Miércoles 6 de Septiembre de 2017

"Si llenamos a los chicos de actividades después del colegio, ¿en qué momento juegan?"

La especialista peruana en educación Fiorella de Ferrari recomienda que los niños jueguen.

Por Loreto Flores Ruiz

Antes, el juego estaba asociado al tiempo y el espacio en la calle (…) y sabías lo que era sentir peligro".

Hace 15 años, la educadora peruana, especialista en primera infancia, Fiorella de Ferrari creó los jardines infantiles "La casa amarilla", en Lima. Hoy cuenta con 6 centros de educación inicial, donde asisten cerca de 600 niños. "Proponemos una escuela donde se construyen los valores de la democracia, donde construimos comunidad a través de la participación. Además, es un proyecto de ciudadanía, porque los niños son ciudadanos desde que nacen y tienen derecho a ser miembros activos de la sociedad", explica sobre su proyecto.

De Ferrari estuvo la semana pasada en Temuco, Rengo y Santiago, participando en el Tercer Seminario Internacional de Seigard "Compartiendo Experiencias 2017" sobre el uso pedagógico del juego y exponiendo su experiencia en Perú.

—¿Qué tienen de especial los centros de "La Casa Amarilla"?

—Vemos a la escuela como el primer ejercicio de democracia activa, empezando por la participación. Más que clases donde la maestra tiene el control y es dueña del conocimiento, invertimos los papeles y las maestras son las que preguntan y proponen conceptos relevantes, pero son los niños los que nos dan sus perspectivas, nos dan a conocer cuáles son sus hipótesis de los conceptos que los maestros proponen o que capturan, porque son del interés del niño. Con un adulto cercano y afectivo, que promueve la autonomía en el bebé y en los niños.

—¿Recomiendas llevar a los niños al jardín antes de los 3 años?

—Como todo, depende de la calidad del servicio. Hay programas que tienen resultados tan pobres, que es mejor tener a los niños en la casa, porque les haces más daño enviándolos. Cuando el proyecto es de calidad, podemos confiar en que nuestros niños están en buenas manos y que esto es una inversión para el país, no sólo porque tienes niños mejor cuidados, sino porque vas a tener en el futuro mejores ciudadanos.

—¿Qué valor le das a la autonomía? Porque hay muchos padres que les hacen todo a sus hijos.

—Asociamos esto al afecto, pensamos que si nosotros hacemos las cosas por nuestros hijos, los estamos queriendo más. Y los niños nos muestran desde pequeños que son unos apasionados por sentirse integrados a la sociedad, de ser parte de ella, de participar en los actos cotidianos: un cambio de pañal por ejemplo, que es algo que en un bebé ocurre muchas veces, si tú le permites participar, mirándolo a los ojos, anticipándole antes de tomar su cuerpo, diciéndole ‘ahora ayúdame levantando tu pelvis voy a poner el pañal', ‘por favor, levanta tus piernas', y no solamente manipulando como si fuera un objeto, es un niño que a temprana edad entiende el concepto de participación. Lo mismo que si le das la oportunidad de comer por sí mismo, probar estrategias, usar su mano, luego empezar a utilizar los utensilios, probar, ensayar, ese ejercicio que es inherente a nuestra especie, la necesidad de poner en práctica nuestro repertorio exploratorio con el que nacemos, y que nos vuelve personas competentes. Porque de otro modo son adultos que no son capaces de cuidarse a sí mismos.

—Cada vez vivimos en ciudades más extensas, más peligrosas, en departamentos, ¿qué importancia tiene el juego en este contexto?

—Antes, el juego y nuestra capacidad de supervivencia estaban asociados al tiempo y el espacio en la calle, donde ponías en práctica todas tus habilidades y sabías lo que era sentir peligro, que es algo que necesitamos sentir desde que somos pequeños, ese nivel de adrenalina que necesitamos liberar y que hoy los niños no tienen dónde depositar. Por eso, hoy más que nunca, jugar necesita de un espacio cotidiano tomado en serio, donde realmente el niño tenga el tiempo y la calidad de juego que necesita. No sólo el juego de reglas, sino que también el simbólico, que es el que está conectado a nuestra capacidad de crear, imaginar y proyectar. Si llenamos a los chicos de responsabilidades y actividades después del colegio y los ponemos en más extracurriculares, ¿en qué momento juegan?

—¿Qué opinión tienes del uso de videojuegos y tabletas en niños pequeños?

—La tecnología no tiene por qué ser un enemigo, si puede ser un aliado en el proceso de aprendizaje. Hay una serie de herramientas digitales que pueden ser preciosas. Pero si tenemos a los chicos todo el día conectados a los videojuegos y como padres nos morimos de miedo de que estén participando del vecindario y estén en la calle, son niños que se están perdiendo la oportunidad de jugar, de jugar con otros. El problema es cómo la utilizamos, cuánto tiempo y qué le estamos diciendo a los niños con esto.

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