Sábado 5 de Agosto de 2017

Redacción

Joaquín Baraña Director ejecutivo La Ruta Natural

Falacias sobre el cambio climático

Chile emite un modesto 0,22% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. Ante tan magra cifra, muchos empresarios, políticos y editorialistas argumentan que no debiésemos preocuparnos del asunto. A su juicio, no tiene sentido poner en riesgo nuestra competitividad si de todos modos no haremos una diferencia.

Es cierto que cualquier meta de reducción que nos fijemos no se reflejará en los balances globales, pero concluir por ello que podemos eximirnos es falaz por al menos dos razones.

La primera es que, desde un punto de vista atmosférico, Chile no es más que una frontera política arbitraria. A ojos de la atmósfera no hay países ni entidades políticas; sólo chimeneas, tubos de escape y áreas de deforestación distribuidas a lo largo del globo. Cualquier unidad geográfica podría buscar su propia esfera de pertenencia respecto de la cual representa una proporción minoritaria.

Por ejemplo, EE.UU. es el segundo emisor mundial, pero un ciudadano de Alabama podría argumentar que su estado emite tan sólo el 0,2% mundial. Podría también sostener que la responsabilidad la tienen los estados industriales del noreste y los petroleros del sur. A su turno, un ciudadano de Austin podría esgrimir que su ciudad, universitaria y de servicios, representa una fracción menor dentro de Texas. La madre del cordero, a su modo de ver, yace en núcleos industriales como Houston. Y, en Houston, las industrias livianas podrán achacar la carga a las petroquímicas, y suma y sigue.

La segunda razón es análoga a la réplica habitual a la idea de que no vale la pena votar porque nuestro sufragio es tan solo uno más entre millones: "Imagina que todos hicieran lo mismo". Aunque con una diferencia: en el caso de las emisiones de gases de efecto invernadero, sí es cierto. En una elección, nuestro voto muy difícilmente será dirimente. Vote o no vote, el ganador será el mismo. El "imagina" no cambia nada.

En el caso de las emisiones, por el contrario, cada gramo de carbono evitado es un gramo menos en la atmósfera. No es ética teórica ni disquisición filosófica, es balance de masa puro y duro. Y es en el sentido más físico posible que la composición de la atmósfera resulta de la suma de millones de decisiones individuales. En La Ruta Natural creemos que lo que vale a nivel personal, lo vale a nivel familiar, vecinal y, desde luego, nacional.

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Copi

Carlos Franz

El cuerpo que media Argentina venerará es, efectivamente, el de una muchacha humilde y bienintencionada. Pero ésta no es Evita".

Siberia. En la estepa aúllan los lobos. Tres hombres travestidos de mujeres también aúllan de miedo. Aunque es inseguro que esto sea miedo, que eso sea Siberia y que ellos sean travestis. Asimismo podrían ser transexuales. Pero en este caso tampoco sería posible precisar si cambiaron su sexo de hombre a mujer o a la inversa. Pues resulta que uno de ellos/ellas parece estar embarazado/a y el padre podría ser precisamente quien actúa como la madre. Travestis o trans, todos ellos sueñan con tomar el Transiberiano para escapar a China. En esta confusión hasta el tren es trans (pienso yo). Y el aullido de los lobos podría ser en realidad (¿pero cuál realidad?) el pitido de ese ferrocarril que atraviesa las estepas heladas.

El título de esa obra de teatro es "El homosexual o la dificultad de expresarse". Este drama, que podría parecer un manifiesto de la estética trans tan en boga hoy en día, fue escrito hace casi medio siglo por Copi, el gran dramaturgo e historietista argentino. Si la obra de Copi –emparentada con el teatro del absurdo de posguerra– mantiene su poder de provocación, quizás se deba a que, en lugar de afirmar una agenda, parte provocándose a sí misma.

Los personajes luchan para encontrar una identidad que, a su vez, lucha para no identificarse con ellos. Los dos travestis mayores están enamorados de Irina que quizás es la única mujer en escena. ¿Esto los convierte en heterosexuales, bisexuales, impostores? Ninguno de los anteriores, parece ser la respuesta implícita de Copi (que evidentemente detesta dar respuestas).

Irina, la supuesta hija/o, que podría estar o no embarazada/o, de uno de esos travestis, contesta las preguntas sobre su identidad con relatos sistemáticamente contradictorios. Por último, incapaz de expresar una versión coherente de sí misma, ella se corta la lengua.

Ese acto brutal y poderosamente simbólico provoca risas nerviosas en algunos hipsters asomados a un palco del teatro. Obviamente, esa automutilación de Irina podría simbolizar las mordazas que la sociedad impone al homosexual. Pero también es obvio que Copi detestaba las obviedades. Esta obra llena de contradicciones podría sugerir, asimismo, una manera de expresar la identidad homosexual siéndolo en vez de definiéndolo.

Interpretación abierta que debe haber resultado muy provocativa hace cuarenta y seis años cuando este drama se estrenó en París. Resulta asombroso pensar que quizás ahora podría ser una hipótesis "demasiado" provocativa.

Intermedio. Veo esa obra de Copi en el Teatro Cervantes, la gran sede de la dramaturgia argentina, en Buenos Aires. Este antiguo teatro de estilo castizo andaluz, con azulejos, incómodas sillas fraileras y cortinas de seda ajada, parece en sí mismo un travesti viejo.

El programa incluye dos obras de Copi. Después del intervalo comienza "Eva Perón". Eva Duarte tenía treinta y tres años cuando un cáncer fulminante la convirtió en mártir peronista. Copi nos presenta a una Evita alucinada por la morfina. La enfermedad y la droga carcomen el maquillaje de esa heroína dejando a la vista sus miserias, las de su familia y las de su régimen. La madre de Evita asedia a la agonizante para que le dé una clave de la cuenta suiza donde ha escondido millones en dinero y joyas. Un Perón en pantuflas, ensimismado e impotente –según declara Evita–, calcula el efecto de la muerte de su popularísima mujer en las elecciones que se acercan.

Copi no se limita al drama palaciego convencional. Esta Evita moribunda es tan monstruosa como esas aves de rapiña que sobrevuelan su cuerpo agonizante. Ella prepara su grandioso funeral, el multitudinario velatorio de su momia y su inmortalidad política. Pero no sólo hace eso. La Evita de Copi también se asegura de sobrevivir a su propia posteridad cursi mediante un recurso siniestro y genial.

El único personaje inocente en esa obra de Copi es una joven enfermera, parecida a la muchacha humilde que fue Evita alguna vez. Eva Perón viste a esta enfermera con su mejor traje y le pone una de sus pelucas doradas. Luego la mata y huye. Eva finge su enfermedad y su muerte para escapar antes de ser derrocada.

Travestimiento genial. El cuerpo que media Argentina venerará es, efectivamente, el de una muchacha humilde y bienintencionada. Pero ésta no es Evita. La verdadera Eva, corrompida por el poder, goza en el exilio de sus millones mal habidos.

Por indicación de Copi, el personaje de Eva Perón debe ser interpretado por un actor masculino. Sin embargo, los travestis son la menor de las provocaciones en la obra de Copi.

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