Jueves 31 de Enero de 2019

Y qué pueden aprender las empresas de este fenómeno

¿Por qué los millennials aman a Snowden?

El hombre que reveló cómo EE.UU. vigilaba a sus ciudadanos, es un rockstar para los jóvenes alrededor del mundo. Aunque ellos igual no se despegan de sus teléfonos

Por Simon Kuper

Cuando Edward Snowden accedió a hablar en la Universidad Paris 1 Panthéon-Sorbonne a través de un enlace de video desde Moscú el mes pasado, los estudiantes reservaron los 500 lugares en el anfiteatro en tres minutos. Había 7 mil personas en la lista de espera. “Nunca habíamos visto eso antes”, dice Patrick Weil, un politólogo francés que forma parte del equipo legal de Snowden.

Yo asistí como periodista. En el instante en que apareció la cara de Snowden en la pantalla el salón estalló en aplausos y silbidos. Había multitudes reunidas afuera de la puerta.

En 2013, como un contratista de 29 años en la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. (NSA), Snowden reveló el alcance de la vigilancia masiva de su gobierno. Huyó al extranjero y terminó en Moscú. Desde entonces, a pesar de no figurar en las noticias, se ha convertido en un héroe, especialmente para los jóvenes. Tiene 3,9 millones de seguidores en Twitter. Un 80% de los franceses, alemanes e italianos lo evalúan positivamente, al igual que la mayoría de los estadounidenses menores de 35 años, según un estudio de la ACLU. Es la cuarta persona más popular entre los millennials británicos, después de Michelle Obama, el Papa Francisco y Malala Yousafzai, según YouGov.

Culto a Snowden

Snowden tiene el estilo de una estrella: un elegante peinado rubio, una barba fina, una fluidez total y experticia en tecnología de alto nivel. También por la historia de su martirio: exiliado después de sacrificar su bienestar por la causa de la verdad. Si no hubiera huido, le recuerda a la audiencia: “Me hubieran impuesto una de las sentencias más largas en la historia de la justicia”.

De manera reveladora, los ocho héroes favoritos entre los millennials británicos, medidos por YouGov, incluyen a otras dos personas que divulgaron secretos oficiales: Julian Assange, de WikiLeaks, y el ex soldado de EE.UU. que se convirtió en denunciante, Chelsea Manning. Al igual que Snowden, atraen a una generación que ha pasado su vida bajo la vigilancia tecnológica de gobiernos, empresas e incluso sus padres. Anne Longfield, la comisionada para niños de Inglaterra, ha calculado que para cuando el niño promedio tenga 18 años, habrán aparecido en línea 70 mil publicaciones sobre ellos, comenzando con imágenes de ultrasonido desde el útero.

Actualmente es común que los estudiantes universitarios sean rastreados electrónicamente por sus padres, quienes a menudo pueden acceder en línea a los mensajes y actividades de sus hijos, señala el autor estadounidense Dave Eggers. Hace una generación, dice Snowden, se necesitaban equipos de personas para establecer la ubicación de una persona; ahora, un solo oficial puede rastrear a “un gran número de personas”. Snowden concluye: “Las instituciones nunca han sido más poderosas en la historia de la humanidad”. Los millennials temen a estas instituciones de vigilancia, pero también las consideran como empleadores atractivos. Después de todo, la vigilancia parece ser lo que los gobiernos y las empresas hacen mejor. Snowden encarna esta ambivalencia de los millennials . Antes de revelar información y huir, repetidamente tomó puestos de trabajo con instituciones poderosas: el Ejército estadounidense durante la guerra de Irak, la CIA, la NSA.

Ética millennial

Los estudiantes del auditorio enfrentan opciones profesionales similares. Durante el turno de preguntas, una mujer cursando una maestría en “regulación de nuevas tecnologías” le dice a Snowden que tanto ella como sus compañeros siguen “recibiendo atractivas ofertas de compañías como Google y Facebook”. La paga y el desafío intelectual son seductores. ¿Qué deberían hacer?

En la pantalla, Snowden asiente con simpatía. Él dice que luchó con la misma pregunta: “¿Es mejor estar fuera de la organización, sin ningún poder para cambiarla, o tratar de reformarla desde dentro?”. Pero advierte que “a veces las instituciones tienen mayor habilidad para reformar a las personas que contratan, que la habilidad de las personas que contratan para reformar las instituciones. Éste fue el caso en la CIA, este fue el caso en la NSA, en Google, en Facebook”.

Snowden continúa: “Si encuentras algo que te parece mal, huele mal, se ve mal y estás esperando que alguien haga algo al respecto, quiero que recuerdes: eres la persona que estás esperando. Si yo tuviera la oportunidad de hacerlo de nuevo, lo volvería a hacer, y lo haría antes. No salvé el mundo, pero lo mejoré”.

Para Malcolm Harris, autor del libro Kids These Days , la decisión de Snowden de “hacer algo” lo convierte en el ejemplo de un empleado millennial : eligió sus valores personales por sobre a su empleador. Y, como símbolo de una generación escasa de poder en el lugar de trabajo, usó la herramienta típica del empleado sin poder: filtrar información.

Snowden deja a su público con un último pensamiento: “Cuando mi familia viene a visitarme, siempre me dicen: ‘mantente seguro'. Yo les respondo ‘manténganse libres'”. Los estudiantes estallaron en euforia. Pero mientras bajan las escaleras casi todos han sacado un teléfono inteligente.

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