Jueves 6 de Diciembre de 2018

Representación y autonomía

“La capacidad de los mapuches de generar una representación eficiente será por sí misma un avance en la conquista de su autonomía”.

Fernando Balcells

Asumamos por un momento que la sociedad chilena, la opinión pública y el Estado, están dispuestos a examinar las demandas mapuches en los términos que ellos las plantean. Esto significa dejar de lado nuestros prejuicios más cómodos; que no existe tal cosa como etnias originarias sino que todos somos iguales, mestizos y chilenos. Que aquello que se nos presenta como “pueblo mapuche” es un conjunto de grupos oportunistas, que han inventado una identidad que encubre su flojera para conseguir prebendas del Estado. Que esta identidad ficticia busca producir los mártires que sustentarán su posición radical en el tiempo. La lista es larga. La política que emana de esta convicción es que es cuestión de mantenerse firmes y esperar que la moda se desvanezca.

La firmeza y la espera, sin embargo, no han funcionado hasta ahora. Siempre tenemos abierta la posibilidad de regresar a la pureza del Estado terrorista, eliminando de raíz este inconveniente. En cambio, y gracias al sesgo del actual Gobierno, podemos permitirnos una aventura respetuosa y dialogante. Una que deje atrás la idea de que los chilenos tenemos derecho a imponer nuestra racionalidad por sobre la de ellos. Aunque creamos que los sometemos en el interés de ellos, para salvarlos y liberarlos de la pobreza, parece mejor sentarse a conversar antes de suponer que ellos se entregan a nosotros sin más escándalo.

Asumamos, entonces, que escucharemos lo que los mapuches tengan que decir. He leído que una reciente asamblea de lonkos en Ercilla exigió el retiro de las fuerzas paramilitares de La Araucanía. Pidieron también autonomía territorial —por sobre el interés en un reconocimiento constitucional— y un porcentaje mayor de las tierras usurpadas desde fines del siglo XIX. Todo pasa por las definiciones de esa autonomía.

La dificultad radica en que no sabemos qué demandas tendrán los mapuches de Temuco, los lafquenches y los pehuenches. No sabemos si las políticas instituidas con los atacameños y los rapanuís, en materia de administración territorial, podrían ser aplicables en el «Wallmapu». Una nación múltiple, en formación, en proceso de cambio permanente desde la Conquista; han pasado de la recolección a la ganadería, de un cierto nomadismo a asentamientos obligatorios en reducciones y en comunidades aun más pequeñas; de la ganadería a la agricultura y la industria. En su diversidad tienen diferentes modos de ocupar el territorio y de cerrarlo, abriéndolo a su propia cultura.

En el orden de los problemas, los mapuches tienen que decidir si quieren y pueden presentarse como un pueblo homogéneo, o como un conjunto de pueblos que tienen diferencias de identidad dentro de su unidad. Como sabemos, el diálogo sólo puede mantenerse con un interlocutor fortalecido como entidad representativa. Su capacidad de generar una representación eficiente será por sí misma un avance en la conquista de su autonomía.

Seguridad y cohesión social

Marcelo Sánchez

Fundación San Carlos de Maipo

Una buena noticia, que esperamos se transforme en tendencia, ha dado a conocer la Fundación Paz Ciudadana con su Índice de Victimización, que disminuye de manera estadísticamente significativa (de 39,5% en 2017 a un 36,4% en 2018). También cae la victimización en hogares de grupos socioeconómicos altos en casi 10 puntos, pero aumenta en los segmentos bajos (33,3% a 37,5%). Otra variación relevante es el aumento en las denuncias: de 55,1% a 61,2%. El porcentaje de personas que afirman haberse puesto de acuerdo con sus vecinos para ayudarse para evitar ser víctimas de la delincuencia aumenta de 57,4% a 62,8%.

