Miércoles 22 de Noviembre de 2017

Servicio secreto chileno en la Guerra del Pacífico

El periodista y también parte de la Academia de Historia Militar, Guillermo Parvex, publica su nueva investigación histórica acerca del servicio secreto chileno que se generó ante el incierto panorama internacional durante la Guerra del Pacífico.

La génesis

Las actividades de inteligencia exterior comenzaron al menos siete años antes del inicio de la Guerra del Pacífico, con estructuras informales y sin una orgánica ni dependencia oficialmente reconocida, esquema que se mantuvo durante todo el conflicto.

Alguien podría preguntarse si era necesario contar con un servicio de informaciones en esa época. Esta interrogante se responde al tomar en consideración las complicadas relaciones de Chile con sus tres vecinos desde comienzos de la década de 1870.

En realidad, la convivencia internacional se había complicado para Chile desde agosto de 1871, cuando el nuevo gobernante boliviano, Agustín Morales, declaró nulos todos los tratados firmados por su antecesor, Mariano Melgarejo, incluyendo el Tratado de Límites de 1866.

En agosto de 1872, Quintín Quevedo, boliviano exiliado en Chile y partidario de Melgarejo, llegó a Antofagasta desde Valparaíso para intentar derrocar al Presidente Morales, lo que llevó a Bolivia a culpar a Chile de esta maniobra. El Perú, como reacción ante este fracasado golpe de Estado, envió al ‘Huáscar' y al ‘Chalaco' a Antofagasta y advirtió que no toleraría la influencia chilena en Bolivia.

El 8 de noviembre del mismo año, en sesión secreta, el Parlamento boliviano aprobó que el Ejecutivo acordara con el Perú un tratado secreto sin necesidad de posterior aprobación legislativa.

El 5 de diciembre, negociadores de Bolivia y Chile firmaron el acuerdo Lindsay-Corral para solucionar las desavenencias surgidas del Tratado Limítrofe de 1866. El acuerdo fue aprobado en Chile pero no en Bolivia, por la influencia peruana que deseaba incluir al Perú y a Argentina en las negociaciones.

El 18 de enero de 1873, estando en situación de cesación de pagos, el Perú decretó el estanco del salitre, fijando un límite de producción y un precio a pagar por quintal. Destinada a aumentar los ingresos fiscales a través del control de los precios del guano y el salitre, la ley fracasó por impracticable. El 6 de febrero, el Perú y Bolivia firmaron el tratado secreto de alianza, también llamado Tratado de Alianza Defensivo, y el canciller peruano Riva Agüero envió al ministro Manuel Yrigoyen a Buenos Aires para promover su adhesión. El 25 de septiembre, en una sesión secreta, la Cámara de Diputados de Argentina aprobó la ley de adhesión al tratado contra Chile y dispuso seis millones de pesos adicionales para el presupuesto militar. La ley pasó al Congreso argentino y fue demorada por el conflicto con Bolivia sobre Tarija.

En 1875, ante las tensiones con Chile por la Patagonia, Argentina solicitó su ingreso al tratado. El Perú rechazó la solicitud diplomáticamente. En mayo de ese año, para aumentar los ingresos fiscales a través del control de los precios del guano y el salitre, el Perú expropió las salitreras en territorio peruano y pagó a sus dueños con bonos a futuro.

El 4 de mayo, la junta municipal de Antofagasta solicitó la imposición de un impuesto de tres centavos por quintal exportado. El Consejo de Estado de Bolivia, presidido por Serapio Reyes Ortiz, determinó que ello violaba la transacción del 27 de noviembre de 1873 y el Tratado de Límites de 1874, y rechazó el nuevo impuesto. El 21 de julio, Bolivia y Chile firman protocolo adicional al Tratado de Límites de 1874 que preveía arbitraje en caso de desacuerdo.

Como podemos apreciar, era un cúmulo de presiones que Chile estaba recibiendo de sus tres vecinos. Había necesidad de obtener el máximo de información ante el incierto panorama internacional y fue la razón generadora del servicio secreto, que partió con sus actividades en forma muy reducida.

La revisión de documentación de la época permite establecer el surgimiento de esta actividad aproximadamente en 1873, cuando se generaron las primeras redes, especialmente en los países limítrofes, dada la tensa situación generada con la Argentina por los territorios patagónicos y con el Perú y Bolivia, a raíz del secreto Tratado de Alianza Defensivo suscrito entre ambos países.

En la segunda mitad de la década de 1870 existió en la Marina de Chile, por un plazo muy breve, una pequeña organización, también extraoficial, que se dedicó a recopilar datos de la situación de las escuadras del Perú y de la Argentina. Respecto de esta oficina, se cita el caso del capitán Arturo Prat Chacón, quien por encargo del Ministerio de Guerra y Marina cumplió una comisión secreta en Argentina, entre noviembre de 1878 y enero de 1879, la cual está ampliamente detallada en el libro "Prat: agente secreto en Buenos Aires", de los investigadores Piero Castagneto y Diego Lazcano (Santiago, Ril Editores, 2009).

En el caso de la obtención de información de la situación peruana y boliviana, se puede precisar que estuvo inicialmente a cargo de organizaciones locales creadas por diplomáticos chilenos con base en ambos países, a instancias del ministro plenipotenciario (con rango de embajador) de Chile en el Perú, Joaquín Godoy Cruz.

El abogado y diplomático Godoy Cruz se desempeñó primero como encargado de negocios y luego como ministro plenipotenciario en el Perú entre 1868 y 1871. Dejó Lima por un breve período, al ser designado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Chile en Washington para concluir el Pacto de Tregua entre España y Chile, retomando en 1872 su cargo en el Perú.

