Viernes 23 de Junio de 2017

Felipe Alessandri:

“Santiago es una pituca sin lucas”

En el epicentro de las tomas, recuerda que "el Instituto Nacional pasó del top ten al lugar 101. O sea, el foco de luz de la Nación, como lo llaman, se apagó"."Más de alguna vez mi papá tuvo que ir a mi colegio (Nido de Aguilas) por una embarrada que me mandé".

Por Ximena Torres Cautivo

Felipe Alessandri Vergara (42) se ríe poco y dice que no están los tiempos para andar tirando la talla. "El déficit de 21 mil millones de pesos, sólo en educación, con que me encontré al asumir la alcaldía, más bien me da ganas de llorar".

Sus fórmulas para superarlo son 7x24 y 70-30. La primera es la dedicación total que impuso Piñera en su primer gobierno, del que Alessandri fue director de gestión ciudadana. Y la segunda, su afán por trabajar en terreno. "Soy poco de palacio consistorial. En los barrios, junto a los vecinos, hago la pega", comenta tras el escritorio de su gran oficina con vista a la estatua de Pedro de Valdivia en la Plaza de Armas. Ahí, debajo de esta misma mesa, jugaba de niño con su hermano menor cuando su padre, Gustavo Alessandri Valdés, era el alcalde de Santiago designado por Pinochet (entre 1987 y el 4 de enero de 1989).

A diferencia de su papá, él nunca ha sido pinochetista y fue electo en las urnas, aunque con una bajísima participación. "Un lamentable 24%, ojalá el nivel de abstención baje en la presidencial que viene", dice. En el resto, lo comparten todo: profesión —ambos son abogados—, tienda política —los dos militan en RN— y el físico menudo. Por estos días su papá, de 88 años, estuvo internado por una neumonía, pero ya está recuperado.

También tienen en común haberse casado dos veces. El alcalde es hijo de Constanza Vergara, periodista que dirigió "Paula" posgolpe y que es la segunda esposa de Gustavo Alessandri y la madre de sus 3 hijos menores. "Me casé a los 28 y luego me separé. Siempre son difíciles los quiebres de pareja, sobre todo cuando hay niños. Fue duro, pero tengo a Victoria, una hija de 12 años de ese primer matrimonio. Lo positivo es que ahora hay tres niños que se adoran: Victoria, Susana, de 6, y Felipe, de 4. Y pronto llegará otra hija". Cuando se resolvió que él sería el candidato y no Joaquín Lavín, la psicóloga Alejandra Baumann, su mujer, le puso una condición: "Que tuviéramos otra guagüita".

—¿Eres religioso, Felipe?

—Lo justo. Soy católico, intento llevar a los niños a misa cada dos semanas. Mis padres me inculcaron valores cristianos, que yo trato de pasar a mis hijos.

Del paga-Moya al rompe-paga

Ex alumno del colegio Nido de Águilas, que su mamá periodista eligió, hoy tiene ahí a sus niños. "Fui feliz en él, porque su sistema pedagógico enseña a pensar. Es de estructura horizontal, abierto, laico, liberal, mixto y bilingüe, bien diferente a los colegios tradicionales".

—Muy distinto a los colegios semiquebrados que ahora tienes a tu cargo.

—Me apasiona el tema de la educación pública y sé que la podemos levantar. Creo que he logrado transmitir eso a los rectores, profesores, apoderados, estudiantes. Estamos en un punto de inflexión: o dejamos que las cosas sigan hundiéndose o decimos ¡basta! y recuperamos juntos los 44 establecimientos públicos de Santiago.

—¿Te aflige la pérdida de calidad del Instituto Nacional?

—No sólo del Instituto Nacional, de toda la educación pública. Me preocupa que las demandas sean por tantas causas y nadie se enfoque en la calidad, en lo que está pasando en las aulas. Tenemos un problema estructural profundo, no sólo económico. Lo segundo es resorte exclusivo mío y se resuelve con lucas, lucas que no están. El estándar de la infraestructura de escuelas y liceos de Santiago es pe-ni-ten-cia-rio. Hasta los baños del Estadio Nacional son mejores que los que deben ocupar nuestros estudiantes. Hemos tocado fondo. He invertido la mayor parte de los 6 meses que llevo dedicado fundamentalmente a la Educación.

—¿Cómo se sale de una situación tan crítica?

—Juntos, autoridades, sostenedores, padres, alumnos, recuperaremos la excelencia de nuestros colegios emblemáticos y mejoraremos todos los demás. Trabajamos en eso. Hasta hemos debido vender un edificio patrimonial para paliar el déficit que tenemos en educación.

—¿Ayuda la fórmula del rompe-paga?

—Me sorprende que el rompe-paga provoque tanto revuelo, cuando está en el Código Civil desde 1865. Como abogado, lo conozco desde siempre y es de total justicia. Andrés Bello instauró que los padres deben hacerse cargo de los daños provocados por sus hijos. Más de alguna vez mi papá tuvo que ir al colegio por una embarrada que me mandé yo, y creo que lo mío no es una rareza. Lo raro es la desafección que parecen sentir todos hoy por sus liceos. Hasta el año pasado, la tónica fue "paga Moya". En 2016, el municipio pagó en destrozos 1.200 millones de pesos a causa de las tomas en Santiago. No hay nada que le haya hecho más daño a la educación pública que las tomas, que son una ocupación ilegal, dicho por la Corte Suprema, que impide a la mayoría ir a clases. O sea, ejercer su derecho a la educación.

