Miércoles 11 de Enero de 2017

Sociedad

La carrera a la Moneda sucede inmersa en los números de cuatro encuestas que ponen preguntas sobre la elección presidencial. No son encuestas presidenciales, ni encuestas electorales, ni encuestas sobre intención de voto. Son encuestas de opinión pública sobre la política, el gobierno, entre otros, donde hay algunas preguntas sobre la popularidad de los candidatos.

Estas respuestas así definidas están decidiendo, marcando, rayando la cancha de la carrera a la Moneda. Sus resultados son más bien frágiles, son sólo el "tufo" de lo que pasará.

En el pasado, la enorme estabilidad electoral que tuvo Chile entre 1989 y 2012, se basó en un sistema electoral binominal y voto obligatorio. La mayor parte de la gente votaba por partidos y un 60% "sabía" por quién votaba mucho antes, incluso, que se nominaran los candidatos. Así fue en la década del 90. Era muy fácil saber, con mucha anticipación, qué pasaba con el electorado y sus preferencias. Las listas de los "políticos con más futuro" tenían contundentes preferencias con 40 y 50 por ciento de menciones. La excepción fue Lavín en 1999. Pero la alternancia se produce una década después, en 2010 con Piñera. Los cambios eran lentos, la baja participación que comienza al inicio de la década del 90 era continua pero minúscula entre elección y elección, al punto que el sistema político dicta la ley de voto voluntario con la ilusión de que esto arreglaría el problema, porque "creyeron" que era un tema de registro, no de comportamiento electoral.

A partir de 2012 vienen las tormentas electorales, bajando la participación a 35% en las elecciones municipales de Octubre 2016. Sólo en tres momentos del tiempo desde 1925 ha sido tan baja la participación electoral (1928 y 1952). En 2017 viviremos la primera elección sin binominal y con voto voluntario. Las elecciones municipales fueron un "aperitivo" de lo que el electorado puede hacer. El partido más votado obtuvo 800.000 votos de 14 millones de electores. Hay muchos legisladores que siguen "creyendo", aún no se pasa a la etapa donde se legisla con evidencia. No se habría legislado el voto voluntario si se hubieran investigado sus efectos negativos.

Hoy no sabemos cuántos votarán, la "madre" de todas las encuestas, como ha sido llamada la encuesta CEP, tiene una fuerte declaración (de 18 puntos porcentuales) en la pregunta si votó en las municipales de Octubre (53% dice que votó cuando lo hizo el 35%). Pasa con todas las encuestas: más gente que la que votó, dice que votó o que votará. Si votaran todos los que dicen, sería un record de recuperación de participación. Pero no sucederá. La evidencia en contra es demasiado contundente.

En ese contexto se publican entre el 28 de diciembre y el 5 de enero cuatro encuestas: Barómetro de la política CERC-MORI (trimestral), la encuesta Cadem (semanal), la encuesta Adimark (mensual), y la encuesta CEP (semestral).

Antes de empezar a analizar los resultados las describimos. Se trata de dos grupos de encuestas, dos que representan a todo el país con muestras aleatorias de hogares, y dos telefónicas que representan una parte del país. Las cuatro encuestas tienen periodicidad distinta, eso impide comparar la evolución. La segunda diferencia es su cobertura: Adimark y Cadem representan menos del total del país, y CERC-MORI y CEP, representan todo el país. La tercera diferencia es el modo de aplicación: Adimark es telefónica, Cadem parcialmente telefónica y presencial en puntos de afluencia, y CERC-MORI y CEP cara a cara. La cuarta diferencia es el tipo de muestra. La quinta diferencia son las preguntas: sólo una pregunta se puede comparar.

La lógica detrás de esta revisión es que encuestas con muestras metodológicamente comparables, que representan el mismo universo (cobertura del país) y tienen las mismas preguntas, deberían tener resultados muy similares. En la medida que se diferencian: universo, método de muestreo, preguntas, no es esperable que los resultados sean similares.

