Lunes 20 de Agosto de 2018

El laberinto del silencio

“Chile ha vivido una especie de pacto de silencio, en el que sólo los familiares de las víctimas se han mantenido atentos”.

Luis Cordero Vega

En 2015 se estrenó la película el “Laberinto del silencio”, de Giulio Ricciarelli, cuyo tema central es la investigación de los crímenes de la Alemania nazi en Auschwitz. Casi veinte años después del fin de la guerra, con los autores de esos delitos libres —personas normales que cumplían órdenes, se afirmaba—, con un país que deseaba olvidar y que buscaba disfrutar el milagro económico que vivía. Durante esos años, muchos alemanes participaron de una verdadera “conspiración” del silencio, gracias a la cual evitaban revivir un pasado doloroso, por el cual los hijos sabrían que sus padres pudieron ser autores o cómplices de crímenes atroces. La película, que irónicamente tuvo poco impacto en nuestro país, se basa en hechos reales que dieron origen a los denominados juicios de Frankfurt entre 1963-1965, la primera vez que autores de crímenes de guerra fueron juzgados en su país.

Chile ha vivido durante largos años una especie de pacto de silencio, en el que sólo los familiares de las víctimas se han mantenido atentos. A pesar de las largas investigaciones judiciales —muchas de ellas tienen casi tres décadas— mantienen la legítima demanda de saber que ocurrió con sus familiares a manos de funcionarios del Estado y evitar así la impunidad.

Por eso resulta tan violento que la semana pasada, tras conocerse las declaraciones de Mauricio Rojas sobre el supuesto “montaje” que significa el Museo de la Memoria, y su posterior renuncia como ministro de las Culturas, un sector de la derecha afirme que, a pesar de que condena esos crímenes, es relevante el contexto para entender la violencia política en Chile. Esta respuesta repudia la conciencia y la razón. Condenar, pero resaltar el contexto, se parece demasiado a justificar o atenuar responsabilidades.

Este conflicto representa el peor de los fantasmas para la derecha y el Gobierno, porque no basta con sostener su compromiso con los derechos humanos. En la política actual sería un suicidio decir algo distinto, y de ahí que esa afirmación sea simplemente retórica. La pregunta genuinamente correcta es si están dispuestos a romper con esa conspiración del silencio, de enfrentar la historia de una vez y asumir que sus acciones u omisiones en dictadura fueron parte importante de la justificación que ésta les otorgó a sus crímenes, como un costo necesario para el pretendido progreso material de una nación.

Y es que, a pesar de que algunos de los autores de esos delitos han sido condenados en una difícil transición, aún no sabemos el paradero de muchas de las víctimas. Mientras eso no suceda, esta historia seguirá presente entre nosotros, el museo será una institución indispensable y nuestra democracia no podrá aceptar que esto sea parte del pasado.

Santiago Correa S.

Otra forma de dosificación

Cuando le preguntaron si debió alinear, o al menos citar, a Valdivia, Carmona y Paredes, el entrenador de Colo Colo, Héctor Tapia, contestó furibundo que si alguno de ellos hubiese sido amonestado, él habría sido blanco de las críticas por tomar la decisión contraria.

Es cierto que si se llega a fechas decisivas en los planos nacional e internacional, habrá palos porque sí o porque no, pero la presión con la que enfrenta estos partidos responde en parte a una falta de planificación más global de la temporada. Los defensores del DT estimarán que esta es una columna del lunes, de las que se escriben con el resultado en la mano. Pero el punto de que la rotación debiese ser una política sistemática y que se sostenga a lo largo de toda la temporada se sostiene aún si Colo Colo goleaba en Calama.

Colo Colo llegó a la semana más crucial en lo que va del año (y por qué no, de la década) con su columna vertebral cansada y cargada de amarillas, por lo que debió (por obligación o convicción) reemplazar a cinco de sus titulares, mermando así el rendimiento colectivo. Pero qué ocurriría si se decidiera hacer pequeños cambios todas las fechas y así, sin necesidad de dar explicaciones a nadie, contra San Luis jugaban Carmona y Suazo, en vez de Carmona y Baeza, o en un partido en el papel abordable, dejar a Paredes en el banco y hacer jugar a Morales.

