Lunes 17 de Julio de 2017

“Los mensajes de los actores políticos no tienden a ser promigrantes”

El sociólogo Matías Bargsted participó en un estudio de la UC sobre cuánto conocemos y cómo nos relacionamos con los inmigrantes.

Por Patricio de la Paz

Aún estamos acostumbrados a esa noción medio isleña de que estamos en una esquina del mundo".

Que la mayoría de los chilenos nos sentimos amenazados por los inmigrantes. Que apenas un 5% se define proinmigración, principalmente mujeres jóvenes de clase media. Esas son algunas conclusiones del estudio desarrollado por el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), de la U. Católica. Allí participó el sociólogo y académico Matías Bargsted, quien profundiza en este tema.

"Los flujos migratorios desde el 90 han aumentado, aunque aún representan un número pequeño. La Casen 2015 hablaba que en torno a un 2.5% de la población son migrantes. Unas 500 mil personas. El fenómeno es más constante año tras año, y crecientemente diverso. Los peruanos siguen siendo la mayor población migrante; un tercio del total".

—¿Cuánto tarda una inmigración en impactar las costumbres del país de destino?

—Con migrantes de Perú o Bolivia, países con los que compartimos una historia colonial parecida, el mismo idioma, creencias religiosas, la asimilación cultural es relativamente expedita; no es que llegue a Chile una población marciana. El tipo de amenaza que representa para un chileno esta migración va más hacia el lado de acceso a bienes públicos, a empleos, que una suerte de amenaza cultural.

—¿Y en el caso de migraciones más recientes, como la de Haití?

—En Chile, que es un país de alto mestizaje, con una población más homogénea, la llegada de personas de Haití o Colombia, que tienen afroascendencia, representa un primer aprendizaje de convivir con personas con otro origen étnico. Esas personas traen costumbres culturales muy interesantes, tradiciones culinarias que pueden enriquecernos.

—Pasó con los peruanos, cuya cocina se ha metido en el menú chileno.

—Exacto. Me comentaban el otro día que Santiago es hoy la segunda ciudad del mundo, después de Lima, con más restaurantes de comida peruana.

—¿La inmigración haitiana debería ser más complicada?

—Haití tiene una tradición más francesa, otro idioma… Dependiendo de cómo tomemos el asunto, hay una posibilidad de enriquecimiento cultural o tomarlo como una amenaza. El migrante haitiano tiene dificultades más acentuadas en el proceso de inserción y culturización. La barrera lingüística dificulta la inserción laboral y en general. Además, la inmigración afrodescendiente es una nueva característica socialmente muy visible que viene a cambiar el patrón histórico que se había dado, esta homogeneidad mestiza típica de Chile.

Bargsted dice que el estudio se enfocó en la migración peruana. Explica que el 57% que se sentía amenazado por esta inmigración tiene poco o nada de contacto con ella.

—¿Eso podría extrapolarse a otras inmigraciones?

—Sin duda. Y algo interesante: la percepción que uno tiene de un grupo social está sustentada en distintas fuentes de información. Influye mi experiencia directa; también los medios de comunicación. En Chile, los mensajes de los actores políticos fundamentales no tienden a ser muy promigrantes; varios candidatos tienen lecturas recelosas. Mensajes multiculturales uno los escucha muy poco.

—Estamos lejos de ser un país multicultural.

—Sí, estoy de acuerdo. Aún estamos hablando que un 2,5% de la población es migrante; y los grupos más numerosos no son tan distantes de nuestros país. Pero me comentaban que en la medida que los diferenciales de sueldo que una persona espera recibir en Chile sean más altos que en su país de origen, va a haber incentivos fuertes para recibir inmigrantes. Para países como Haití, ese delta de sueldo va a durar un tiempo. En la medida que esa población se robustece y se agranda, es una oportunidad de volvernos un país multicultural. Pero aún hay mucho camino que recorrer. Aún estamos acostumbrados a esa noción medio isleña de que estamos en una esquina del mundo.

El primer país de América Latina

¿Por qué fue posible legalizar la marihuana en Uruguay?

El 19 de julio, Uruguay se convertirá en el primer país de América Latina en el cual será posible entrar a una farmacia para comprar de manera legal un sobre de marihuana de cinco gramos. Más que eso, la marihuana es producida por el mismo Estado uruguayo, que igualmente le pone un sello de garantía de calidad.

Desde la aprobación de la llamada ley de la marihuana, en diciembre de 2013, mucha gente se pregunta cómo pudo ocurrir en este pequeño país de tan sólo 3,4 millones de habitantes. La propuesta que fue aprobada por el Congreso uruguayo surgió durante el gobierno de José "Pepe" Mújica. Pero su concreción dependió de una constelación de hechos históricos que tomó décadas en formarse. Y el hecho principal es la excepcionalidad de la formación del Estado uruguayo, que ofreció el contexto ideal para que la iniciativa prosperara. El territorio que corresponde a ese país fue considerado por los conquistadores españoles como una tierra de nadie y fue ignorado por la Iglesia católica. Los uruguayos tuvieron la fortuna de formar su identidad en ese relativo vacío.

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