Jueves 29 de Marzo de 2018

Cómo justificar rebaja a grandes empresas

Reforma Tributaria: el dolor de cabeza que enfrentará Piñera ante la opinión pública

La oposición se abre a simplificar el sistema, pero anticipa rechazo a recorte de tasas corporativas.

Por Nicolle Peña y Camilo Castellanos

No estamos

disponibles para

reducirle los impuestos

al 10% de empresas más grandes y con más utilidades”.

Giorgio Jackson, diputado RD

Les va a costar más instalar la necesidad de una reforma tributaria ”.

Cristian Valdivieso,

socio de Criteria Research

Tenemos disposición a todo lo que implique simplificar”.

Manuel Monsalve,

diputado PS

Bajar los impuestos a la renta, ni hablar”.

Pablo Lorenzini, diputado DC

Se pondrá a prueba la capacidad del Gobierno de mantener el discurso de los acuerdos”,

Roberto Méndez,

ex presidente de Adimark

La Reforma Tributaria que pretende hacer el Gobierno del Presidente Sebastián Piñera sería la cuarta en seis años. Pero quizás sea la más difícil de sacar adelante. Es que suena complejo convencer a la opinión pública de que la mejor forma de impulsar a la economía del país es bajándole los impuestos a las grandes empresas, lo mismo al buscar los votos que necesita de la oposición en el Congreso para aprobarla.

Esta semana, el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, anunció que la propuesta llegará al Congreso dentro de seis meses. Ahí encontrará una oposición que se abre a simplificar, pero rechaza reducir la carga tributaria de las mayores rentas. Y enfrentará otra dificultad: explicar la necesidad de revertir una reforma emblemática de la administración anterior, que Bachelet justificó porque generaba equidad tributaria y mejor distribución del ingreso. Esto, dicen analistas, podría contradecir el concepto de solidaridad levantado por Piñera como un eje valórico de su gobierno y las señales de estrechez que el Ejecutivo ha transmitido producto del déficit fiscal.

El ex ministro de Hacienda de Bachelet Nicolás Eyzaguirre ya planteó los primeros argumentos para la batalla comunicacional: “Es una rebaja a los súper ricos”, advirtió ayer en una exposición en Chile 21.

Sensación de abuso

El programa de Piñera promete cambios para crear “un sistema tributario más simple y justo”. Allí plantea “reintegrar gradualmente el impuesto a nivel de empresas con los impuestos pagados por las personas” y “hacer converger gradualmente la tasa del impuesto de primera categoría a los niveles promedio de los países de la OCDE”. En enero, Larraín detalló a La Tercera que esto significará una rebaja gradual de dicho gravamen a cerca del 25%.

José Miguel Izquierdo, asesor de la anterior presidencia de Piñera, plantea que este tipo de reformas debe abordarse al inicio del gobierno, para que éste logre “recoger los beneficios de su implementación”. Aunque reconoce que este proyecto podría desatar “alta tensión”.

Pese a eso, Roberto Méndez, ex presidente de Adimark y académico UC, dice que el “espíritu de acuerdos es hasta la fecha el gran éxito del nuevo gobierno. El sector más duro de la oposición busca terminar con ese espíritu lo antes posible. Y una reforma tributaria es una bandera que pone en riesgo ese espíritu. Se pondrá a prueba la capacidad del Gobierno de mantener el discurso de los acuerdos”.

Méndez advierte que “si la discusión se plantea como bajar o subir tasas, es muy malo, pero si se plantea como un perfeccionamiento del sistema, porque hoy es confuso, las personas lo van a entender”. Si el Gobierno logra instalar esa idea, opina, ganará comunicacionalmente.

Cristian Valdivieso, de Criteria Research, alerta sobre el riesgo de que se reabra la “sensación de abuso” que “terminó por quitarle el piso” al primer gobierno de Piñera. “Les va a costar más instalar la necesidad de una reforma tributaria y la oposición va a tener más contenido para iniciar una ofensiva, argumentando que el Gobierno está más cerca de los empresarios que de la ciudadanía”, dice.

Los analistas concuerdan en que el único camino que el Ejecutivo tiene para justificar la reforma, en términos comunicacionales, es defender que aliviará la carga a las pequeñas empresas, reactivará la economía y generará empleo. Sin embargo, reducir la tasa corporativa e integrar el impuesto de primera categoría con el global complementario son dos medidas que beneficiarán a las grandes empresas (ver entrevista a Alejandro Micco).

Natalia González, subdirectora de asuntos jurídicos y legislativos de Libertad y Desarrollo, apunta que, por otro lado, el Gobierno también tiene que actuar para reactivar la economía. “Una cosa son las expectativas y otras las acciones. Se deben adoptar medidas que transformen esas expectativas en una realidad de crecimiento sostenido”, acota.