Así, el perjuicio al funcionamiento colectivo, además de ser mínimo, se podría corregir poniendo al titular que se dejó en la banca. Por otra parte, los que hacen el peso de la campaña estarían más frescos y con menos amonestaciones en las instancias finales. Por último, si esto no diera resultado y se llegara a un partido como el de Iquique debiendo guardar a cinco titulares, se puede recurrir a jugadores que, si bien de segunda línea, saben que están teniendo oportunidades, que se encuentran con el rodaje y la confianza para suplir a sus compañeros en cualquier minuto, evitando tener que descongelar jugadores para sostener el partido. Algunos dirán que Colo Colo no tiene suficiente plantel para desarrollar tal política, pero jugadores como Cortés, Véjar, Campos o los ya mencionados Suazo y Morales han dado muestras de suficiencia en procesos anteriores y perfectamente se puede recurrir a ellos.

Cómo financiar empresas públicas

“La lógica que se aplica a una empresa normal parece mitigarse cuando la empresa tiene garantías implícitas del fisco”.

Hace unos días, el Gobierno aprobó una millonaria capitalización de la petrolera Enap, por 400 millones de dólares. Unas cuantas semanas atrás, también a Codelco le anunciaron mil millones de dólares en inyección de capital. Si bien hay inercia del gobierno anterior, valoro que la administración actual evite financiar a dichas empresas con demasiada deuda corporativa y lo haga a través de capital público, aunque esto implique más deuda soberana.

A inicios de la década —en la primera administración Piñera— se prefirió que las empresas estatales emitieran más deuda “propia”. La idea no se ve mal desde lejos. Con criterio empresarial, uno podría haber pensado que los inversionistas, antes de comprar un bono de Enap o Codelco, revisarían bien a la empresa antes de prestarle. Y si el mercado creyera que la empresa no tiene mucho futuro, entonces le prestaría poca plata y a una tasa de interés cara. Esa señal ayudaría a que la empresa se discipline a todo nivel, desde la evaluación de los gerentes hasta la negociación con los sindicatos.

Pero la lógica que se aplica a una empresa normal parece mitigarse cuando la empresa tiene garantías implícitas del fisco. Quienes compran un bono de Codelco o de BancoEstado tienen la expectativa de que, si la empresa no puede pagar, entonces Hacienda saldría a rescatar. Esto, porque imaginan que, de lo contrario, podría haber un contagio a otros instrumentos del Gobierno o una pérdida de reputación. Pasa en todo el mundo, siempre que tu gobierno sea solvente.

Con mis colegas Aldo Musacchio y Mauricio Jara medimos que las empresas completamente estatales se endeudan 0,3 a 0,8 puntos porcentuales más barato, a pesar de que muchas de estas empresas tienen más pasivos. El mercado les tolera más deuda, porque en parte asume que la deuda está más bien garantizada. En términos económicos y no contables, parte de esa deuda parece capital. De hecho, las agencias clasificadoras tratan distinto a las ciento por ciento estatales. Por ejemplo, Moody's dijo que Enap tiene cinco escalones extra en su clasificación crediticia, porque el fisco es su dueño.

Lo anterior nos lleva a algunas recomendaciones. Primero es que no es raro que entre el 5% y el 25% de las utilidades de estatales puede venir por esta “deuda barata”. Para evaluarlas habría que restarles ese “seguro implícito”, como lo hace un par de países en el mundo. Lo segundo es no abusar de la deuda corporativa en las empresas del Estado. Si bien es bueno que emitan bonos directamente, para obligarlos a reportar y hacer la empresa más transparente, los últimos 500 millones de deuda corporativa parecen tener poco beneficio y mayor costo. El dueño, que es el Estado, tiene que evaluar muy bien que los proyectos ofrecidos por las empresas sean rentables socialmente. El mercado de bonos no lo hará por nosotros.

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