Junto a la disminución del temor y una mejor evaluación de las policías, el rol preventivo de la comunidad está instalándose gradualmente en la lógica de la seguridad pública. La evidencia internacional demuestra que los modelos de intervención comunitaria son efectivos para disminuir conductas problemáticas. Tal es el caso de “Comunidades que se Cuidan”, creado hace casi 30 años por la Universidad de Washington, y que desde 2014 implementa la Fundación San Carlos de Maipo en San José de Maipo, Quilicura, Lo Espejo y, recientemente, Peñalolén. El sistema, que aborda los factores de riesgo y protectores que retrasan o impiden el desarrollo de conductas problemáticas en niños y jóvenes, involucra a la comunidad para implementar un plan de acción en base a estrategias y programas con evidencia, preventivos y universales, con enfoque de salud pública.

Estudios dan cuenta de que este modelo reduce, a los tres años de aplicado, en más de un 30% el consumo del alcohol y drogas, y un 25% de reducción al inicio de trayectorias delictivas. Además permite que cada dólar invertido le ahorre al Estado cinco dólares por menor gasto en salud y sistema penitenciario.

Hay otras experiencias, como el Sistema Lazos, de la Subsecretaría de Prevención del Delito, que aportan en esta lógica. Pero aún falta mucho. Uno de cada tres hogares es víctima de un delito, y ello está aumentando en sectores más pobres. Las condiciones de exclusión social no son ajenas a la victimización: la falta de cohesión es una de las razones que impide la creación de factores protectores y preventivos. Es importante que el Estado promueva la instalación de sistemas preventivos integrales basados en la evidencia para distintos niveles de riesgo, con una oferta de calidad y completa a nivel local.

Volver al humanismo

“Cabe preguntarse cómo salimos de este vacío existencial, político e ideológico. A mi juicio existe una alternativa”.

Se va 2018. Un año protagonizado por Donald Trump, el gobernante más poderoso del mundo pero que actúa como líder de país bananero. Un año que termina con las masivas protestas en Francia contra el modelo neoliberal, empeñado en subsistir elevando los costos de vida. Un año que se inició con la guerra comercial entre Estados Unidos y China, impulsada por el proteccionismo y el nacionalismo de Trump. ¿Quién habría pensado que Estados Unidos se uniría al proteccionismo de izquierda contra el mercado libre, o que EE.UU. y Europa serían invadidos por olas de emigrantes provenientes de los países que ellos mismos sometieron en el pasado? También este año presenciamos al planeta sufriendo incendios y desastres naturales de proporciones apocalípticas. Aún así, Trump continúa desconociendo que el cambio climático es el mayor peligro que enfrenta el mundo.

En cuanto a Chile, es el año en que el feminismo se alzó para terminar con una práctica milenaria: el abuso sexual en el ámbito laboral. El año en que se destaparon dos fraudes gigantescos en Carabineros y en el Ejército, una práctica que suponíamos había finalizado con el retorno a la democracia. El año en que la credibilidad de la Iglesia Católica y su jerarquía se desplomaron por el encubrimiento de los abusos sexuales contra menores.

El ciudadano común se siente desprotegido y engañado en este mundo caótico, en el que la Iglesia perdió su autoridad moral; en el que la política y los conglomerados económicos están desprestigiados; en el que no existe confianza en las instituciones del Estado, y en el que la democracia liberal se encuentra asediada por el populismo autoritario. Cabe preguntarse cómo salimos de este vacío existencial, político e ideológico. A mi juicio existe una alternativa: volver a rescatar los principios del humanismo, en su tradición liberal, socialista y cristiana.

En el cristianismo encontramos valores esenciales para la convivencia humana, como el amor al prójimo, el perdón, la solidaridad con los desposeídos y la comunión con Dios para quienes encuentran en la fe el camino a la salvación. En cuanto al humanismo socialista, basta seguir el ejemplo de los países nórdicos, donde el estado benefactor y la justicia social les han permitido situarse como los más igualitarios, desarrollados y felices del mundo. En cuanto al liberalismo, rescatar la libertad individual para decidir por uno mismo, impidiendo así que el Estado piense y resuelva por nosotros. Ocupar el libre albedrío para alcanzar la felicidad; darle un sentido trascendente a la vida, mas allá de los valores materialistas y mundanos, y, sobre todo, ocupar la democracia liberal para asegurar el pluralismo y el respeto a los derechos humanos. Las tres tradiciones combinadas son una fuerza imbatible.

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