Viernes 19 de Mayo de 2017

Luciano Cruz-Coke retoma su faceta de actor

Schumacher ha vuelto

Dirigido por Alejandro Goic, y después de un largo tiempo dedicado sólo a la política, el ex ministro de Cultura regresa a las tablas con rabia y humor, como el legendario personaje de "Fuera de control".

Por Roka Valbuena

"Mamá". En un pasillo del Teatro Mori del Parque Arauco un susurro muy fino ha salido de la garganta de un ex ministro con sensibilidad artística. Y entonces Luciano, el hijo, abraza a Lucía Carvallo, su madre. Se dan un abrazo elegante, como si acabara de finalizar un disputado partido de polo.

—Te felicito —murmura la mamá y le mira los ojos.

—Gracias, mamá —responde el hijo y ríe con la vista puesta en un montón de focos.

El hijo, Luciano Cruz-Coke, 46 años, quien acumula trece teleseries y un ministerio, libera estrés con una carcajada ante los fotógrafos, recibe palmoteos de actores de izquierda, acaba de salir del escenario y le inmortalizan una gota de transpiración en el parietal: ocurre que, a las 23 horas del jueves, el político de derecha tolerante, el consejero famoso de Felipe Kast, después de seis años ha vuelto a ser un actor. Protagonizó un drama con humor, "Los vecinos de arriba", el encuentro social entre dos parejas, una conservadora sin calentura (Mónica Godoy y el mismísimo Luciano) y otra liberal que colecciona orgías (Catalina Guerra y Cristián Riquelme). Es un teatro con rasgos de swinger. Un éxito en España.

—Estuvo increíble —opina, con tono emocionante, Javiera García-Huidobro, su señora—. ¡Míralo! ¡Creo que está feliz!

A la distancia, en efecto, vemos a un Cruz-Coke aliviado que le estrecha la mano a otro García-Huidobro, a don Jaime, su suegro, una gloria real del polo chileno. Atrás, consternado, mira la escena un actor de Ñuñoa. Según apreciamos, aquí se han mezclado con armonía la amable élite de apellidos con guión junto con los bohemios. El resultado es una velada transversal y feliz. "El arte", avisa un alegre crespo con aura, "no tiene estratos, sólo emociones". "El arte siempre gana", aporta Isabel Aninat, suegra del protagonista, vestida con estilo de París.

—Encarnó a un conservador con histeria. ¿Se asemeja a la realidad? —preguntamos a Javiera.

—¡Para nada! ¡Él no es así!

Luciano, en escena, se enojó, fue neurótico, fue educado, en un momento atrevido besó en la boca a Cristián Riquelme y también lloró. Se dio la casualidad de que sus dos hitos laborales se mezclaron en la misma obra: su actuación, justamente, fue el punto medio entre Axel Schumacher (su rol en la teleserie "Fuera de Control") y el ministro de Cultura.

—Él es siempre Axel Schumacher —opina Beatriz Huber, una espectadora.

—Él es siempre un caballero —opina María José Prieto, la actriz.

Sin bandera

Aparece, de pronto, el candidato Felipe Kast y revela emociones sinceras: "Luciano ha vuelto a su viejo amor". ¿Qué lugar ocuparía él en su gobierno? "Yo creo que sin duda sería ministro del Interior" ("prefiero eso, volver a ser de Cultura sería una lata", diría luego el actor). "Lo amo en todos los sentidos", lanza Gloria Münchmeyer.

—Luciano —lo interceptamos—¿ Y usted cómo está?

—Feliz. La gente se rió.

Pero el morbo rodea esta obra: el actor, Cruz-Coke, vinculado a Evópoli, ha sido dirigido por Alejandro Goic, un izquierdista enfático que trabaja por Guillier. La obra no sólo ha reunido a un público diverso, sino también a dos candidaturas. "En los ensayos nos poníamos a intercambiar opiniones. Chile necesita aprender a dialogar", comunica el actor rumbo a más palmoteos. Alejandro Goic, el director, comenta: "Soy un izquierdista patológico. Pero la izquierda siempre debe ser fraternal, amigable, tolerante".

—¿Puede haber buenos artistas de derecha, Alejandro?

—Mmm. En esos casos yo creo que son izquierdistas camuflados. Y Luciano también.

Se va riendo por un lado, mientras, por el otro, Luciano va de abrazo en abrazo. Todos le dedican un elogio. Le destacan el oficio, magnetismo para la comedia, gran talento para la neurosis. Cruz-Coke agradece. Y, vigilado por la élite y por los chascones, en pleno Parque Arauco empieza a resucitar.

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