Miércoles 11 de Enero de 2017

La promesa incumplida de Obama

Gonzalo Baeza

"En justicia, pocos podían prever el clima obstruccionista que esperaba a Obama en el Congreso".

El día que Barack Obama fue electo Presidente de Estados Unidos, me encontraba en Orlando, Florida. El Partido Demócrata instaló una pantalla gigante en una plaza cercana a su sede y miles de personas se reunieron para ver el discurso que pronunciaría en el Grant Park de Chicago. Por la mañana trabajé como voluntario para una organización que llevaba gente a votar. Me tocó ser chofer de una mujer de 95 años, colombiana nacionalizada estadounidense, que nunca antes había votado. En el local de votación me dejaron acompañarla y mostrarle en qué parte de la papeleta —llena de nombres de candidatos a concejal, sheriff y otros cargos— aparecía Obama, la única persona que le interesaba.

Esa noche la gente bailaba en la calle, escena que se repitió a lo largo del país. Ocho años después, conviene preguntarse qué pasó con ese entusiasmo. La administración Obama ha sido marcada por su incapacidad para lograr los grandes acuerdos bipartidistas que en los 90 consiguiera el demócrata Bill Clinton ante una oposición que controlaba el Congreso, o como lo hiciera el republicano Ronald Reagan en los 80, enfrentado a una mayoría parlamentaria opositora.

En justicia, pocos podían prever el clima obstruccionista que esperaba a Obama en el Congreso. Salvo un plan de estímulo fiscal y el Obamacare, son pocas las grandes leyes que conforman su legado. A sólo dos años de asumir, los demócratas perdieron el control de la Cámara de Representantes y en 2014 perdieron el Senado. En estos ocho años, el partido ha perdido a más de mil representantes electos a lo largo del país, incluyendo 68 representantes y 12 senadores en el Congreso.

La tibia recuperación económica tras la crisis de 2008, con crecimientos económicos del 2% y sueldos estancados, ayudó a la oposición republicana a ganar terreno a nivel nacional. Si bien la tasa de desempleo, que en los momentos más álgidos de la crisis llegó al 10%, hoy ha sido reducida a la mitad, la tasa de participación en el mercado laboral es la más baja en tres décadas.

Ante la incapacidad de operar por la vía legislativa, Obama recurrió en su segundo mandato a las órdenes ejecutivas en temas como la protección del medio ambiente —Trump ha prometido anular muchas de estas normas— y se concentró en materias diplomáticas. Entre estas últimas, figura el restablecimiento de relaciones con Cuba y el acuerdo nuclear con Irán, que ha despertado la ira de una coalición bipartidista que quiere endurecer la relación con Teherán y espera que Trump desmantele el trato.

Para la historia quedan las grandes promesas incumplidas, como cerrar la prisión de Guantánamo o una reforma migratoria, así como la continuación de políticas de la era Bush que alguna vez Obama criticó como candidato, incluyendo los programas de espionaje doméstico y las interrogaciones rayanas en la tortura a prisioneros de guerra.

Redacción

Marcelo Sánchez Fundación San Carlos de Maipo

Inimputables en Chile

El Presidente de Argentina, Mauricio Macri, propuso discutir una reforma al código penal en orden a reducir la edad mínima de responsabilidad legal a los 14 años, situación vigente en Chile desde el inicio de ley de Responsabilidad Penal Adolescente (Ley 20.084).

El sistema penal chileno, de acuerdo a los parámetros establecidos en la Convención de los Derechos del Niño, establece una reacción diferenciada frente la comisión de un delito, atendiendo a la edad de la persona, haciendo una precisa distinción entre sujetos imputables e inimputables.

El sistema penal adolescente no es en ningún caso —o no debiera serlo— una derivada del sistema adulto, pues su objetivo central es la rehabilitación y el desestimiento por la vía de mecanismos positivos de revinculación social.

