Jueves 13 de Septiembre de 2018

Historias de 1973

“Al final (…)

una conciencia

de exceso y de suficiencia empezaba a imponerse en el gobierno de la UP”.

Fernando Balcells

Pocos meses antes del golpe hubo un Congreso de Trabajadores de la CORA (Corporación de la Reforma Agraria). Fueron dos días de debates intensos, llenos de incertidumbres pero descargados de odios, sobre la reforma agraria y el curso que debía tomar en adelante. Es probable que la representación sindical se dividiera en un 50% para la UP, 40% para la DC y el resto para una derecha sin rostro político definido. Nadie discutía la necesidad de la reforma agraria pero sí se debatía la pertinencia de seguir expropiando por debajo de las 80 hectáreas de riego básico. Se discutía también, con ansiedad, la organización jurídica de las tierras expropiadas.

En los meses anteriores me había correspondido participar en el diseño de los nuevos Centros de Reforma Agraria (CERA) y pude afirmar con énfasis, y sin ser desmentido, que el gobierno descartaría a la vez las granjas estatales y la división de los latifundios en minifundios individuales. La afirmación de que se avanzaría hacia formas eficientes y participativas de gestión cooperativa generó la posibilidad de un acuerdo amplio. Habíamos iniciado el congreso desde una polarización radical y al final del segundo día trabajábamos en redactar una declaración común, llamando a continuar la reforma dentro del marco de la ley. Un sector del Partido Socialista se negó a aprobar la parte del texto en el que se afirmaba la necesidad de respetar la ley vigente. A pesar de que el acuerdo dejaba abierta la posibilidad de reformar la ley, a ese grupo le pareció que el reconocimiento a la ley ataba las manos del gobierno y equivalía a la transacción de un retroceso. Deben haber sido tres o cuatro dirigentes empecinados y obtusos en medio de más de 300 trabajadores. El acuerdo no se firmó para evitar hacer visible la ruptura en la UP y siempre me sentí responsable de esa vacilación.

En esos momentos el aspecto expropiatorio de la reforma agraria estaba terminando y la mayoría pensaba que era tiempo de concentrarse en hacer funcionar los asentamientos y cooperativas con mayor eficiencia. La indecisión entre el ímpetu revolucionario y el deber administrativo, entre el compromiso reformista y el imperativo de hacer política, fueron los ejes de la corrosión interna del gobierno de la UP.

A mediados del 73 y después de varios años de reforma, se habían creado condiciones de mayor justicia en el campo y la ofensiva contra el latifundio se encontraba con personas, familias, identidades y trayectorias respetables. Al final de su recorrido, una conciencia de exceso y de suficiencia empezaba a imponerse en el gobierno de la UP. El tobogán en el que fuimos entrando de a poco después de las elecciones de marzo del 73 terminó de instalarse en julio, liquidando toda evolución racional y amable.

En la última reunión a la que asistí, un par de días antes del golpe, alguien se despidió como Romeo, anticipando la nostalgia de la democracia: “Adiós, adiós, es tan dulce el dolor de la despedida que lo repetiría toda la noche”. Ese romanticismo propio de los niños que juegan con espadas de palo, se hizo añicos tres días después.

Alfredo Joignant

Los intelectuales públicos

La crisis actual de la esfera pública occidental así como la erosión del apego a las fundaciones de la democracia y la incertidumbre que embarga al futuro del capitalismo (un argumento que hay que tomar en serio si se lee a Streeck) tienen conexiones directas con la crisis financiera de 2008. En este período se hicieron patentes fenómenos inesperados: el Brexit, la elección de Trump, el auge de la extrema derecha europea y la expansión del populismo, un conjunto de fenómenos que no conforman una amalgama, pero que sí se inscriben en una trama.

Algo importante ocurrió en el perímetro de la crisis del 2008: cambiaron profundamente las coordenadas del debate público, transitando desde una reflexión sobre el orden mundial y el tipo de conflictos que emergen del atentado a las Torres Gemelas (2001) a una controversia sobre la naturaleza del capitalismo y sus efectos en la democracia.

