Sábado 15 de Julio de 2017

Federico Sánchez:

“Soy un agradecido de lo que tengo”

El arquitecto habla de cómo nació su fascinación por la ropa y su vida familiar junto a 8 hermanos.

Por Alfredo Potthoff Navarrete

Hace casi diez años comenzó el arquitecto Federico Sánchez, junto al periodista Marcelo Comparini, el programa de televisión "City Tour". Sánchez llamó la atención por su forma de ver la ciudad, su curiosidad constante y por cosas que podrían calificarse de superficiales, aunque para él no lo son: su forma de vestir, su bastón, sus lentes de colores, su barba. Nada en su forma de vestir es casual, todo tiene un significado, una historia, un referente.

Es el menor de ocho hermanos, vivió entre Chile y Argentina, tuvo que trabajar desde adolescente por problemas económicos en su familia, sufrió la pérdida de un hermano, jugó rugby, andaba en moto y competía en carreras de auto. Para él, de todas las cosas que hace y ha hecho, lo más importante es su labor como académico y decano en la U. Andrés Bello.

—¿Qué representan para ti la ropa y el buen vestir?

—La tradición del buen vestir no es otra cosa para el hombre que una búsqueda de trascendencia. Por eso uso la chaqueta que usaba mi padre, y mi padre la que usaba su abuelo. Y cada una de esas chaquetas va adaptándose a los tiempos. Y, por lo tanto, el vestuario es una oportunidad de celebrar quien tú eres y quien deseas ser. Y ahí es donde viene la cosa más mágica.

—¿Cómo te vestías cuando eras joven, a los 15 años, por ejemplo?

—A ver, es bien entretenido. Siempre he sido muy aficionado a la poesía y por la poesía me enamoré de Latinoamérica. Entonces agarré mucha onda con los pueblos originarios y me vestía con lo que pillaba de los pueblos originarios. Tanto que a los catorce años partí a Perú con unos amigos, solos, sin los papás. Terminamos vendiendo toda nuestra ropa y nos vestíamos con la ropa que nos vendían los indios en el mercado. Éramos unos verdaderos chasquis. Era genial.

—Tú viviste con ocho hermanos, ¿la ropa puede ser una forma de distinguirse entre tantos hermanos?

—No, porque yo era el menor. Por lo tanto, no tenía que buscar en destacar en nada. Era el regalón de esos ocho personajes. De hecho, podía ser el cabro más pesado del mundo, y te querían igual. Claro, había harta ropa y eso era entretenido.

—Tú has dicho que eras un niño complicado. ¿Tiene que ver con una búsqueda de identidad?

—Sí, puede tener que ver con eso. Además, soy muy inquieto. Ahora de viejo soy así de inquieto, imagínate como era cuando tenía 7, 12, 15 años. Era insoportable.

—¿Qué problemas tuviste por eso?

—Tenía problemas para contenerme. Quería estar en todas. Y otras cosas que influyeron, que son parte de nuestra historia. Nos cambiamos de país varias veces con mi familia y con cada uno de esos cambios tenía un desgarro, dejar a los amigos, los lugares. Además, quedamos sin ningún peso, murió un hermano entremedio, de 23 años, te fijas. De una manera, además, súper dolorosa.

—¿Cómo murió tu hermano?

—De cáncer. Y en esos años cuando no existían ni las clínicas, había que arreglárselas como se podía nomás. Sin un peso. Eso significó que me la empecé a rebuscar tempranamente. Pero lo digo a toda honra. No lo digo para que digan "oh, pobre". No, es parte de mi vida. El haber tenido que trabajar cuando cabro chico. Me entretenía mucho trabajando.

—¿En qué trabajabas?

—De todo. Vendía huevos y quesos. Iba a dejar los huevos a la casa de mis amigos y te abría la hermana estupenda. Yo era el estúpido que repartía los huevos y los quesos en bicicleta, te fijas. Es una lección de humildad maravillosa. Por eso, nunca me la creo. Soy un agradecido de lo que tengo, de lo que he logrado armar, de mi vida, porque sé lo que es estar al otro lado. Pedía que me llevaran en las micros, cantaba en los restaurantes en las noches. Con eso me pagaba parte de mis estudios. O sea, era hardcore.

—¿Cuál es tu recuerdo más feliz de tu niñez?

—A ver... Se me vienen miles. Me acuerdo que le pedí al Viejo Pascuero un auto que se le abrieran las puertas, el capó. Y me llegó y fue impresionante. Porque además el Viejo Pascuero interpretó perfecto lo que yo quería. Fue un momento de mucha felicidad. Eso lo tengo muy grabado. Debo haber tenido 4 años.

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