Viernes 19 de Mayo de 2017

Diego Santa Cruz Waissbluth, psicólogo y judío observante:

“Mis padres aceptan mi camino”

De familia laica, hoy es un exitoso psicólogo en Nueva York que sigue paso a paso los preceptos de la Torá.

Por Ximena Urrejola B.

Se dice que los judíos observantes causan la separación de las familias. Ahora ven que soy normal, que vivo en el mundo como cualquier otro".

No le parece cuando se le dice que es "religioso". Se declara como "observante". "Me considero observante de la Torá y de las Mitzvot, que son los mandamientos que los judíos debemos cumplir. Se tilda de observante al que estudia sobre judaísmo y lo aplica en su vida. Uno nace como judío y cada uno puede observar en su medida y ser o no religioso. Pero mi camino es ir aumentando los actos de bondad y de bien a través de los preceptos de la Torá".

Vive en Nueva York desde los 26 años y hoy tiene 32. Diego Santa Cruz nació en Santiago y hasta quinto básico estudió en el Instituto Hebreo. En sexto, sus padres decidieron cambiarlo al colegio Nido de Águilas con el objeto de que aprendiera mejor inglés y tuviera una educación más cosmopolita. En esos años de educación aprendió el idioma hebreo y logró mantener en el tiempo a sus primeros amigos, con quienes acudía a Tzeirei Ami, una organización formada por niños y adolescentes judíos y con quienes también iba de campamento en los veranos.

Estaba entre estudiar Filosofía y Biología, pero optó por Sicología en la Diego Portales. Se casó terminando el último año de universidad: "Siempre quise formar una familia y era la prioridad número 1 para mí. Si no fuera por mi señora (la chilena Yona Meirovich), no habría logrado llegar donde estoy".

Con ella partió a hacer un máster en Sicología en la Universidad de Nueva York. Allí nacieron Jaya, Jana y Menuja, a quienes crían, según dice, de manera alegre y saludable. Vendrán más hijos "en la medida en que se vaya pudiendo y con la bendición de Dios". Eligió esta ciudad —y Brooklyn— porque allí vivió su líder espiritual, el Rebe, y porque así podía vivir en el centro de operaciones de Jabad, la organización judía que adhiere a las enseñanzas del rabino Menachem Mendel Schneerson. Se trata de un barrio de cerca de 30 cuadras, con más de 60 sinagogas, cuyo centro es el templo en el número 770 de Easter Parkway, donde rezan cerca de mil personas todos los días.

—Cuando postulé a Becas Chile, el número de ganadores fue de 770. No gané la beca, pero para mí fue como una invitación para venirme a vivir aquí, una señal.

Si se hubiera ganado la beca, habría tenido que volver a trabajar a Chile.

La vida quería otra cosa para él. Terminado el magíster le dieron el premio al mejor clínico de su generación, luego de hacer un internado en el Mount Sinai Hospital, en el Upper East Side, en Manhattan. Luego ingresó al Maimonides Medical Center, en Brooklyn, y hoy se desempeña en una clínica privada donde atiende cerca de 50 pacientes a la semana. Mientras no tenga su residencia definitiva no puede tener su propia consulta.

En la comunidad judía lo conocen como David Kadosh, que traducido al español significa algo así como David "santa". En la consulta, sus pacientes lo llaman Diego Santa Cruz. Trabaja de nueve a seis o siete de la tarde, atiende entre 10 y 12 pacientes diarios que sufren de depresión, adicciones, esquizofrenia, trauma o bipolaridad, enfermedades muy graves que —asegura— logra mantener estables en sus pacientes y en quienes también aplica preceptos de la Torá.

El viernes trabaja hasta las tres de la tarde, cuando se alista para el Shabat o Día del Descanso. Desde el atardecer hasta que aparecen las primeras tres estrellas en el cielo del día sábado es cuando más se encuentran. "Lo dedico a la familia y al servicio de Dios. Es el día en que puedes hacer mucho; conectarte con Dios y con los tuyos, comemos en familia".

—Perdona la ignorancia, pero tenía entendido que ese día no se podía hacer nada, ni prender la luz.

—El concepto es que el trabajo se hace durante la semana. Se deja cocinado de antes, pero se pueden preparar ensaladas, calentamos la comida. También es el día en que puedo dormir la siesta. Después voy a la sinagoga y en la culminación del Shabat somos más de mil personas cantando melodías jasídicas.

Su idea es quedarse a vivir en Estados Unidos. "No es que encuentre que es mejor que Chile, pero es aquí donde tengo las oportunidades. Tengo un trabajo estable, mi señora también, las niñitas tienen sus amigas. Sí echo de menos a mi familia".

Con un padre nacido católico, Francisco Santa Cruz, y una madre poco observante, Mónica Waissbluth, lo que más le costó es que sus padres aceptaran su elección de vida.

—¿Por qué elegiste este camino, teniendo una familia laica?

—Mi bisabuelo me enseñó a rezar. Cuando él falleció, por alguna razón se me rebeló más el judaísmo. Viajé a Jerusalén. Pero fue muy difícil para mis papás, no sé si porque tenían miedo o por la percepción que tenían de los judíos observantes. Se dice que causan la separación de las familias, que nos aislamos. Fue un proceso bastante complicado que ellos aceptaran mi camino. Ahora que ven que soy una persona normal, que vivo en el mundo como cualquier otro, están contentos y hay mucha tolerancia.

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