Jueves 12 de Enero de 2017

Roberto Taverne se llevó medalla en EE.UU.

Partió con instrucciones sacadas de Google y creó un vodka chileno

Por Antonio Maldonado F.

Nadie en Chile sabía cómo hacerlo. Aquí saben cómo hacer pisco, pero nada más"

Lo que empezó como un viaje para sembrar truchas en la isla San Fernando de Chiloé hace cinco años, se transformó en un cambio de vida. El agricultor Roberto Taverne se enamoró de la isla y decidió quedarse ahí. Buscando qué hacer, se centró en el potencial de la papa. Lo combinó con el conocimiento que por familia le venía del mundo de los licores, pues su abuelo era el importador de marcas como Ballantine's en los años '80. La idea era hacer un destilado. Tenía el almidón de la papa y el agua fresca de la isla. Se puso como objetivo crear el primer vodka premium del país. Tras meses de intentos, lo logró. Lo llamó Sirena de Chiloé y en seis meses ha vendido más de 2 mil botellas. En octubre, obtuvo una medalla de bronce en el New York International Spirits Competition.

— ¿Qué tan difícil puede ser lanzar un producto en un país sin tradición?

—Bastante, nadie en Chile sabía cómo hacerlo. Aquí saben cómo hacer pisco, pero nada más. Me topé con la sorpresa de que muchos lo habían pensado, pero nadie lo había concretado. Al final tuve que arreglármelas sólo, usando instrucciones sacadas de Google. Hace tres años traje un alambique de Suiza, con el que hacía una botella al día. Se las daba a mis amigos, todos lo encontraban muy bueno, y a nadie le dolía la cabeza al día siguiente.

— ¿Este vodka evita la resaca?

—Al estar hecho en base de almidón —a diferencia de otros tragos, en base a grano— lo hace mucho más sano. Es libre de gluten y además, se deja el destilado más puro. No hago lo que hacen los grandes, que meten todo a la botella y al otro día da un dolor de cabeza insoportable.

—¿Has tenido ayuda especializada?

— Tengo unos socios estadounidenses, que son los dueños del lugar donde he desarrollado este proyecto. Con respecto a la producción, después de trabajar con varios enólogos me quedé con Heinrich Männle, dueño de la viña Männle. Un día pasé a saludarlo, él tenía vino y yo tenía vodka y nos hicimos amigos inmediatamente, fue amor al primer trago.

— ¿Cuál es tu competencia?

—Creo que no tengo competidores, en la calidad del vodka llega un punto en el cual hay que ser demasiado entendido en el tema para saber cuál es mejor o peor. Es como elegir entre un Mercedes y un BMW.

—¿Has pensado en exportar?

—Con el premio, aparecieron interesados de EE.UU., Suiza y España. Pero no me apuro, quiero avanzar a mi ritmo y salir al extranjero no es prioridad aún.

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