La población menor a 14 años que comete delito corresponde a unas 5 mil personas (Subsecretaria de Prevención del Delito, 2013). Pero hay poca uniformidad en el acceso y en la calidad de la información. Además de las dificultades para el correcto diagnóstico de la magnitud de la población, la cobertura de oferta programática especializada es muy limitada y son pocos los programas que cuentan con evidencia comprobada de resultados (la terapia multisistémica ha mostrado resultados promisorios en Chile, pero falta cobertura).

La carencia de un diagnóstico adecuado y una eficaz oferta programática para los "inimputables" redundará en el número y naturaleza de los delitos que cometan. Si cerca de la mitad de los internos de las cárceles ha pasado por el sistema de justicia juvenil o de protección, observamos que el sistema no está entregando una respuesta a procesos de inserción efectiva que rompan con la lógica de la exclusión social.

Necesitamos poner el foco en los niños que, no teniendo edad de imputación legal, carecen de apoyo para evitar un mayor involucramiento en conductas antisociales. La oportuna intervención sobre esta población facilita trabajar sobre los factores de riesgo delictivo, desde la prevención y no sólo desde la reparación. No debemos olvidar a los niños que, por estar en calidad de inimputables, no acceden a mecanismos de protección eficaces que restituyan su desarrollo positivo alejado del delito. Es una oportunidad para que ampliemos la mirada hacia la infancia más olvidada.

El remezón electoral de Goic

"Goic tiene la posibilidad de revalorizar un liderazgo femenino venido a menos con Bachelet, auténticamente inclusivo pero competente, resolutivo".

El triunfo de Carolina Goic en las elecciones de la mesa nacional de la Democracia Cristiana promete remecer el mapa presidencial que se venía configurando. Primero, porque implica el triunfo claro y contundente de un liderazgo unitario en un partido hasta hace poco fragmentado, sin norte y hundido en una hoguera de las vanidades, de progresismos de cartón y facciones chasconas con olor a naftalina. Es también la victoria de una apuesta lejana a un caudillismo pragmático-transaccional expresado por algunos militantes deseosos de asegurar un posible botín en el Estado con un encumbrado Guillier, y distante a un caudillismo nostálgico del orden y el statu quo laguista, defendido por figuras octogenarias como Andrés Zaldívar.

Segundo, porque avala una opción real de redefinir y defender una identidad DC, con candidato y programa propios de cara a elecciones presidenciales y a una negociación de pactos y elencos parlamentarios. Luego, da mayor brío y músculo a una candidatura que, si bien es mejor valorada que las de Lagos o Insulza, requiere de tiempo para visibilizarse, instalarse y explotar sus mejores atributos. Parte de estos atributos tienen que ver con la promesa de liderazgo ético, claro, alejado de las retroexcavadoras, que comulga con un reformismo responsable y creativo, que da la cara, no se silencia estratégicamente, que pone de relieve el valor de la política y sus instituciones y aparece liberado de conflictos de interés, financiamiento irregular y fideicomisos no tan ciegos.

Goic tiene la posibilidad también de revalorizar un liderazgo femenino venido a menos con Bachelet, auténticamente inclusivo pero competente, resolutivo, con experiencia dirigencial partidista y legislativa, y capacidad para escuchar pero tomar decisiones duras. Un liderazgo que represente y defienda la dignidad de la mujer y la eleve por sobre un estatus de muñeca inflable. Por último, la elección de Goic y su opción presidencial pueden cambiar el eje de una campaña hasta ahora carente de sustento y sobrepoblada de fuegos artificiales, con aspirantes que coquetean a ratos con un discurso y ethos populistas. Una campaña y candidatos que, más allá de diagnósticos manoseados, visibilizan contradicciones discursivas y poco y nada hacen por subsanar esa creciente ansiedad ciudadana respecto a cómo abordar, por ejemplo, la debacle de la salud pública, las inequidades evidenciadas con el actual sistema de isapres o AFP, o el rezago y pobreza educativa de nuestro sistema preescolar y escolar más allá de una promesa de gratuidad. No sería raro que en este escenario de desafección y caudillismos pobres, Goic finalmente logre revalidar una lógica de los tres tercios y se instale como una real alternativa, ética y épica, para la política y para un electorado en creciente estado de orfandad.

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