Lunes 17 de Julio de 2017

Retos soberanos

Guillermo Larrain

Standard and Poor's (S&P), redujo un peldaño, desde AA- a A+, la nota asignada a la deuda soberana de Chile. La razón es el bajo crecimiento y el empeoramiento de la situación fiscal. El menor crecimiento lo asocia a la debilitada confianza empresarial y las pobres perspectivas para el precio del cobre.

El mercado de las clasificadoras es particular. A nivel mundial está dominado por 3 grandes actores: S&P, Moody's y Fitch. Primero, estas agencias desarrollan metodologías para clasificar y ordenar riesgos soberanos sobre la base de datos objetivos. Pero, segundo, la clasificación tiene que ver también con apreciaciones cualitativas de los analistas. Los modelos son útiles para proyectar variables clave, como crecimiento o endeudamiento, sujeto a la historia de otras variables explicativas. Sin embargo, cada crisis muestra elementos nuevos, en particular los de naturaleza política que son difíciles de medir. La opinión de una clasificadora nunca está del todo apartada de referencias políticas internas, usualmente transmitida por actores económicos locales a quienes los analistas entrevistan.

Finalmente, como en cualquier industria, existe interacción estratégica entre los grandes. El hecho de que S&P haya hecho un downgrade a Chile, ¿cómo afecta la opinión que emitirá Moody's? Si hace lo mismo, muchos pensarán que S&P es líder y Moody's seguidor. Por el contrario, si Moody's hace algo distinto, por ejemplo mantiene su nota, debilita la acción de su competidor. O quizás S&P se adelantó a Moody's para parecer liderando este mercado. El asunto es que no sabemos exactamente en qué consiste el juego entre estas agencias.

Es difícil sopesar cómo interactúan estos factores en una clasificación específica. En un trabajo antiguo con Helmut Reisen y Julia von Maltzan para la OCDE, analizamos las clasificaciones soberanas hasta 1995, mostramos que en ellas había dos sesgos: hacia dar clasificaciones más altas y hacer cambios más tarde de los óptimos. Esto sigue siendo válido, pero sobre todo en torno a crisis.

Por eso, el "reto" de S&P es una señal que debemos tomar constructivamente. Nuestro problema de crecimiento bajo tiene implicancias sobre nuestras cuentas públicas, que es bueno reconocer.

Pero "reto" tiene otra acepción a "amenaza", a saber, "desafío". Nuestro verdadero reto-país es hacer reformas y hacerlas bien. No puede ser que reformas que buscan el progreso social –incluso antes de que se implementen– paralogicen a inversionistas privados. No puede ser que, en pleno siglo XXI, con economías complejas e interdependientes, se piense que da lo mismo cómo sean las reformas o que bastan las declaraciones bien intencionadas para estimular el crecimiento.

Derecha e izquierda deben tomar nota de este doble reto soberano. Sin superar el desafío de reformas bien hechas y reacciones racionales, de la amenaza pasaremos al castigo, pero del que duele: el de los mercados.

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