Viernes 24 de Noviembre de 2017

Francisco Undurraga (Evópoli):

“Soy vanidoso, me encuentro buenmozo, me quiero más que los tres chanchitos”

"Esta no fue la campaña de un niño símbolo de la Teletón, fue la de un chileno que abandonó el mundo privado", dice.

Por Carolina Méndez

No quiero que la gente me perdone nada en el Congreso por ser discapacitado".

Los 33 grados que registran los termómetros este miércoles de noviembre en Santiago incomodan a Francisco Undurraga (52). Las prótesis de sus piernas "lo sofocan". En Apoquindo, su metro 80 se divisa caminando con una cojera. Viene apurado de un punto de prensa de Sebastián Piñera. "Días así me ponen algo malgenio, es como andar con bufanda y chaleco chilote", comenta el presidente de Evópoli, quien resultó electo diputado por el distrito 11 (Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea, La Reina y Peñalolén) con 58.558 votos.

Hasta los diez años usó garfio en su brazo derecho, y cuenta que también era como andar con gamulán, porque el arnés para sujetarlo lo hacía transpirar. "No sé lo que es caminar con dos piernas, cortarse las uñas de los pies, ni tener ese brazo, nací con esta condición".

"Cuando muera me gustaría un ataúd grande, representando mi altura. Soy vanidoso, me encuentro buenmozo, me quiero más que los tres chanchitos", dice en un café de Las Condes mientras fuma uno de sus quince cigarrillos diarios.

Las prótesis livianas que lleva ahora le ayudaron haciendo campaña; sus tres hijos banderearon y repartieron folletos. "Nos parábamos en las esquinas y la gente se nos acercaba; por mi condición física no hice puerta a puerta… si no todavía estaría en la tercera casa", se ríe.

Undurraga espera que con su llegada mejore la infraestructura del Congreso para los parlamentarios con discapacidades. "Tiene mucha escalera, no está tan adaptado, eso es una vergüenza".

Casado hace 23 años con Paulina Dressel, es padre de Juan Francisco (21), Laura (18) y Martín (15). Votó por el No, fue seguidor de la DC (no militó) y llegó a Evópoli en 2015. De niño hacía inventarios en la viña Undurraga, propiedad de su abuelo Pedro Undurraga Fernández. Estudió en el colegio San Ignacio del Bosque (egresó en 1984), siguió dirección de Televisión y locución en el Instituto AIEP, publicidad en la Escuela de Comunicación Mónica Herrera, fue productor de la radio Chilena (1988) y formó parte del área marketing de Mega (1999 a 2001) y La Red (2001 a 2004). Entremedio, en 1994, pasó por el Banco de Chile y "arrancó". "Una ejecutiva me dijo que tendría beneficios para toda la vida, y esa seguridad me aterró", recuerda. Junto su hermana Teresa fundaron la exitosa heladería El Emporio la Rosa, cuyo primer local se abrió en el Parque Forestal en 2001 y que vendieron en 2016 con 22 locales. Un negocio gastronómico pionero con sus más de cuarenta variedades de helados y que puso en la cúspide a la comida casera chilena.

Francisco es católico, pero no de iglesia. "Con el San Ignacio tengo misa como para cuatro reencarnaciones", comenta. Es fanático de la Universidad Católica, de Silvio Rodríguez, los porotos granados, el sushi y el restaurante El Baco.

"La discapacidad no es un mundo cacho"

En el verano de 1965 su madre, la reconocida artista visual y grabadora Teresa Gazitúa, iba de copiloto con una amiga y la chocaron en Providencia; tenía un mes de gestación. En el hospital del Salvador, como ella no sabía que estaba embarazada, le sacaron una radiografía para saber si tenía alguna lesión en la columna, pero los rayos X mutilaron el feto. "Nunca pregunté con quién iba ni quién la chocó, hay que proyectarse adelante", dice él.

Undurraga nació sin Teletón, aprendió a caminar con sus prótesis en el Centro de Rehabilitación de Huérfanos. "Iba como si fuera al mecánico, a arreglarme los fierros", comenta.

—Quienes votaron por ti deben haber apostado por la inclusión…

—Pero no solo física, ésta no fue la campaña de un niño símbolo de la Teletón, fue la de un chileno que abandonó el mundo privado, alguien creativo y arriesgado. No quiero que la gente por ser discapacitado me perdone nada en el Congreso, ni que me feliciten por ser así.

—Tu actitud resiliente quizás fue un valor agregado.

—Fue favorable desde la campaña, porque era el único gil al que le colgaba una manga y no era un personaje relevante en la política. Nadie llega al Parlamento por ser colorín, rubio o discapacitado.

—Fernando Villegas dijo esta semana en radio Agricultura que en el nuevo Congreso hay gente que no hubiera aparecido ni en los chistes, que no sabe ni hablar, que refleja una sociedad de masas donde predomina lo vulgar.

—El Congreso es la representación democrática del pueblo, este no es un voto censitario. No existen los preparados y no preparados. Yo no tengo trayectoria legislativa, ni siquiera soy abogado, pero eso no es lo relevante para el Parlamento.

—Están pendientes la ley de cuotas, de la defensa de las minorías, pero no hay protestas por los discapacitados.

—No se les da la importancia que merecen. La discapacidad no es un mundo cacho, aporta en productividad.

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