Miércoles 11 de Enero de 2017

Carmen McEvoy, historiadora peruana:

“No hay que meter la guerra bajo la alfombra”

Aunque algunos en su país la ven como una estudiosa filochilena, llama a abordar la Guerra del Pacífico sin nacionalismos.

Por Ximena Torres Cautivo

Lo que habría que hacer es tomarnos la guerra en serio... Analizar cómo este conflicto trinacional influenció la forja de nuestra cultura política".

"Sorry, pero el pisco sour es peruano", dice la historiadora nacida en el Callao, Carmen McEvoy (65), sin demasiada diplomacia, pero con honestidad a la hora de abordar los conflictos entre su país y Chile.

Su libro "Guerreros civilizadores", publicado en Santiago en 2010 por Ediciones UDP y reeditado por la Pontificia Universidad Católica de Perú, es uno de los destacados de 2016 por la prensa limeña. Aborda "los aspectos políticos, sociales y culturales de la Guerra del Pacífico, que fueron dejados de lado por la interpretación militar y económica de la misma". Desde Sewanee, Tennessee, donde vive desde hace 20 años como profesora de Historia Latinoamericana en The University of the South, responde cuando le preguntamos sobre un título que nos suena a contrasentido: "Sí, el título es un oxímoron, ya que no existe una guerra civilizadora. La idea de ‘civilizar' a los enemigos es la matriz del discurso justificatorio chileno que analizo a lo largo del libro".

—¿Cómo titularías un libro hecho desde el relato peruano del conflicto?

—"La guerra que nos quebró", si se tienen en consideración las consecuencias políticas, morales y económicas que el conflicto trinacional nos dejó.

—Sé que en escuelas chilenas con fuerte presencia de migrantes peruanos, los profesores prefieren saltarse la Guerra del Pacífico. ¿Cómo explicarías el conflicto a los pequeños estudiantes?

—En "Chile-Perú; Perú-Chile. 1820-1920. Desarrollos políticos, económicos y culturales", del chileno Eduardo Cavieres y el peruano Cristóbal Aljovín, se opta también por meter la guerra debajo de la alfombra. Un "atajo histórico" para mejorar, probablemente, las relaciones binacionales, con el que de verdad no concuerdo. Lo que habría que hacer es tomarnos la guerra en serio. Si nos planteamos convertirla en historia, con su contingencia, luces y sombras, será posible analizar cómo este conflicto trinacional influenció la forja de nuestra cultura política. Hay que mirar la guerra en sus múltiples facetas para que no penda como un fantasma sobre nuestro presente y futuro, que debe ser de integración y cooperación.

Ahora está escribiendo un libro con el chileno Gabriel Cid, donde se muestra la estrecha relación entre la Guerra del Pacífico y la Guerra Civil de 1891. "Distanciamos la Guerra del Pacífico de la Guerra de la Independencia y de la Guerra de la Confederación, una trilogía machacada una y otra vez por la historiografía tradicional en Chile, y la acercamos a la escalada de la violencia en el Chile contemporáneo", afirma.

En 2001, obtuvo una beca Guggenheim que le permitió investigar en Chile archivos sobre la Guerra del Pacífico. "Ese estudio no afectó para nada mi relación con mis amigos chilenos". Al prescindir del estilo belicista, Carmen aparece para algunos como "filochilena", pero su análisis no responde a criterios nacionalistas.

—Hoy la Plaza de Armas de Santiago es llamada "la pequeña Lima" por la presencia de migrantes peruanos. ¿Cómo influirá ese flujo en nuestra relación?

—Pese a que existe un racismo abierto y soterrado frente a los migrantes peruanos, el movimiento poblacional ha posibilitado un encuentro cultural entre Perú y Chile. Desde la comida, nuestro pisco sour, sorry de nuevo, hasta la procesión del Señor de los Milagros en las calles de Santiago, el Perú existe en la cotidianeidad chilena. Los chilenos ahora entienden mucho mejor la capacidad de trabajo, la alegría de vivir y el inmenso acervo cultural que traen los miles de peruanos que hacen de Chile su hogar permanente. A pesar de los tradicionales detractores del Perú, muchos están reconociendo los efectos benéficos de este encuentro, cuyo producto son niños peruano-chilenos. Nuevas generaciones que ayudarán a mejorar nuestra complicada relación.

—El fallo de La Haya en el diferendo marítimo ¿qué consecuencias tiene para los pueblos de ambos países?

—Para Perú significa el cierre definitivo de su frontera Sur. Sin embargo, hay algunos pendientes que se resolverán con la buena voluntad de ambas partes. Además del tema geopolítico y del éxito de la diplomacia peruana, lo ocurrido en La Haya es un triunfo simbólico que le hace mucho bien al Perú. Nuestro crecimiento económico, la revolución culinaria que nos ha posicionado en el ranking mundial, unido al rescate de nuestra fabulosa diversidad cultural, ubican al Perú en una situación expectante de cara al siglo 21. Espero que en esta nueva etapa de revolución tecnológica e incertidumbre política y social logremos la integración económica con Chile, basada en la amistad republicana y el respeto recíproco. De esa manera honraremos la memoria de Bernardo O'Higgins, quien veía a nuestras jóvenes naciones como repúblicas complementarias, destinadas a bregar juntos frente al mundo.

Ahora, cuando las expectativas económicas de Perú son harto más alentadoras que las de Chile, le planteamos si es posible imaginar migración de chilenos a Perú. "La migración inversa será una consecuencia natural de ese crecimiento, que se perfila en un 5%, junto con una mayor inversión de capitales peruanos en Chile. Ya existe una comunidad chilena en el Perú y, hasta donde yo sé, son tratados con respeto. No veo que eso vaya a cambiar".

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