Viernes 9 de Junio de 2017

Gloria Dünkler, poeta y boxeadora:

“Trato de evitar los circuitos literarios, porque no tomo ni fumo”

La premiada escritora, autora de una compleja obra literaria, cuenta por qué decidió cambiar los libros por el boxeo.

Por Daniel Rozas

Me he puesto a estudiar el boxeo como si fuera a escribir un libro".

"Comencé a boxear porque quería aprender a defenderme", cuenta la poeta y narradora Gloria Dünkler (Pucón, 1977), una gélida tarde en la entrada del gimnasio Team Pardo, ubicado en la calle Diez de Julio.

Cada lunes, miércoles y viernes, la autora de la elogiada trilogía compuesta por los libros "Füchsevon Llafenko" (2009), "Spandau" (2012) y "Yatagán" (2015) espera con ansias el término de su jornada laboral como bibliotecaria en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, para ir a entrenar bajo las órdenes del "maestro" Claudio Pardo, formador de la campeona mundial "Crespita" Rodríguez y de la nueva promesa del boxeo femenino chileno, la chilota Isis Mascareña.

La ganadora de premios como el Municipal de Literatura y el de la Academia Chilena de la Lengua le ha tomado tanto cariño al boxeo, que "lo único que quiero es que pasen las horas para irme a entrenar. A veces me desespero, porque los viernes peleamos con los sparrings, y eso me encanta". Incluso está en conversaciones con las autoridades de la universidad para que su compañera de gimnasio, "la diosa" Mascareña, imparta un taller de boxeo a los alumnos de la escuela.

Proveniente de una familia de artesanos, músicos y pescadores, dice sentirse identificada con la peleadora sureña. "Ella está tratando de abrirse camino en un ambiente masculino y hostil. Yo también comencé desde cero, demostrando mis capacidades, y ese es un camino largo y difícil, donde los frutos sólo se ven al final. Cuando llegué a Santiago, hace quince años, nadie daba un peso por mí".

Admiradora "de la valentía de quienes optan por el compromiso", menciona a la poeta serenense Stella Díaz Varín como una referencia. "Aparte de ser una gran poeta, era una mujer ruda inserta en un mundo de hombres. Más encima era buena para los combos", destaca.

—¿Qué te interesó del boxeo?

—Del boxeo me gusta todo. Como vengo de la literatura, observo con otros ojos lo que me enseñan los profesores. Me interesan los gestos, las palabras y los movimientos. Lo que para los boxeadores experimentados es sencillo, para mí tiene otra connotación. Me he puesto a estudiar el boxeo como si fuera a escribir un libro. Con la misma determinación y rigor".

Vencer los miedos

Después de ganar el año pasado el Premio Pablo Neruda de Poesía gracias a su trayectoria literaria —alabada unánimemente por la crítica especializada—, decidió enfocarse en nuevos desafíos, y se encontró de golpe y porrazo con el descubrimiento de la alegría. "Yo llegué de casualidad al Team Pardo. Lo elegí al azar. Simplemente porque me quedaba cerca del trabajo. No sabía que allí entrenaban boxeadores de élite. Creo que fue una cosa del destino".

"Elegí el boxeo porque me gustan las disciplinas clásicas, pero sobre todo porque necesitaba vencer mis propios miedos", dice, mientras admite que la práctica "a estas alturas es como una droga".

Dice que la ética de trabajo del boxeo guarda un correlato con el oficio poético. "Tras cada golpe hay varias horas de entrenamiento. Lo mismo corre para la escritura. Yo suelo demorarme cuatro o cinco años en escribir un libro, y he aprendido a base de costalazos, de hacerlo mil veces mal".

Escéptica frente a las modas de turno, confiesa sentirse cada vez más lejana del ambiente literario. "Pese a que me ha ido muy bien con los premios, no es algo que yo esté buscando. En general, trato de evitar los circuitos literarios. De partida, porque no tomo ni fumo. Y en segundo lugar, porque no me gusta andar hueveando. Para eso se necesita dinero y tiempo, y a mí no me sobra ninguna de las dos cosas".

Gloria no tiene cuenta de Facebook y sostiene que "la intimidad es el último refugio que nos va quedando". Quizá por eso le gusta tanto el Team Pardo; allí nadie sabe que es escritora. "En el ring soy una N.N.", dice.

—¿En qué se parece la poesía al boxeo?

—La observación es fundamental para desarrollar ambas disciplinas.

—¿Existe algún boxeador que te produzca admiración?

—No, pero me gusta mucho el entrenador de Mike Tyson, Cus D'Amato. ¿Sabes por qué? Admiro su capacidad para sacar del infierno a Tyson. El vio el potencial en un adolescente problemático y con problemas delictuales, y lo transformó en otra persona. Creo que un boxeador no es nada sin un entrenador capacitado.

—¿Qué te emociona de este deporte?

—Hay una gran belleza en cada golpe. El profesor Claudio Pardo siempre nos dice antes de tirar un golpe: "que se vea bonito". Eso me llama la atención, porque significa que el esfuerzo físico tiene que ir acompañado por la proyección de una belleza. En ese sentido, siento que el boxeo tiene su propia poesía.

—¿Qué te ha enseñado el boxeo?

—A ser humilde. A no saber. A comenzar desde cero. A crecer como ser humano.

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