Viernes 7 de Septiembre de 2018

Pablo Palma, capellán de La Moneda

“Ni en sueños ni en pesadillas pensé en esto. No tengo ni contactos”

Es, desde el regreso de la democracia, el primer cura que llega a palacio tras pasar 19 años ejerciendo entre La Bandera y Lo Hermida.

Por Marjory Miranda

Le voy a sacar el jugo a Cecilia Morel. Ella puede tener mucha información sobre los adultos mayores, pero el terreno te ayuda a tomar mejores decisiones”.

A las 18:45 del lunes 13 de agosto, el padre Pablo Palma Mora (53), párroco de Jesús Servidor de Lo Hermida, Peñalolén (lugar donde vive), contestó su celular. Lo citaban a una reunión con el ministro de la Segpres, Gonzalo Blumel. “Pensé: ‘¡Qué raro, me están agarrando para el leseo!'. Pregunté si estaban seguros que era yo el solicitado y me respondieron que sí. Intuí que era por el tema del adulto mayor, que es mi fuerte. El día del encuentro, el ministro me dice que buscaba capellán para La Moneda. ¡Quedé plop!”, recuerda.

Hasta ese día, Palma no conocía La Moneda. “Me perdí cuando entré. Y si me preguntas cómo recibí este nombramiento, la firme: ni en sueños ni en pesadillas pensé en esto, porque no tengo ni contactos. Mis 19 años de cura los he vivido en poblaciones, primero en La Bandera y desde 2013 en Lo Hermida”, cuenta.

Hoy ofició su primera misa como capellán. Su próxima tarea será encabezar, el martes 11 en La Moneda junto a los representantes de la Iglesia Evangélica y del judaísmo, la conmemoración eclesiástica de los 45 años del golpe militar. “La intención es orar por la unidad del país. No nací cura y como ciudadano tengo que pensar qué he dejado de hacer para esclarecer la verdad en el tema de los derechos humanos para que la justicia se aplique y nos miremos a la cara. Se me corta la leche, y perdona la expresión, cuando veo que se agarran por el moño y no transan. ¡Y los políticos dan harto material para eso!”.

—¿Cómo vive el 11 Lo Hermida?

—En la población la gente está preocupada del acto en el colegio de sus niños. De esta calle para abajo, algunos hacen fogatas para quemar cachureos y a veces ha quedado la escoba. Pero el año pasado estuvo piola, no cortaron la luz ni nada. En La Bandera también era parecido. Creo que la televisión y los medios tienen que hacer su mea culpa porque magnifican los hechos. Sé que es su pega ir donde se sabe que habrá conflicto, pero hay muchos lados donde se hace una velatón o hay momentos de oración y eso no se muestra.

La gente, dice, se cansa de estas cosas. “Ya todos saben que el martes a cierta hora las micros no van a entrar a algunas poblaciones... ¡y no! ¡si estamos en el siglo XXI! Se ponen a romper cosas en otros lados y obvio que genera molestia, porque es la vecina la que al otro día va a estar en el paradero quemado esperando micro”.

“No había para echar a la olla”

Su nombre llegó a Blumel a través de varias personas que conocían su trabajo social, entre ellos el diputado PPD Tucapel Jiménez. Es, desde el regreso de la democracia, el primer capellán de La Moneda que ha ejercido su ministerio solo en poblaciones.

Contador egresado del Liceo Comercial San José de Maipú (que ya no existe), trabajó por cinco años en una empresa. A los 25 años dejó su puesto e ingresó al seminario diocesano en Santiago.

Cuenta que viene de una familia humilde de Maipú. “Fui más pobre que las ratas. Toda la básica y media almorcé en el colegio, o donde vecinos porque no había para echarle a la olla. Nos criaron a los cinco hermanos súper austeros”.

Su primer destino como cura fue en La Bandera, San Ramón, en 1999: creó un centro comunitario y se enfocó en los ancianos, tal como lo hace hoy en Lo Hermida, donde administra un centro abierto que da desayuno, almuerzo y once.

—¿Por qué eligió enfocarse en el adulto mayor?

—Porque la realidad de la mayoría es de pobreza y abandono. Uno conoce experiencias desgarradoras y aún así hay personas que se aprovechan de ellos. Cuando veo eso, soy de pluma parada.

Explica que, aunque aún no conoce a la primera dama Cecilia Morel, va aprovechar su ingreso a La Moneda para intercambiar ideas, considerando que ella ha planteado un programa destinado a la tercera edad: “Le voy a sacar el jugo y a la vez me pongo a su disposición. Ella puede tener mucha información sobre la realidad de los adultos mayores, pero el terreno te ayuda a tomar mejores decisiones”.

Ese terreno al que se refiere lo vive a diario. Cuando en 2013 llegó a Lo Hermida, destinó parte del patio de la parroquia para instalar mediaguas donde viven seis ancianos. “Armamos dormitorios filetes, lo mejor para ellos”, explica.

—En julio se conoció el caso de un posible suicidio de una pareja de ancianos en Independencia. ¿Conversa esos temas con sus abuelos?

—Sí. He escuchado mucho la frase: ‘estoy aburrido de la vida'. Es fuerte. Uno trata de tirarlos para arriba, porque acá uno es pastor, psicólogo y cuenta chistes. Entiendo que tal vez un hijo u otro familiar no tenga lugar ni tiempo para atender a un abuelito, pero tenemos que ver qué es lo que no estamos haciendo bien. Ellos están ahí, golpeando la puerta hace rato. Por eso tenemos que adelantarnos y saber observar, salir a la calle, escuchar y dialogar.

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