Su larga estadía en Lima le permitió generar un amplio círculo de amistades, entre los que figuraban políticos, militares y empresarios.

Por su afabilidad y gran cultura fue muy apreciado en todos los ambientes que frecuentaba y, según consta en diarios de la época, estableció una gran amistad con el coronel José Balta, elegido presidente de la República de Perú en 1868. Se dice que Godoy ingresaba directamente al despacho presidencial con un simple aviso al secretario.

Cuando Balta fue asesinado por los hermanos Gutiérrez en la sangrienta revolución acaecida entre el 22 y 26 de julio de 1872, Godoy debió enclaustrarse en la legación chilena durante unas semanas, pensando que corría riesgo por ser tan cercano a Balta.

Sin embargo, cuando Manuel Pardo fue elegido Presidente del Perú, rápidamente estableció una muy buena relación con Godoy Cruz. Fue precisamente durante la administración de Pardo que Joaquín Godoy se casó con Mariana Prevost Moreira, en una fastuosa ceremonia en el Sagrario de la Plaza Mayor de Lima, a la que asistieron el Mandatario peruano, embajadores, ministros y parlamentarios.

En 1876 asumió la presidencia peruana el general Mariano Ignacio Prado. Con éste, Godoy Cruz mantuvo una estrecha relación desde el comienzo, al igual como lo hizo con los anteriores mandatarios. Godoy le aconsejaba permanentemente cómo realizar inversiones en yacimientos mineros chilenos, especialmente en minas de carbón en la zona de Laraquete.

Cabe señalar que el mandatario peruano había estado exiliado en Chile entre 1868 y 1872, tiempo en el cual desarrolló actividades empresariales en Concepción y en Lota, específicamente en minas de carbón y aportes de capital a ferrocarriles privados.

La amistad entre Prado y Godoy se fue acrecentando aceleradamente y, según historiadores peruanos, el Jefe de Estado recibía al embajador chileno en sus dependencias personales del palacio de gobierno, siendo el único diplomático acreditado en Lima que gozaba de este privilegio.

Fue esta gran red de contactos la que le permitió a Godoy Cruz enterarse del Tratado de Alianza secreto entre el Perú y Bolivia, del cual tuvo conocimiento tan solo tres días después de su firma.

Viendo la gravedad de esta alianza militar, envió la información a Chile a través de un secretario de la legación nacional con el encargo de entregarla personalmente al ministro de Relaciones Exteriores, Culto y Colonización, que a la fecha era Adolfo Ibáñez Gutiérrez.

El funcionario, junto con la información del acuerdo militar, entregó a Ibáñez una carta de Godoy, en la cual este le representaba la necesidad de seguir obteniendo material confidencial de los acontecimientos, solicitándole su autorización para realizar dichas actividades de búsqueda en el Perú, reclutando a algunos contactos con buenos accesos a información privada. En su mensaje, le recomendaba que alertara al ministro chileno en Bolivia, para que también generara una red de contactos.

En consideración de lo anterior, fue la iniciativa de Joaquín Godoy Cruz la que llevó al establecimiento del primer servicio de inteligencia de Chile, que fue coordinado exclusivamente en su primera etapa por el canciller Adolfo Ibáñez.

El canciller no solamente aprobó la idea de Godoy, sino que sugirió el nombramiento de Carlos Walker Martínez como ministro encargado de negocios en La Paz.

Walker, en 1866, se había desempeñado como secretario del embajador chileno Aniceto Vergara Albano. En esa primera misión en La Paz, cuando la presidencia de Bolivia la ocupaba el controvertido y pintoresco general Mariano Melgarejo, en un gesto inédito y demostrativo de su amistad, nombró a Walker como su edecán militar. Por supuesto, el cargo fue solamente decorativo, pero le permitió a Walker crear un amplio círculo de amigos dentro de la oficialidad boliviana.

Cuando asumió su segunda misión en Bolivia, aprovechando el alto nivel de relaciones de que aún gozaba entre la sociedad paceña, Walker rápidamente estableció una estructura de informaciones que le facilitó obtener antecedentes sobre las intenciones de La Paz respecto de la explotación del salitre.

Walker Martínez, en sus memorias, recuerda que a través de sus informantes en Bolivia pudo corroborar la existencia del Tratado de Alianza Defensivo con el Perú, lo que informó a la Cancillería chilena, comprobándose así la información entregada previamente por Godoy Cruz desde Lima.

El 13 de octubre de 1875, en Sucre, Walker contrajo matrimonio con la boliviana Sofía Linares Frías, quien estaba relacionada con los más elevados niveles de la política, actividad empresarial y la cúpula militar boliviana, adquiriendo así un mayor grado de penetración en la elite boliviana.

Transcurridos algunos meses de la puesta en marcha de esta organización y viendo los primeros frutos que entregaba, Adolfo Ibáñez le informó el contexto general de estas operaciones de inteligencia al Presidente Federico Errázuriz Zañartu, quien dispuso que se mantuvieran e incrementaran estas actividades y que, si era necesario, se buscaran formas de entregar algunos recursos financieros para apoyarlas.

A partir del segundo semestre de 1873, el incipiente servicio secreto ya estaba en plena actividad en territorios del Perú y de Bolivia.

No fue una casualidad que el gobierno chileno generara esta red de informaciones. Esta actividad se debió iniciar dada la tensa e incierta situación que provocaba el tratado secreto entre el Perú y Bolivia, y Chile requería tener un adecuado y oportuno conocimiento de los alcances de esta alianza.

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