Lunes 16 de Enero de 2017

“La basura es un invento del ser humano moderno”

La arquitecta Macarena Guajardo plantea llevar una vida sin desechos: su cepillo de dientes es de bambú y su pasta dental de aceite de coco.

Por Daniela Sánchez M.

Lavo la ropa con bicarbonato de sodio y uso champú y lavaloza biodegradables".

La primera vez que viajó a Berlín fue en 2011. Allá, Macarena Guajardo (28), mientras estudiaba un máster en Arquitectura Sustentable, se dio cuenta de que en todos lados había contendores comunales para separar la basura y, que en los supermercados, las personas llevaban bolsas de género. Es decir, todo era muy diferente a Chile. Un año después, viajó a Haití como voluntaria, y allá el contraste fue radical.

"Como hay poco acceso al agua potable y hace tanto calor, las personas compran bolsitas desechables de agua, entonces tomas y botas, tomas y botas. Caminas por calles de plástico. Después volví a Chile, en 2013, y me sentí como en Haití, porque acá tampoco pasaba nada, me dio mucha impotencia. ¿Por qué nadie hace nada?", dice.

Empezó por la arquitectura y la reutilización del material, con la página web Basural.

Pero en 2015 el interés por la basura fue más transversal y multidisciplinario, por lo que pasaron a llamarse Fundación Basura. "No vemos sólo reutilización, porque entendemos que hay un concepto mucho más amplio, que es Basura Cero".

—¿Cómo vives sin basura?

—Lo primero es dejar de consumir cosas de un solo uso, como las botellas plásticas. Yo ya tengo mi botella y mis bolsas reutilizables, y siempre que salgo pido un vaso sin bombilla. En mi casa tengo una compostera y en la logia tengo unas bolsitas donde separo la basura. Tengo cepillo de bambú y hago mi propia pasta de dientes con aceite de coco, un poquito de bicarbonato de sodio y aceite esencial de menta, que también sirve como desodorante.

—¿Tampoco usas detergentes para lavar la ropa o la loza de la cocina?

—En mi cocina tengo una luffa (esponjas naturales) y todas las superficies las limpio con vinagre blanco y bicarbonato. Muchas veces lavo la ropa con bicarbonato de sodio, y trato de usar champú y lavaloza biodegradables. Verme haciendo aseo es lo más decidor, porque todo tiene su lugar: si no tengo dónde poner algo, si no puedo compostarlo o reciclarlo, entonces tengo que dejar de consumirlo.

—¿Cuál fue el hábito que más te costó cambiar?

—El de la copita menstrual (un dispositivo de silicona hipoalergénica). Me daba miedo, pero ahora no me arrepiento, me encanta y no volvería jamás atrás. Me cambió la vida, no sólo ambientalmente sino que como mujer. Además, te ahorras mucha plata porque dura entre cinco y diez años y gastas $20 mil. En cambio, en toallas higiénicas puedes llegar a gastar $200 mil.

—¿Qué quiere decir que la basura no exista?

—Es simple: ¿de dónde sale todo? De la naturaleza, y en la naturaleza no existe tal cosa como algo que no sirve. El concepto de basura es un invento del ser humano moderno para denominar a ciertos objetos que ya no tienen utilidad en el mercado. Para nosotros la basura no existe, porque todos los objetos que usamos están compuestos por materias primas, que tienen un valor, y podrían ser utilizados para nuevos procesos. El reto realmente es diseñar todo para que pueda ser recuperado.

—¿Qué te dice la gente cuando le comentas que vives sin basura?

—Me dicen que estoy loca. Pero harta gente me dice que lo encuentra súper bueno y creo que he logrado inspirar a ciertas personas. Tengo amigos que me dicen: "¿Sin basura? Eso es imposible". Pero nada es imposible. Quizás hoy es impensable que no generemos basura, pero si lo visualizamos en un futuro es posible.

—¿Cuál es el rol de las personas en la reducción de la basura?

—El rol del consumidor es uno de los más importantes. Tiene la tarea de impactar a las comunidades y hacer que se empoderen, porque solo quizás no vas a lograr un cambio.

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