Martes 3 de Julio de 2018

Falta la cosa pública

“La crisis de la idea de Estado viene a coincidir con un desarraigo del pensamiento tanto a la izquierda como a la derecha”.

En su “Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX”, Mario Góngora señala que las reformas económicas del régimen de Pinochet adoptaron un giro “paradójicamente antiestatal, en una nación formada por el Estado”. Las reformas condujeron a una “crisis de la idea de Estado en Chile: es decir, la de una noción capital para nuestro pueblo, ya que es el Estado el que ha dado forma a nuestra nacionalidad”.

Si el Estado ha sido un factor configurador de ese modo de existencia compartido al que se llama nación o pueblo; más aún, si durante el siglo XX él jugó un papel fundamental como “mediador general entre todos los intereses”; si se reconoce generalmente que ha de ser protector de “las capas miserables de la población”, entonces la crisis de la idea de Estado no puede sino ser origen de una crisis del modo de existencia compartido, de algo así como la forma de ser nacional. La eventual comunidad política vio debilitada, con su crisis, el recurso a un factor decisivo de su estabilización.

Tuvo que aparecer, entonces —y la hipótesis de Góngora se corrobora—, una especie de vacío de sustento, que se ha manifestado como un adelgazamiento del consenso en la base en la nación y una ausencia de criterios a partir de los cuales configurar eficazmente una convivencia compartida. La debilidad del sustento común impide la existencia de un eje de referencia parecido para los distintos sectores, al cual quepa remitirse como símbolo y desde la cual, en una praxis reiterada, pueda emerger un ethos común.

El tipo de economía nacional, que concentra el poder en oligopolios y hace que consumidores y trabajadores, los miembros de las nuevas clases medias, se mantengan atomizados, no ha podido volverse una estructura social aglutinadora, capaz de compensar el vacío de integración.

En el nivel del discurso político, la crisis de la idea de Estado viene a coincidir con un desarraigo del pensamiento tanto a la izquierda como a la derecha. Los diversos sectores políticos tienden a perder referencia a una cosa compartida en concreto, a la “res” de la re-pública, y tienden a articularse en torno a exigencias de bando.

Tras tres décadas de transición democrática, la falta de esos elementos reales y concretos compartidos decanta en una tendencia al vaciamiento del centro y al predominio de discursos antitéticos: por la derecha, los viejos postulados del neoliberalismo impuesto en dictadura: individuo sobre la sociedad, economicismo y despolitización, subsidiariedad negativa (ahora, un gobierno de gestión y “reglamentarista”); por la izquierda, el pensamiento que pretende insólitamente producir la comunidad por la vía de una deliberación pública generalizante, en un gesto abstracto que tiende a trascender los límites de una socialdemocracia comprometida con la república y su trayectoria histórica.

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