Lo que vemos en la discusión del impacto de los resultados de las encuestas, es que no se mencionan estas diferencias, sino sólo las diferencias de números, lo que es insuficiente para entender lo que implica el número. Da la impresión en la agenda informativa que todas las encuestas son iguales y son todas comparables y equivalentes.

Independiente de lo anterior, se puede extraer algo de información de los datos disponibles. En la compilación de los resultados para los cuatro candidatos más nombrados, lo primero que constatamos es que hay una sola pregunta (abierta), que si bien no es idéntica, es muy similar entre las cuatro encuestas. Esta es la pregunta de ¿Quién Cree? que será el próximo presidente.

CERC-MORI (30%) Y CEP (27%) tienen 3 puntos porcentuales de diferencia en la respuesta sobre Piñera, 2 puntos porcentuales de diferencia en la respuesta sobre Guillier (CERC-MORI 11% y CEP 13%) y 3 puntos porcentuales en las respuestas sobre Lagos (CERC-MORI 8% y CEP 5%). En el caso de Ossandón, las respuestas no son significativas en CEP (1%) y no hay menciones que alcancen el 1% en CERC-MORI.

En contraste, Adimark marca 43% para Piñera y Cadem 38%. La diferencia que supera los 10 puntos porcentuales para ambos estudios comparados con CERC-MORI/CEP, sin duda se debe a la diferencia de cobertura de los estudios Adimark y Cadem. Es por ello que no se pueden "comparar" sus resultados, que representan universos distintos.

Sin embargo, esta diferencia de universo entrega interesantes reflexiones, porque muestra que Piñera disminuye sus menciones cuando se abarca todo el país, como en las encuestas CERC-MORI y CEP. Al mirar los resultados de Guillier, las diferencias entre Adimark/Cadem versus CERC-MORI/CEP, se vuelve a manifestar el mismo fenómeno. En la medida que se abarca el país, también disminuye el apoyo a Guillier. No sucede lo mismo al mirar las preferencias por Lagos u Ossandón. Es decir, Piñera y Guillier tienen más votos entre los chilenos que viven en las grandes ciudades y en las zonas más pobladas del país, mientras que Lagos y Ossandón tienen votantes más homogéneos en todo tipo de lugares.

Estos resultados implican diferencias significativas del perfil de apoyo de estos dos conjuntos de candidatos. Es parte de la precariedad de la información sobre la carrera presidencial.

Un segundo tema interesante es la diferencia entre ¿Quién Cree? y ¿Quién le gustaría?, que se puede comparar en las preguntas aplicadas por CERC-MORI y CEP que son casi idénticas. Ambas encuestas muestran cómo hay más personas que creen que Piñera será presidente que personas que les gustaría que Piñera fuera presidente (CERC-MORI 11 puntos porcentuales de diferencia: 30% cree mientras 19% le gustaría; y CEP 7 puntos porcentuales de diferencia). Lo interesante es que con Guillier (CERC-MORI) sucede lo contrario: a más personas les gustaría que fuera presidente (14%) que los que creen que puede llegar a serlo (11%). El capital de menciones de Piñera es más pequeño que la cantidad de chilenos que sin mencionarlo como el preferido, creen que será el próximo presidente. La encuestología electoral muestra que ese votante, que no lo menciona como el que más le gusta, termina votando a ganador. Es la profecía autocumplida. Se indica esta pregunta como predictor del triunfador (pero no de votos) por ese efecto. Son dos situaciones muy distintas. Guillier no tendría, de acuerdo a ello, el beneficio de la profecía autocumplida ni el arrastre de ganador.

Las preguntas de Adimark y CADEM no se pueden comparar entre sí ni tampoco con las de CERC-MORI y CEP. Adimark pregunta "quién prefiere" no menciona en la formulación de la pregunta la palabra "voto", pero inicia la pregunta con las elecciones de "este domingo" y Cadem pregunta directamente por "quién votaría" el domingo, ambos en preguntas abiertas. Esto es una innovación en la encuestología electoral, ya que las preguntas de intención de voto son, históricamente en la literatura, cerradas. Por definición, una pregunta abierta no puede ser predictiva del voto. El voto es sobre un universo y sobre una opción finita, limitada, no abierta. Estas dos preguntas, por tanto, si bien ambas mencionan las elecciones, no son preguntas de intención de voto propiamente tales.

