Lunes 21 de Noviembre de 2016

Sandwork: la caja de arena que resucita el instinto de jugar

La sicóloga Eva Pattis promueve este trabajo en comunidades vulnerables.

Por Viviana Candia

Está destinada a niños de sectores a donde la sicología no llega porque no hay recursos".

Reactivando el lado lúdico, con una caja de arena y juguetes, la sicóloga Eva Pattis lleva 14 años rescatando de sus traumas a cientos de niños víctimas de guerras, desastres naturales o abusos.

Su experiencia con el sandwork (variable del sandplay que es individual) la plasmó en el libro "Trabajo expresivo con arena en poblaciones vulnerables" que acaba de publicar en chino, alemán, inglés, español e italiano y en donde entrega detalles del estudio que realizó en Sudáfrica, China y Colombia.

Este trabajo, dice Pattis, debe entenderse "como una aplicación práctica de la teoría junguiana" y consiste en resucitar uno de los instintos más primitivos del ser humano: el juego.

Para ello se realizan talleres —de 12 a 16 sesiones— para grupos de doce niños. Cada uno cuenta con una caja de arena, juguetes y hace dupla con un adulto que lo supervisa en forma permanente. Si bien comparten el mismo ambiente, los niños no juegan juntos.

"El proyecto incluye a adultos que son voluntarios, que no son sicoterapeutas o sicólogos. Es una modificación importante de una terapia que se utiliza en situaciones de niños vulnerables pero destinada a niños de sectores donde la sicología no llega porque no hay recursos", explica.

Hasta ahora ha logrado aplicar el método —además de los países mencionados en el libro— en Palestina, Malasia y Argentina. A los que Eva Pattis espera pueda sumar pronto a Chile.

—¿Qué caso le ha impactado más?

—Más que un lugar específico, me impresiona cómo el niño se fortalece y cuando tiene un problema muy grande, como un abuso sexual, termina recurriendo a las personas que corresponde. Eso nos pasó en Colombia, en un barrio conocido como el Bronx, donde durante los talleres se descubrió que cuatro niños eran víctimas de un hombre que trabajaba en el colegio al que iban. El colegio y los padres intervinieron, denunciaron y lo tomaron detenido.

"Todos los niños tienen una gran fuerza reparatoria, de sanarse, porque activan la resiliencia", asegura.

Explica que ello ocurre porque "creamos con este trabajo un lugar emotivamente seguro, protegido y libre para la expresión creativa" mediante la cual los niños expresan automáticamente los problemas.

"Por ejemplo, en Colombia, niños desplazados por la guerrilla cuando empezaron con la arena lo primero que hacían era enterrar a los soldados, a los tanques y todas las cosas de la guerra. Poco a poco, fueron utilizando árboles y animales y dejaron de enterrar a los soldados. Y, en algunos casos, llegaron a convertir su caja de arena en un campo de fútbol, un claro signo de cambio", señala.

—¿Hay mucha diferencia en cómo reaccionan niños y niñas?

—Eso depende de la cultura. En la cultura árabe la diferencia de género es extrema. Las niñas juegan a hacer trabajos domésticos como comida y los niños, guerra y soldados, aunque con el tiempo a veces cambian.

— ¿Cómo responden los niños más conflictivos?

—Hemos visto cómo baja la agresividad y la ansiedad. Y muchas veces en la escuela dicen que mejoraron su atención, colaboración y motivación. Los niños agresivos que son líderes tienen mayor dificultad porque en el taller no pueden ser los jefes y se ponen ansiosos. Pero después se van tranquilizando.

—¿Qué le parece que los niños opten por juegos tecnológicos en lugar de los tradicionales?

—Es un daño tremendo. El juego es un instinto del niño y con él logra comprender el mundo. Es una elaboración sicológica de todo y si se le saca aquello se le quita lo más vital. La tablet no es un juego, no permite la fantasía, todo está hecho. Se hace un daño tremendo a los niños porque el cuerpo no se desarrolla dado que pasan sentados, no hay juego físico ni fantasía.

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