Jueves 7 de Junio de 2018

Literatura infantil y juvenil no sexista

“No se trata de enseñarles a las niñas a no ser princesas”

La escritora y académica Claudia Andrade dice que la apuesta es a “mostrar otras formas de ser mujer”.

Por Malú Urzúa

“Elsa (Frozen) no apunta a la realización de la mujer a través del amor de pareja, sino en la liberación de las imposiciones”.

“Peppa Pig muestra una niña empoderada, pero caprichosa, media histérica y poco empática”.

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Buenos ejemplos de lo que sería el tipo ideal de literatura para niños y niñas de hoy, Claudia Andrade las encuentra en los siguientes libros.

“Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes”, de las italianas Elena Favilli y Francesca Cavallo, que a través de la forma de fábulas infantiles muestran la vida de mujeres a lo largo de la historia que se caracterizaron por romper normas.

“La bella Griselda”, de la argentina Marisol Misenta (Isol), que cuenta con ironía historias de una princesa que, literalmente, hacía “perder la cabeza” a cualquier hombre. Las historias revisitan muchísimas ya existentes, creando un relato intertextual que se vale desde de una Cenicienta que hace “equilibrio en zapatitos de cristal” hasta del mito de Narciso.

“Yudochica” , del chileno Felipe Uribe Armijo, una novela lanzada hace pocos días y cuya protagonista es una estudiante que intentará defender a un compañero de un sistema tiránico en que todos los alumnos deben ser de excelencia.

“Eso no me lo quita nadie” , de la brasileña Ana María Machado, que muestra, según la reseña, a una chica que toma conciencia de que sus sentimientos no le pueden ser cambiados y que ciertas decisiones le competen a ella.

Niños protagonistas versus niñas en roles secundarios de hermanas o amigas. Niños en espacios abiertos buscando aventuras versus niñas que se quedan en casa. “Por mucho tiempo, eso es lo que ha pasado en la literatura infantil y juvenil. A los hombres y a las mujeres se les han asignado características distintas, que los ponen en espacios distintos y es en esa realidad donde se construyen y perpetúan los modelos”, dice Claudia Andrade, académica universitaria (Usach y U. de Chile), investigadora y escritora de las novelas juveniles “La espera” (en coautoría con Camila Valenzuela) y “Maleficio: el brujo y su sombra”, ambas editadas en 2016.

—¿Los cuentos maravillosos están obsoletos?

—Los hermanos Grimm se insertan en una época que necesitaba construir una identidad nacional y ellos la buscaron en los relatos populares, con los roles del rey, los súbditos y las mujeres cuyo único espacio para subir socialmente o salir de un hogar donde no eran felices era el matrimonio. Es en ese contexto que se dan obras como La Cenicienta o La Bella Durmiente. El problema actual es que se siguen reproduciendo las mismas historias y colocando a las mujeres en los mismos roles por siglos y siglos, cuando ahora ya no estamos en eso.

—Hay autores que están en otra...

—En la producción literaria actual se ve un interés por acercarse un poco al contexto cotidiano de los niños y las niñas de hoy. Eso ha tomado más fuerza en las novelas juveniles, cuestionando las vulneraciones a los derechos de las niñas en sus espacios íntimos e incluso en lugares públicos. No se ve mucho ese cambio en los libros para niños y niñas más pequeños. Son pocos los escritores, ilustradores y editores que ya han comenzado a decir no a ese modelo tradicional, y no se está muy consciente de que esto tiene que cambiarse.

—¿Qué piensas de Peppa Pig?

Muestra una niña empoderada, pero caprichosa, media histérica y muy poco empática.

Análisis de personajes

A Claudia Andrade no le gustan los libros “anti-princesas”. “Esto no se trata de enseñarles a las niñas a no ser princesas. De hecho, la finalidad de la literatura no es educar. La literatura muestra a través de una ficción, y desde ahí a lo que se puede apostar es a hacer un aporte mostrando otras formas de ser mujer, de ser niña, y no seguir replicando los modelos femeninos. Y tampoco los masculinos: el hombre no tiene que ser el salvador. Hay hombres que también pueden llorar y sufrir, recibir ayuda y no sentirse mal por eso”.

—¿Cuánto de esas otras formas de ser mujer hay en los nuevos productos Disney?

—Disney ha apostado por mostrar otros modelos de princesas. La historia de Frozen, por ejemplo, no apunta a la realización de la mujer a través del amor de pareja, sino que se centra en la liberación de las imposiciones: Elsa se libera de no poder mostrar sus poderes (probablemente su fuerza femenina) y Anna se descubre como una mujer que no necesita un príncipe para ser feliz. Pero otra cosa pasa con Maléfica... En la película “La Bella Durmiente”, de 1959, se presentaba como una mujer independiente, poderosa y temida que al verse ofendida por los reyes intenta arrebatarles a su hija por medio de un funesto encantamiento. En la nueva versión se destruye la autonomía del personaje al develar no solo que las motivaciones de Maléfica tienen su origen en una desilusión amorosa, sino que, para colmo, se redime al transformar ese odio en amor maternal hacia la princesa.

—¿Y los japoneses del estudio Ghibi (El castillo ambulante, La Princesa Mononoke , Me vecino Totoro)?

—Las heroínas ahí son siempre mujeres luchadoras que cuestionan toda normativa que intenta constreñirlas y luchan desde su propia construcción como sujetos femeninos independientes por derechos tanto propios como de otros. En La Princesa Mononoke, dos personajes femeninos muestran, desde sus respectivas luchas, vicisitudes cotidianas que enfrentan las mujeres: San, la búsqueda de un lugar en el mundo y de su propia identidad en tanto humana-loba; y Lady Eboshi, la necesaria empatía por alguien que defiende intereses contrarios a los suyos, en tanto gobernante que busca la prosperidad de su gente, principalmente mujeres y leprosos, a través del desarrollo de la industria, en desmedro del cuidado y respeto por la naturaleza.

—Se supone que las novelas distópicas son muy disruptivas en esto...

—En Divergente y en Los Juegos del Hambre la lucha contra la sociedad totalitaria la dan mujeres, líderes y protagonistas, pero si uno analiza el rol de los compañeros siempre el asunto termina en lo amoroso. Katniss (Juegos del Hambre) después de haber luchado por conquistar la libertad colectiva, no logra romper en lo personal con los lazos patriarcales. En la escena final de ella junto a Peeta, en un espacio natural idílico, el mensaje del patriarcado se refuerza: después de todo lo que ha sufrido y peleado, Katniss prefiere la vida hogareña junto a un hombre. Es, desde mi perspectiva, una dolorosa derrota para la lucha feminista.

Claudia Andrade.

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