En la pregunta de los "políticos con más futuro" (CERC) se observa mejor a Manuel José Ossandón que obtiene 10%, lo que lo lleva a obtener 15% en la pregunta cerrada de segunda vuelta (CERC). No hay más información al respecto, ya que no hay más encuestas que aborden el tema. Sobre los candidatos que no son los favoritos de los medios, hay aún menos información.

CERC-MORI hace adicionalmente una pregunta de primera vuelta que tiene más candidatos que los cuatro primeros de la tabla comparativa. En esa pregunta la distancia entre Piñera y Guillier es de 4 puntos porcentuales en diciembre, mientras en octubre era de 9 puntos porcentuales.

Pero lo interesante es que pusimos a MEO en la lista de primera vuelta, ya que en octubre tenía menciones en algunas preguntas. En diciembre no tiene menciones significativas en ninguna pregunta abierta, pero alcanza 5% en esta pregunta cerrada, lo mismo que obtiene Ossandón. Cristián Cuevas alcanza 3% e Insulza 2%. Existen otros candidatos en la mente de los chilenos, sólo que hay escasa información sobre ellos.

Habría que agregar una característica adicional de estas cuatro encuestas, y es que ninguna de ellas está financiada por un candidato o por un partido político. Es una especie de "servicio de utilidad pública" de las empresas/instituciones que las producen. A ello se le agrega que todo esto sucede fuera de las universidades, donde no hay una comunidad de pares, ni un lugar de encuentro para intercambiar las problemáticas de las encuestas electorales.

No hay estudios ad hoc; no hay una batería de preguntas que indaguen todos los aspectos de la carrera; no hay preguntas con todos los posibles escenarios distintos, tanto de primera como segunda vuelta; no hay cálculo del votante probable; y no hay cálculo del capital electoral de cada candidato. En otras palabras, estamos en la prehistoria de la información necesaria para tomar decisión sobre las preferencias de los chilenos respecto a su próximo presidente. Es en esa prehistoria que se toman las decisiones. Si se siguen las encuestas, la decisión en octubre 2016 es distinta que en diciembre de 2016 y ciertamente distinta de la de marzo 2017. ¿Acaso el descrédito de la política no sucede también porque no se ha profesionalizado debidamente?

El sistema político chileno se nutre de resultados de preguntas de encuestas que ellos no encargan, que no tienen toda la información que necesitan, que son gratis y públicas, y que constituyen sustitutos insuficientes e inadecuados para un sistema político moderno.

Ello en un contexto de cambio de reglas del juego, fin del binominal, voto voluntario, además de los grandes fracasos que han tenido las encuestas en muchas partes del mundo en predecir situaciones de cambio con electorados volátiles, constituye un acertijo sin explicación.

El que no exista tesis alguna sobre por qué Guillier ha logrado lo que ha logrado, es síntoma de una deficiencia brutal de información, inteligencia y modernización de la manera como se hace la política. ¿Estamos en una pieza oscura, como lo estábamos en 1988, sólo que ahora estamos llenos de números y creemos que sabemos?

El paso entre "creer" y "saber" es el paso de una actitud tradicional a una actitud moderna. El "tufo" electoral que entregan estas preguntas en estas encuestas, nos califican como tradicional, donde hay un oráculo llamado encuestas, que se cree que anuncia lo inevitable e inamovible. Pero la gente va delante, ellos se han modernizado más que el sistema político, y lejos de hacer lo que dice el "tufo", hacen lo que no sabemos porque no lo indagamos. No nos sorprendamos, entonces, que el electorado nos siga dando lecciones. Nos estamos quedando del lado de los ciegos como le dijo el oráculo de Delfos a Bizans, cuando salió a conquistar tierras.

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