Viernes 19 de Mayo de 2017

Charles de Bournet Marnier Lapostolle, gerente de Viña Lapostolle:

“Mi primer encuentro con el pisco en Chile fue con la piscola, una barbaridad”

La viña de origen francés, recomprada a Campari por su familia, cambiará de nombre este mes.

Por Carolina Méndez

Queremos instaurar la cultura por el vino rosé que tomamos todo el día en Francia y que en Chile todavía no es apreciado".

"En los once años que llevo aquí, he ido chilenizando mi forma de hablar. Todavía no hablo con una papa caliente en la boca; el acento en Chile no es regional, es social", dice a modo de broma en perfecto español el francés Charles de Bournet Marnier Lapostolle (36), gerente general de Viña Lapostolle.

Se sienta relajado en su oficina de Alonso de Córdova, una especie de loft ambientado con un bar, donde se lucen botellas de vino Lapostolle y piscos premium de la línea Kappa. El corte de sus pantalones muestra sus calcetines de un rosado intenso, que hacen juego con su camisa. "Me gusta vestirme al estilo francés, con estos colores. La sofisticación, como en la moda, también está en el vino. Este traje es de mi abuelo, Jacques, quien murió hace dos años. Yo mido 1,84 y él medía 1,72. Como él usaba todo más largo, sus trajes me quedaron perfectos".

En la familia Lapostolle, los recientes dos años han sido de cambios. En octubre de 2015 falleció Jacques Marnier Lapostolle, abuelo de Charles y presidente de la transnacional. En 2016 la familia decidió vender el holding Gran Marnier (matriz de Lapostolle en Francia) al grupo italiano Campari en US$ 750 millones, que adquirió el Gran Marnier (licor de lujo mundialmente conocido), la viña en Francia, el Château de Sancerre, el edificio del grupo en París, la casa familiar en el sur de Francia (con un jardín botánico de 15 hectáreas) y la viña en Chile.

Tras seis meses de negociaciones, la madre de Charles, Alexandra Marnier Lapostolle y fundadora de Lapostolle en Chile, recompró la viña del valle de Colchagua, incluyendo la infraestructura, la producción de pisco y el hotel Lapostolle Residence. "Seguimos siendo los dueños de Lapostolle en Chile; nos proyectamos aquí por mucho tiempo más", dice el ingeniero civil, quien asumió la gerencia general en 2013.

Pero una de las condiciones de Campari fue que la familia de Charles no siguiera utilizando la palabra Marnier; este mes la viña pasará a llamarse Domaines (dominio en francés) Bournet-Lapostolle. "Alexandra Marnier Lapostolle se casó con Cyril de Bournet, mi padre. Juntos crearon todo esto en Chile; el nombre representa la unión de los dos".

El tatarabuelo, Jean-Baptiste Lapostolle, era dueño de una destilería en París, y su hijo Eugenio descubrió en el sur de Francia la región del coñac. Luego su hija Julia Lapostolle se casó con Alexandre Marnier —cliente de la destilería de su suegro—, quien creó a fines del siglo XIX el Grand Marnier. "En Francia se delega a los hijos sólo el apellido paterno; Alexandre lo cambió a Marnier-Lapostolle por amor a su mujer".

El ejecutivo dice que la viña Lapostolle, de 370 hectáreas (cuyo vino Clos Apalta, de $120 mil la botella, fue número uno en la revista Wine Spectator el 2008), fue objeto de "una racionalización. Lanzamos los vinos que nos faltaban y cortamos los que no eran necesarios; nos estamos reenfocando". También están potenciando sus vinos rosé. "Queremos instaurar la cultura por este vino que tomamos todo el día en Francia y que en Chile todavía no es apreciado".

"El pisco debería unirnos"

Soltero, sin hijos, Charles llegó a vivir a Santiago a los 25 años. "Vine un 17 de septiembre de 2006 y estaba todo cerrado. No conocía a nadie, pero sabía el idioma, desde niño tuve una niñera española".

Nació en Suiza y creció en Ginebra escuchando del Gran Marnier y del mundo vitivinícola. Sus padres, quienes viven en Londres, fundaron en Chile la Viña Lapostolle en 1994. Durante esos años él venía a esquiar a la Parva. Estudió microtecnología (ingeniería civil) en la Escuela Politécnica Federal de Lausana en Suiza y en 2004 se integró a una empresa líder mundial de perfumes Firmenich, con base en Ginebra, donde estuvo dos años.

En Lapostolle, comenzó a desarrollar el mercado del pisco en 2008 y tres años después lanzó la línea Ultra-Premium de pisco Kappa. "Mi primer encuentro en Chile con el pisco fue con la típica piscola, que es una barbaridad, la sirven con un nivel de alcohol brutal"..."Me da igual que haya mucho aguardiente peruano, porque a la larga el consumidor reconoce la calidad y hoy día hemos comprobado con Kappa que el mejor pisco se hace en Chile. Pero ojalá hubiese más pisco detrás de un bar, porque debemos generar interés en esta categoría de destilados. En los bares del mundo hay miles de variedades de ron, vodka, whisky, pero no hay pisco", plantea.

Estos días, el ejecutivo viajará a Perú para ampliar los horizontes de Kappa. "Tengo un lema que es un dicho de Napoleón: ‘Lo imposible no es francés'. La sofisticación del pueblo peruano en la gastronomía es muy alta y estoy seguro de que, como muchos chilenos, hay muchos peruanos orgullosos de su producto, pero que buscan comer o beber lo mejor. Kappa fue elegido no sólo mejor pisco, también mejor espirituoso blanco del mundo en los San Francisco Spirits Competition en 2015; reconocerán su calidad".

—¿El pisco es chileno o peruano?

—Me da risa la discusión. El libro de Pablo Lacoste, "El pisco nació en Chile", demuestra que la primera mención histórica de la palabra pisco fue en Chile en 1733. Se refiere al Chile de hoy, pues en esa época ambos países no existían como tales y eran parte del imperio español. La historia del pisco pertenece al norte chico, que estaba formado por el sur de Perú y el norte de Chile. Además, esta pelea es joven, desde hace 30 años. La división nunca es buena, y tal como Francia y Alemania en Europa, Chile y Perú unidos pueden ser el motor del desarrollo económico y social de América Latina. Donde falla la política, el pisco debería unirnos.

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