Oposición y contrarreforma

En la oposición se abren a discutir modificaciones que “simplifiquen” el sistema, pero, en su mayoría, cierran la puerta a una rebaja al impuesto de primera categoría.

“Tenemos disposición a todo lo que implique simplificar el sistema y hacerlo más amigable a los contribuyentes y sobre todo a las pymes. Nos parece un objetivo razonable y estamos absolutamente dispuestos a dialogar y a buscar acuerdos”, plantea el jefe de diputados PS, Manuel Monsalve. Pero aclara que su partido “no está disponible” para una rebaja de tasas ni una integración del sistema que derive en una menor carga tributaria para los tramos de mayores ingresos. “Nada de eso tiene justificación”.

Aquí será clave quién sea el ministro que tome la bandera de esta reforma. Porque no sólo tendrá el desafío técnico de reequilibrar la recaudación tributaria, tarea evidentemente de Hacienda, sino el de ganar el debate público, para el cual podría requerir colaboración. Esto, tomando en cuenta que según Valdivieso, de Criteria Research, la oposición acusará que esto es una contrarreforma.

Gonzalo Cordero, ex miembro del comando de Piñera, considera que la estrategia del Ejecutivo, y más bien del o los ministros encargados, debe seguir en la línea de apostar a los votos de los “sectores razonables” más que a buscar un acuerdo transversal: “Debe defender que es una reforma que simplificará el sistema tributario. No toda la oposición será inflexible”.

De hecho, en el PS, el diputado Marcelo Schilling admite que podría estar dispuesto a discutir una rebaja de tasas —lo que de todos modos considera un “retroceso”— si el Gobierno aclara con qué impuestos compensará la menor recaudación que ello significaría. “Porque, a diferencia del actual oficialismo que cuando fue oposición le negó la sal y el agua a Bachelet, nosotros somos gente buena”, ironiza.

En el PC, según el diputado Daniel Núñez, “no estamos disponibles a una revisión de la reforma que implique rebajarles los impuestos a los grupos económicos”.

“Es razonable plantearse cambios a la reforma tributaria para simplificar el sistema, pero eso no puede tener como consecuencia una menor recaudación. Me gustaría que avancemos en tener un sistema desintegrado”, propone el senador PPD Ricardo Lagos Weber.

Lo mismo plantea el diputado RD Giorgio Jackson: “Es mucho más simple. Las empresas pagan por un lado, personas pagan por otro”.

El diputado DC Pablo Lorenzini, presidente de la Comisión de Hacienda, comparte la necesidad de cambios a favor de las pyme y de simplificar la aplicabilidad de la reforma. Pero al igual que sus ex pares de la Nueva Mayoría, dice que no respaldaría una baja a los impuestos de las empresas.

Coincide con otros expertos tributarios

Pablo Correa minimiza efecto en competitividad

“Necesitamos un sistema tributario proinversión y procrecimiento”, dijo el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, este martes. Así, reafirmó su compromiso de una reforma tributaria que incluye reducir los impuestos a las empresas de 27% a 25%. Una medida que, argumentan desde Hacienda, entregaría mayor competitividad al país. Sin embargo, expertos tributarios no creen que lleve a cambios sustantivos en la competitividad, ya que influyen otros factores. “Simplemente porque cambian dos puntos no va a haber un cambio significativo en la dirección de las inversiones”, dice Pablo Correa, director de Denk Consultores y ex miembro del equipo económico del comando presidencial del propio Piñera.

El impuesto corporativo de Chile, hoy en 27%, está sobre el promedio de 24% de la OCDE, donde es superado por siete de los 35 países y cerca de Nueva Zelandia y Portugal (28%). El académico de la Universidad de Chile José Yáñez explica que ésta no es la única variable que consideran los inversores. “Importan factores económicos, políticos y sociales”, dice Yáñez. Pero, advierte que fuertes diferencias en tributos pueden ser decisivas.

“Para inversionistas extranjeros lo que más importa es la estabilidad y facilidad para hacer sus proyectos. Si no tienes eso, por mucho que tengas la tasa baja, no vas a ser competitivo”, dice Sebastián Guerrero, socio de Guerrero Valle Garcés. Correa agrega que también depende del tipo de inversión: “para inversiones directas, la estabilidad es la principal variable por sobre los impuestos”.

Para Michel Jorratt, ex director del SII, Chile cuenta con “abundantes incentivos a la inversión y midiendo todos los impuestos, tiene una de las menores tasas de la OCDE”. En 2017 fue el quinto país con menos impuestos (35%) si se suma la tasa corporativa con la personal.

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