Lunes 8 de Enero de 2018

Carlos Correa, consultor y académico UDP.

Javier Peralta, coordinador de la visita del Papa.

Queda sólo una semana para el que Papa Francisco llegue a Chile y, según a la encuesta Cadem que se dio a conocer esta mañana, la imagen positiva de la principal autoridad de la Iglesia Católica bajó 19 puntos, desde el 71% registrado en junio de 2017, mes en que se anunció su visita a Chile, al actual 52%.

¿Por qué se produce esta baja? En opinión de Carlos Correa, consultor y académico de la Universidad Diego Portales, “el tema del costo de la visita se convirtió en un incordio para los que están a cargo de las comunicaciones, y también para quienes hacen el enlace con el Gobierno. Finalmente, queda la idea del Gobierno gastando plata innecesariamente”, indica.

El estudio de Cadem asegura que sólo un 16% de los encuestados señala estar de acuerdo con el hecho de que el Estado financie siete mil de los once mil millones de pesos que cuesta este viaje en temas de seguridad y logística, versus un 80% que está en desacuerdo. Sobre este punto, Correa enfatiza que “hay un manejo comunicacional pobre que no instaló lo positivo y dejó más bien que se vean sólo los costos”.

José Antonio López, socio de Extend, sostiene que “en lo global el Papa Francisco tiene una muy buena imagen, por ser latino tenemos una cercanía. Él ha intentado mostrar una iglesia más cercana y austera. Ese discurso de austeridad, obviamente, contrasta con la realidad del financiamiento de su visita”.

La imagen positiva del Pontífice también se vio afectada entre los católicos, retrocediendo de un 83% en junio a un 69% en enero (una caída de 14 puntos). Para explicar este fenómeno, López cree que también es necesario considerar que “el peso de la Iglesia Católica en Chile ha disminuido año a año, ha pasado por múltiples conflictos. Este es un país distinto, no es el Chile de Juan Pablo II, es un Chile más exigente”, agrega.

Sin embargo, desde Cadem, sostienen que este resultado es “sin duda aún muy positivo y anticipa una buena recepción por parte de sus fieles”.

Para Javier Peralta, coordinador de la visita del Papa, es “razonable que haya una duda o incertidumbre, porque aún no hay con qué contrastarlo. Los beneficios son intangibles y se van a mostrar por sí mismos. El legado, en ese sentido, es posterior y no hay forma de adelantarlo”. Agrega que “la evaluación es mejor hacerla después de la visita. No estoy de acuerdo con que haya un problema comunicacional”, afirma.

En desacuerdo con el feriado

Otros de los datos que entregó el estudio señala que el 50% de los chilenos cree que esta visita es “poco o nada importante”. Mientras que sólo un 23% considera que su llegada a Chile es “muy o bastante importante para el país”.

En tanto, un 41% de los entrevistados dice estar de acuerdo con que se haya declarado un feriado especial en Santiago, Temuco e Iquique —las ciudades donde estará el Papa Francisco—, mientras que un 54% no apoya la medida señalada.

Carlos Correa cree que “los feriados significan costos para la economía y para el país que no son menores. En el caso de Santiago es un feriado un día martes, lo que significa que el día lunes queda bastante inutilizado”.

Pese a los resultados, los expertos creen que la visita terminará siendo aplaudida por la mayoría de los chilenos. “Es súper importante destacar que los lugares van a estar llenos de gente, la visita igual va a ser exitosa desde el punto de vista de la asistencia y de la agenda. Es un líder mundial y espiritual, la gente va a llegar a la calle igual”, prevé José Antonio López.

Correa por otro lado, advierte que “el temor es que haya indiferencia (con su visita). Aún hay entradas para todos los eventos del Papa”, asegura.

Un 98% de los consultados dijo tener conocimiento de la llegada de Francisco al país, 19 puntos más en comparación al mes de junio, mes en que se anunció su viaje.

Periodista y teóloga, Carolina del Río:

“Francisco nos ha incomodado a muchos”

“Nos hace mirar realidades que no nos gustan: como la pobreza, la marginación de todo tipo”, enfatiza.

Por José Stgo. Arellano M.

El Papa sabe que Chile es el país latinoamericano que más rápido se está secularizando”.

Carolina del Río estudió comunicaciones en la Universidad Gabriela Mistral en la década de los 80 y, años más tarde, optó por un magíster en Teología en la UC, lo que le permite escribir y hablar con bastante autoridad sobre un tema que se le ve fascinada. Esta carismática mujer (53 años, 4 hijos, separada), es profesora en el Centro de Espiritualidad Santa María, entre otras instituciones; dicta conferencias y es autora del libro “¿Quién soy yo para juzgar? Testimonios de homosexuales católicos” (2015) y coeditora, con María Olga Delpiano, de “La irrupción de los laicos: Iglesia en crisis” (2011).

