Jueves 7 de Diciembre de 2017

Roberto Castillo, escritor

“Jorge Teillier me dijo que Arturo Godoy merecía una novela”

"Me interesaba proyectar la visión del pasado que tenía Teillier y su conexión con la figura de Godoy", dice sobre la biografía novelada del boxeador.

Por Daniel Rozas

La primera vez que Roberto Castillo (1957) vio al boxeador Arturo Godoy fue a los 7 años en el centro de Santiago. " Fue como una aparición. Lo vi medio de espaldas y la gente le gritaba ‘¡ahí va Arturo Godoy!' Lo recuerdo tremendo de porte, con un abrigo grande. La descripción de mi libro es tal como lo vi de niño".

Publicado originalmente el 98, tras diez años de investigación, "Muriendo por la dulce patria mía" (reeditado por Laurel, 2017) es una biografía novelada del boxeador, quien a los 27 años de edad, y en la década del 40, se enfrentó dos veces en Nueva York con el campeón de los pesos pesados, Joe Louis, el Bombardero de Detroit.

Castillo sabe de boxeo. Mientras conversamos, simula en el aire los jabs y uppercats que el Bombardero le propinó a Godoy. "Estéticamente Joe Louis era un boxeador increíble", dice.

Su abuelo nortino le contaba historias sobre Godoy, "con la idea del héroe que en realidad había ganado la pelea y que luego le habían quitado el triunfo". Y de niño, cuando vivía en Población El Pinar, en San Miguel, los muchachos de su barrio se conseguían guantes de box de plástico e improvisaban rings con cordeles en la calle. "Era una cuestión bien violenta, la masculinidad siempre estaba en juego".

Profesor de Literatura en el Haverford College, Pensilvania, traductor de Herman Melville y autor del libro "Antípodas", Castillo se fue de Chile con 21 años y piensa que su condición de "despatriado" marcó tempranamente su obra. "La novela de Godoy fue el resultado de un impulso por recuperar mi conexión con Chile".

"Así quedó por Chile"

A fines de los 80, mientras estudiaba en Harvard y revisaba microfilmes para un trabajo sobre el Chile Colonial, "se me apareció en la pantalla Arturo Godoy". Resurgía en la vida de Castillo, materializado en los titulares añejos de un proyector.

El impulso definitivo para el libro se le presentó "cuando averigüé dónde estaban las películas del combate entre Godoy y Joe Louis". Ahí vio las cintas sin editar y se emocionó con una pelea ocurrida 50 años antes. Al ver una foto de la cara de Godoy destrozada tras el segundo combate de 1940, donde fue noqueado en el octavo round, pensó que la novela debía titularse: "Así quedó por Chile".

Para profundizar la investigación visitó Chile y contactó a la familia del púgil. Entrevistó a Julio Martínez, Sergio Livingstone y Raúl Hernán Leppé, custodios de la memoria de Godoy, que han ido desapareciendo, y que "se sentían guardianes de un pasado deportivo glorioso y de la figura heroica, masculina e híper chilena". Pero la relación más íntima la mantuvo con el poeta Jorge Teillier. "El me dijo que Godoy merecía una novela", recuerda.

—Le dedicaste el libro. ¿Por qué?

—La visión del pasado que tenía Teillier y su conexión con la figura de Godoy era la que me interesaba proyectar, pero sobre todo porque él tenía la visión del viejo púgil como un personaje heroico pero derrotado al mismo tiempo, y eso es un modelo existencial para mí.

—¿Es posible escribir la historia "verdadera" de Arturo Godoy?

—Mi intención era provocar esa pregunta: cómo se construye un consenso acerca de lo que es verdadero o no.

—Tu novela puede leerse como una alegoría sobre la derrota disfrazada de victoria. En el Chile actual, los jóvenes están acostumbrados al éxito.

—Cuando hago clases de literatura los cabros más jóvenes se ponen súper nerviosos, porque no entienden que los ciclos de la historia puedan ser tan largos. Para una generación que vio dos campeonatos de fútbol seguidos, esta cuestión del triunfo moral se fue a la mugre, pero yo creo que ya se está vislumbrando que esto fue un chispazo que puede ser una excepción que confirme la regla.

También destaca que "el hecho de que la novela esté construida alrededor del plebiscito de 88 hace referencia a la bellísima derrota disfrazada de victoria con que el protagonista de la novela celebra el fin de la dictadura".

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