Martes 31 de Enero de 2017

Hacienda San Miguel de las Palmas, Marchigüe

Fuego arrasó con ex convento de los Jesuitas, de alto valor patrimonial en la VI Región

Por el predio que está en medio del valle de Colchagua pasaba el antiguo tren hacia Pichilemu.

Por Daniela Sánchez, desde la VI Región

Manuel me dijo por teléfono que toda la gente va a arrancar porque viene el incendio bramando como el mar". Paulina Arenas, heredera de la hacienda.

La destrucción fue total. Durante tres días —entre el viernes 20 y domingo 22 de enero— el fuego consumió completamente la Hacienda San Miguel de las Palmas, ubicada a 18 kilómetros de Marchigüe (VI Región), reduciendo a escombros la construcción de adobe de alto valor patrimonial.

Tejas, cocinas de fierro, vigas de madera, respaldos de catres y chimeneas de piedra son los únicos objetos que quedaron de la construcción de 4 mil metros cuadrados que funcionó en el siglo XVI como un convento jesuita.

Paulina Arenas, viuda de uno de los dueños del predio, camina entre los restos de la casona con nostalgia.

Va indicando el lugar de cada habitación y pasillo, recreaando cada uno de los rincones. "Me sentía tan protegida en estos muros", dice.

Desde el Consejo de Monumentos Nacionales de la VI región, Eduardo Contreras, explica: "Cuando se visitó la casona en 2010 se comprobó que conservaba una arquitectura patrimonial típica colonial chilena. Se encontraron elementos únicos como la capilla y elementos decorativos. Era una casa de antigüedad y valor patrimonial importante".

500 años de historia

Para llegar hasta lo que queda de la hacienda hay que recorrer el Valle de Colchagua: un paisaje de montañas y un valle repleto de plantaciones. Desde San Fernando a la costa la ruta continúa por Placilla, Nancagua, Santa Cruz, Palmilla y Peralillo hasta Marchigüe, ciudades que —si no fuera por el aire enrarecido— pareciera que funcionan sin problema.

Sin embargo el incendio —que partió el 18 de enero— consumió 15 mil hectáreas y mantiene el humo en el horizonte.

Durante el siglo XVI el terreno de la hacienda perteneció a los jesuitas, quienes construyeron 4 mil metros cuadrados allí entre la casa patronal y sus alrededores. El resto del predio estaba destinado al cultivo de trigo y legumbres, además de una viña, la que desapareció cuando decidieron plantar pinos.

Hace 90 años se encuentra en poder de la familia Förster. Por el campo pasaba el antiguo tren que llevaba a Pichilemu y aún es posible ver el túnel El Árbol, que data de comienzos del siglo XX y que fue declarado Monumento Histórico en 1993. Sólo porque está construido de piedra, el incendio no logró destruirlo.

"No quedaba agua"

Paulina Arenas, viuda de Guillermo Förster y heredera de casi 900 hectáreas de la hacienda, se emociona cuando cuenta la historia de la casona, porque —confiesa— es la historia de su familia. Dice que en ella había corredores, corrales, una sala de estar con una gran chimenea de piedra (una de las pocas construcciones que quedó de pie), una capilla y casi diez habitaciones. Cada una de ellas tenía en su interior aparadores, catres, peinadores, lámparas gigantes, loza y cristales.

"Había una alacena que venía del convento, y sus puertas tenían dibujos, como la de la casa. También había una mesa virreinal. Todo eso se quemó", dice.

El 17 de enero Paulina viajó a Santiago buscando a alguien que arreglara el tendido eléctrico del predio.

Tres días después, el viernes 20, el fuego llegó a la hacienda. Ella no alcanzó a regresar. Ese día llamó por teléfono a Manuel, el cuidador del terreno, a las siete de la mañana. "Estoy arriba de un cerro. El fuego viene a unos 4 kilómetros. Toda la gente va a arrancar porque viene el incendio bramando como el mar", le respondió. Y cuando Arenas le pidió que mojara su casa para evitar que se quemara, Manuel le contestó que no quedaba agua.

Unas horas más tarde, una vecina la llamó para contarle que el desastre estaba cerca: "Me dijo que el fuego no lo pudieron atajar en Carrizal y que se pasó a San Miguel. Y que a los Förster sólo nos quedaba rezar", cuenta.

Ahora, la hacienda es de un gris oscuro. El lugar donde antes se podían ver grandes muros de adobe, está repleto de escombros. Un bosque de árboles sin hojas y tierra cubierta de cenizas rodea lo que fue la casona de la Hacienda de San Miguel de las Palmas.

—¿Qué va a hacer con la casa?

— No sé qué hacer con ella, ahora está como bombardeada. Esto tiene historia, se quemó parte de mi historia y de la familia de mis hijos.

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