Junto a este cambio también variaron los modos de intervención de los intelectuales públicos, utilizando diversos medios y soportes, gracias al auge de la comunicación digital. Es debido a la tecnología y la mundialización de la cultura que es posible hablar de intelectuales públicos globales que publican en los principales medios de comunicación de los países centrales, cuya producción circula horizontalmente (mediante reprints) entre naciones desarrolladas y verticalmente hacia los países del sur (a través de traducciones). Es en calidad de país receptor de estos debates que Chile constituye un caso interesante: no porque los intelectuales públicos locales sean meros imitadores de lo que se debate en el norte global, sino porque adaptan las categorías de la discusión a las particularidades de la controversia chilena. Es inútil decir que lo que los intelectuales públicos chilenos producen originalmente tiene escasas posibilidades de escalar hacia los países de norte.

No tenemos conciencia de la calidad creciente de nuestra esfera pública, precisamente porque los intelectuales chilenos tienen poder de incidencia en ella: basta detenerse en Raúl Zurita y su capacidad de arrastre del mundo de la cultura (y de un ministro) para convencerse. Sin embargo, lo que tampoco vemos es un efecto perverso: la elitización de la esfera pública, en la que convergen productores y públicos que poco y nada tienen que ver con el individuo de a pie.

Mujeres y elecciones

“Sabemos que

los candidatos hombres reciben cerca del doble

del financiamiento que las candidatas mujeres”.

Estados Unidos está entrando en una etapa crucial en lo político. Programadas para noviembre, las llamadas elecciones “de medio tiempo” elegirán a la mitad de los miembros del Senado y la totalidad del Congreso federal. Tradicionalmente, estos comicios sirven para medir la popularidad de un Presidente y anticipan sus probabilidades de reelección en dos años más. Pero este año tendrán un atractivo adicional: Dado el número de mujeres en las papeletas, el rol del género en la política estadounidense y, en consecuencia, en la política a nivel mundial serán temas de discusión.

Con un Presidente que, entre otras declaraciones pintorescas y cuestionables, ha sido grabado comentando su inclinación por agarrar a las mujeres por su “parte íntima”, la respuesta resonante parece ser una avalancha de mujeres ahora intentando agarrar al público a través de su voto.

Según Rutgers University y su «Center for American Women and Politics», 601 mujeres candidatas están buscando puestos a nivel nacional (Cámara baja, Senado y gobernaciones). Actualmente, las mujeres en EE.UU. representan 21% de las posiciones federales. En contraste, Chile supera levemente este número, llegando a 23% gracias a la implementación de la Ley de Cuotas.

Por el lado de la Cámara de los representantes, se elegirán 435 posiciones y, del total de candidatos, 214 son mujeres. El rechazo al personaje y políticas de Trump han energizado esta elección y existe una posibilidad real de que se duplique el número de mujeres en la Cámara de representantes desde las 84 que sirven actualmente. En el Senado, el escenario es similar: de los 35 puestos disponibles, 20 tienen una candidata mujer.

Si bien el aumento en el número de mujeres candidatas es un paso positivo, existen múltiples barreras estructurales que atentan contra la competitividad de sus candidaturas.

A través del proyecto la «Lupa Electoral» de Espacio Público, sabemos que los candidatos hombres reciben cerca del doble del financiamiento que las candidatas mujeres. Este patrón era hasta hace poco muy similar en EE.UU., pero en esta campaña se ha invertido. El cambio no ha sido por un aumento de las donaciones electorales de hombres, sino por la llegada de mujeres donando a sus candidatas. Según el «Center for Responsible Politics» de EE.UU., en el último ciclo electoral las donaciones de mujeres representaban el 22% del total. En este ciclo han subido a 31%.

¿Cuál será el efecto de esta elección? Lo descubriremos el 4 de noviembre, día en el que veremos el futuro de la presidencia de Trump y las implicaciones de una nueva ola de candidatas apostando su tiempo y, en muchos casos, su billetera.

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