—En países desarrollados, los padres que apoyan la pérdida de clases de sus hijos son sancionados por los tribunales por atentar contra ese derecho. ¿Se podría alegar acá lo mismo?

—En la administración anterior eran validadas las tomas que surgían de una votación, lo que nace de un concepto erróneo, porque la toma es en sí misma un acto ilegal. ¿Y eso en qué terminó? En destrozos, en la pérdida de excelencia de 7 colegios emblemáticos y en que el Instituto Nacional pasara de estar en los top ten al lugar 101. O sea, el foco de luz de la Nación, como lo llaman, se apagó. Yo, como sostenedor, tengo la obligación legal de asegurar que las clases de los establecimientos bajo mi responsabilidad no se interrumpan. Ese es mi mandato y estoy decidido a cumplirlo y a ejercer mi autoridad. No sé por qué de un tiempo a esta parte causa tanto escándalo el ejercicio de la autoridad.

La moledora de carne

Con su voz quebradiza, su aspecto frágil, su talante serio, cumplido, pulcro, que lleva a algunos a motejarlo de "fome" y a otros de "robot", responde que la reforma educacional ha sido mal planteada. "Tenemos que trabajar sobre todo los procesos de admisión en los colegios. Debemos validar el esfuerzo. No puede ser que el mérito no se premie".

—¿Hablas de pruebas de selección?

—Hablo de que la selección incluya elementos que privilegien el esfuerzo no sólo de los alumnos, también de los padres. Cuando la familia está comprometida con la educación de los niños, todo cambia. Lo he visto.

Pese a lo difícil que parece todo, él lo pasa muy bien. Sobre todo cuando trabaja en la calle, con los vecinos. "¿Dónde te dejo firmado que no me interesa en lo más mínimo ser parlamentario?", pregunta. "Lo mío es la pega ejecutiva".

Aunque declara su amor por Santiago, no vive en la comuna. "Por mi horario y la extensión de mi jornada, privilegio las facilidades para mi familia y vivimos en Lo Barnechea. Mi mujer tiene su oficina a tres minutos de la casa, el colegio de los niños está ahí", explica. "Pero quiero y conozco Santiago, donde fui concejal durante dos períodos. Los fines de semana traigo a mis niños, recorremos las ferias libres. La que más me gusta es la de la calle Esperanza". Pondera la belleza de sectores patrimoniales como el Barrio Huemul, "que es maravilloso y tiene una plaza y un teatro. Yungay también es muy bonito, pero se conoce más. Me encanta el barrio Yarur, donde está Machasa. En ellos, la gente se siente más de su barrio que de su comuna", cuenta, y niega que se trate de personas viejas. "Somos el municipio con más niños en edad preescolar".

Agrega que así como abundan los niños, campean los migrantes. "¡Viva la diversidad! En eso no me pierdo: soy absolutamente pro migrante. ¿Cómo les vamos a cerrar las puertas a personas que han debido dejar su país por situaciones adversas? Además, no podemos negar que hay una xenofobia en ciernes y debemos pararla ya. Lo que más ruido produce en la comuna es que hay chilenos aprovechándose de la desgracia de los migrantes, con arriendos abusivos. En calle Grajales, en un inmueble, descubrimos 33 unidades residenciales dentro de una casa. 80 personas en total. Se incendió; el circuito eléctrico era de 1890. En este tema estamos al debe".

Se apasiona hablando de todos los frentes que debe abordar, incluidas las personas en situación de calle. "Calculamos que hay unas 1.200 en la comuna".

La tradición y alcurnia de su apellido no lo alejan de la gente. "A mí todos me llaman Felipe, nadie me dice señor Alessandri o alcalde. Muchos vecinos incluso manejan mi mail y mi celular. Yo quiero que después de 4 años y, mejor, de 8, la gente diga ‘Alessandri ordenó la casa y la caja. Hizo un buen trabajo'. Mi propósito es mejorar Santiago con ayuda de los vecinos y de los funcionarios", sostiene. También comenta que "Santiago es una moledora de carne. Es una comuna grande, pesada y, en muchos sentidos, anticuada. Hay que modernizarla, porque se le exige mucho. Y para cumplir se requiere una ley de capitalidad".

—¿Qué es eso?

—Contar con un estatus y un presupuesto especial que nos permitan financiar desde el recibimiento a los dignatarios que nos visitan hasta afrontar los destrozos que generan las marchas y protestas, pasando por mantener los grandes parques de Santiago, el Teatro Municipal, el Museo de Arte Precolombino. Somos la cara del país y, a diario, transitan dos millones de personas por el centro de Santiago, cuando los vecinos de la comuna son sólo 400 mil. Debemos hacernos cargo de tener limpia y segura la ciudad con todo ese enorme flujo de gente. Las grandes capitales, Buenos Aires, París, tienen su ley de capitalidad y nosotros no. Nosotros somos literalmente una pituca sin lucas".

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