—En una conferencia recientemente, en el Centro de Espiritualidad Santa María, comentabas que el Papa Francisco “ha incomodado”. ¿A quiénes y en qué aspectos?

—Francisco nos ha incomodado a muchos, o eso me gustaría. Nos ha incomodado, porque el Evangelio es incómodo, es exigente. Nos hace mirar realidades que no nos gustan: como la pobreza, la marginación de todo tipo, no sólo económica. El dolor de los migrantes, el anquilosamiento de las estructuras de nuestra propia Iglesia. Pienso que nos está invitando a transitar de un paradigma centrado en la pregunta ¿quién puede pertenecer a la Iglesia? ¿Quién hace mérito o se “porta bien”?, a una en la que nos interroguemos acerca de cómo hacer para integrar a la Iglesia, para incluir y compartir la buena noticia del Evangelio que tiene que ver con la libertad, la humanización, la plenitud de hombres y mujeres. Y eso no tiene que ver con cambios de doctrina sino con acogida, con la capacidad de sintonizar con los gozos y los dolores del pueblo de Dios. Tenemos que aprender a distinguir entre la continuidad de los principios doctrinales y la discontinuidad de las miradas históricas, y no temer a los cambios. Nuestra Iglesia necesita una profunda renovación, no sólo de la curia, de las formas de ejercer el poder y de las estructuras. También de la forma de ser católico. Se requiere una mayor participación de un laicado adulto en los niveles de decisión. En fin, urgen muchos cambios y eso incomoda.

—¿Dónde ve que están las principales resistencias en Chile al mensaje del Papa Francisco?

—Hay gente en Chile a la que no le gusta este Papa, y me parece legítimo. Las razones son variadas: hay quienes se sienten incómodos por su crítica al capitalismo desbocado, algo que, por lo demás, ha sido una constante en la moral social de la Iglesia, desde León XIII con Rerum Novarum en 1891. Juan Pablo II habló del “capitalismo salvaje” y Francisco continúa por esa senda visibilizando a los descartados y desechados de ese sistema económico. Hay quienes se han levantado contra el Papa porque dicen que quiere cambiar la doctrina, como si la doctrina fuera lo central de nuestra fe —y no el Evangelio— y como si estuviera escrita en piedra. Hay quienes reclaman que el Papa “se meta” en asuntos que no son “propiamente religiosos”. Me preocupa la visión de iglesia que hay detrás de esa afirmación: Una iglesia piadosa, ritualista, cumplidora de normas, que no se hace lío, que no se deja conmover con la vida de las personas. Para Dios nada humano le es ajeno y por lo tanto para un Papa, cualquier Papa, nada humano puede serle ajeno. No hay que temer a la discusión respetuosa, al diálogo, nos falta crecer muchísimo en la capacidad de diálogo. Toca a los laicos bajar línea y ver cómo hacer en lo concreto, para construir una casa común acogedora y para todos.

—¿Cuál debe ser el sello de esta visita?

—Como han dicho nuestros obispos, esta es una visita pastoral y así debe entenderse. Significa que viene a mostrarnos y a decirnos a Cristo. ¿Qué va a decir? No lo sé. Pero el Papa conoce perfectamente nuestra realidad, sabe de la crisis de nuestra Iglesia, sabe que la sociedad que lo recibe en 2018 no es la misma que recibió a Juan Pablo II hace 30 años, sabe que Chile es el país latinoamericano que más rápido se está secularizando, sabe que —como nunca— está vigente la pregunta de San Alberto Hurtado “¿es Chile un país católico?”.

—¿Y cómo imaginas que impactará a la Iglesia chilena?

—Sueño que la impacte profundamente, que movilice, que anime, que devuelva la pasión a nuestros obispos para que sean “pastores con olor a oveja” (expresión del propio Papa). Que nos impacte para que entendamos de una vez por todas que no podemos seguir siendo niños en la fe. Que ha llegado la hora de hacernos adultos, de ayudar en la construcción de nuestra iglesia, de tomarse la palabra, los espacios y construir —codo a codo con el clero— una casa acogedora, “un hospital de campaña” —otra expresión del mismo Papa—, donde seamos capaces de curar las heridas, de acompañar, de consolar, de animar a la vida plena. Sueño con que impacte a la sociedad en su conjunto, no sólo creyente. Chile tiene enormes desafíos por delante y la Iglesia Católica tiene una palabra que decir en la construcción de una sociedad más justa, más solidaria, más equitativa, más tolerante, más acogedora y dialogante, con más corazón.

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