Viernes 17 de Marzo de 2017

Lorena Amaro:

“Hay una cosa muy sacerdotal en la crítica literaria chilena”

Desde la Revista Santiago (UDP), esta doctora en Filosofía se está convirtiendo en una de las nuevas voces de la crítica literaria chilena. Su trabajo ya ha sido valorado por gente como Adriana Valdés.

Por Martín Romero E.

"Durante mucho tiempo trabajé con literatura chilena de la primera mitad del siglo XX. Siempre decía que trabajaba con escritores muertos".

La frase es de Lorena Amaro (45) y da cuenta del cambio que, desde hace ocho meses, ha tenido que enfrentar esta doctora en Filosofía: transformarse en una de las nuevas voces de la crítica literaria chilena (ver red).

Y es que los cinco mil caracteres que escribe semanalmente para la Revista Santiago de la UDP, gracias a un llamado a finales del 2015 de su editor Álvaro Matus, no sólo se viralizan rápidamente por Twitter y Facebook, sino que también la convirtieron en uno de los centros del mundillo literario nacional.

"Uno se entera de repente de cosas que han molestado o te hacen algún comentario, pero este no es un tribunal. O sea, yo no imparto justicia", comenta esta profesora del Instituto de Estética de la UC, donde se ha especializado en narrativas autobiográficas.

En el otro extremo, están los comentarios de Adriana Valdés, una de las figuras más importantes de la crítica cultural, quien valoró públicamente su trabajo.

A La Segunda, en diciembre del año pasado, señaló: "Me gusta. Creo que había un capital bastante grande de conocimiento literario en las universidades. Ella está haciendo el esfuerzo de hacer reseñas que puedan llegar a un público más general".

Conflictos de interés

—¿Qué te pareció ese comentario de Adriana Valdés? De cierta manera te ungió como crítica

—Fue inesperado. Fue bonito y se lo agradecí porque me pareció que era algo generoso. No siempre la gente que está en esos lugares es generosa. Por ejemplo, los escritores son muy pocos generosos entre ellos. Ahí hay personas como Gonzalo Contreras, que dicen no leer a los jóvenes. Además, sentí que alguien me estaba leyendo, que es la gran duda que tienes siempre.

—Has sido pareja de un escritor y has tenido contacto con muchos escritores. ¿Como has manejado el tema de tu independencia?

—Virginia Woolf decía que la literatura es una telaraña que está cocida a la realidad por los cuatro costados. La literatura es política, es social, y en ese sentido es muy difícil que se produzca esa supuesta independencia del crítico. Y en un mundo literario tan pequeño como el nuestro es más complejo: aquí muchos operan al mismo tiempo como editores, críticos, periodistas o escritores. Las mismas personas que participan en las deliberaciones del Consejo del Libro, donde se eligen las mejores obras del año, también entregan las becas de creación, donde se asignan fondos.

—Y en ese contexto ¿cuál es tú límite?

—En la revista lo dejamos claro desde el comienzo y está puesto por editoriales como Montacerdos, sobre la cual no he escrito porque soy muy cercana a ese proyecto. Y como Álvaro Matus es editor de la revista y también en Hueders, esa editorial también ha sido descartada.

"La crítica no es pura maldad"

—Entraste a la crítica en un momento difícil, hay muchos escritores quejándose sobre su nivel. El año pasado le dieron duro a Patricia Espinosa

—A la crítica chilena siempre la están vilipendiando. Ya en 2006 Patricia Espinosa organizó un coloquio en el que se asumía que había un malestar con la crítica por la pésima herencia cultural que nos había dejado el llamado "monocrítico". Lo peor es que ese "monocrítico" no se ha extinguido: hace poco le publicaron un libro al cura Valente en la Editorial Universitaria, lo que generó un malestar. Y yo lo entiendo, porque ¿para qué lo publican? Ahora, tampoco la crítica chilena es pura maldad, personas como Adriana Valdés han impulsado un quehacer más abierto; porque hay que ver la historia de la crítica en Chile: uno de los primeros críticos de este país era un sacerdote que se hacía llamar Omer Emeth, que significa "el que dice la verdad". Hay una cosa muy sacerdotal en la crítica literaria chilena y hay que despercudirse de eso.

Amaro dice que el ideal es que el lector pueda escoger a su "crítico amigo"; "al que tú le crees porque tiene una comprensión del mundo similar a la tuya".

—¿Cuál es tu crítico amigo?

—Fueron muy buenos críticos Alejandro Zambra y Álvaro Bisama, que renunciaron en algún momento no sé si porque se cansaron o se aburrieron. "No leer" es uno de los mejores libros de Alejandro, a mí me gusta mucho, tal vez con sus novelas me peleo más. De Bisama, con toda su bizarrería, me parece interesante la cultura literaria que tiene. Recuerdo también los buenos tiempos de Camilo Marks. También una crítica muy importante para mí es Soledad Bianchi. Su escritura rompió moldes académicos en Chile.

—En tus críticas hablas bien de Arelis Uribe y Nona Fernández. Pero no tanto de Matías Correa ni Germán Marín. ¿Qué te parece la literatura chilena de hoy? Muchos hablan de que ha optado por modelos más bien autorreferenciales

—Me gusta leer literatura chilena, pero creo que en estos momentos se ha abusado un poco de la llamada ‘literatura de los hijos', o de las voces infantiles. Te puedes encontrar con buenos textos, pero me agota cuando nuevamente aparece el tema de la infancia y a veces me pregunto si se puede decir algo diferente.

VOLVER SIGUIENTE