerar nuevos impuestos, pero lo que no puedo aceptar como principio es que la recaudación a partir de impuestos existentes no vale.

—El diputado Daniel Núñez, que presidirá la Comisión de Hacienda de la Cámara, dijo que si el gobierno no cede se arriesga a que se rechace la idea de legislar.

—En una negociación todos tienen que mostrar flexibilidad, no solo el gobierno. Esto no es un gallito. Estamos tratando de ponernos de acuerdo en principios, y a partir de eso aprobar la idea de legislar. En progresividad y recaudación estamos de acuerdo.

VOLVER SIGUIENTE