Lunes 20 de Junio de 2016

Rodrigo Azócar, presidente de Metro

El hermano mayor

Su carácter duro lo forjó tras la muerte de su padre en 1982, un sello que ha cruzado varios de sus trabajos: en Enap despidió a 500 trabajadores.

Por Patricio Pino M.

Con las horas confirmó que su padre era una de las 46 víctimas en el peor accidente de la aeronáutica civil chilena.

"Desde los 70 soy DC", dijo Azócar ante los diputados, en respuesta al UDI Javier Hernández.

El 9 de diciembre de 1982, Rodrigo Azócar Hidalgo, hoy presidente de Metro, estaba con Felipe, el menor de sus cuatro hermanos, en las casas de veraneo que el Banco de Chile tiene en Algarrobo. Hacía poco se había titulado de ingeniero civil industrial en la Universidad de Chile y disfrutaba de las regalías de su nuevo empleo en la banca.

De pronto, pasadas las 11 de la mañana, supo por la radio que un avión de pasajeros —el Fairchild 27 de Aeronor— se había estrellado cuando le faltaban apenas 500 metros para aterrizar en La Serena. Él tenía la noción de que su papá, el representante de IRT Fidel Azócar (51), tenía que viajar rumbo al norte a vender los aparatos de su empresa.

Pero jamás pensó que estaría dentro de ese avión.

Con las horas y el llamado de Gonzalo, otro de sus hermanos, confirmó que su padre era una de las 46 personas fallecidas en el accidente, recordado como el peor en la historia de la aeronáutica civil chilena. Es la misma tragedia en la que murió la periodista Silvia Pinto, en la víspera de la Quinta Teletón.

Poco después, el nombre de Fidel Azócar figuraría en la lista de fallecidos como el noveno pasajero.

Para los Azócar Hidalgo el accidente fue devastador. Rodrigo, el mayor, se convirtió en la práctica en un padre para su hermano Felipe, entonces de 12 años y hoy gerente de una firma minera. Más aún cuando su otro hermano, el escritor Pablo Azócar (autor de «Natalia») se hallaba en Europa.

Carácter fuerte

Quienes conocen al presidente de Metro fijan en este episodio una causa de su duro carácter. Y algo de éste se apareció el martes pasado cuando expuso ante la comisión de Transportes de la Cámara. Los diputados lo habían invitado a explicar el contrato por US$ 314 millones que la empresa del tren subterráneo firmó con Alstom para ensamblar 245 carros nuevos y reemplazar los vetustos NS74, pero también para detallar cuál era, según sus propias palabras, el «lobby escandaloso» que la española CAF —el primer proveedor de la firma— había hecho ante Metro, práctica en la que incluyó al embajador de ese país, Carlos Robles Fraga.

Cuando estaba en eso en la comisión, y luego de decir que daba por superado el incordio con Robles Fraga, añadió que el diplomático había hablado con un ministro (después se supo que era el de Transportes, Andrés Gómez-Lobo) y el jefe de gabinete de otro. Porque Azócar no se atemoriza. No se arredra. Una característica que había demostrado en 1982, cuando apenas confirmó la muerte de su padre, viajó en un avión de Aeroguayacán para identificar sus restos. Entre ir en bus y demorarse ocho horas, prefirió el aeroplano, pese a todo. Pensó que si no se subía entonces a un avión, no se podría subir a otro nunca más.

Partidario de Tomic

"Desde los 70 soy democratacristiano", dijo Azócar ante los diputados, en respuesta a una pregunta del UDI Javier Hernández y pese a que el PPD Felipe Letelier (presidente de la comisión de Transportes) le ofreció no responder porque se trataba de un "tema personal".

Pero su militancia tampoco era un misterio. Es DC desde que estudiaba en el Saint Gabriel's School de Providencia y porque su padre también lo era.

Azócar era partidario de Radomiro Tomic en la época en que éste compitió con Salvador Allende en las elecciones presidenciales. Y como Tomic, nunca fue proclive a dejar el partido y formar otro. Por las vueltas de la vida fue uno de los hijos de Tomic, Blas, con quien Azócar tuvo la discrepancia que lo llevó a renunciar a la gerencia general del Metro en 2006.

Llegó a ese puesto en 1997, luego que su nombre fuera recomendado al presidente del directorio de la época, Daniel Fernández. Entonces estaba en el Banco del Estado, donde llegó junto con José Manuel Mena, hoy en Corpbanca y uno de los dos ex compañeros de Azócar en Civil Industrial de la U. de Chile que en ese tiempo trabajaban en el gobierno. El otro es el actual vicepresidente de Corfo, Eduardo Bitran.

La casona de la Alameda

La oficina de la gerencia de Metro está en el primer piso de la antigua casona adosada al edificio de concreto, en la esquina de Alameda con Lord Cochrane. Es bastante más amplia que la que tiene el presidente del directorio en el segundo piso.

Allí, mientras Fernández encabezó el directorio, Azócar se encargó de la gestión y las relaciones con el Ministerio de Hacienda en busca de financiamiento para los proyectos del ferrocarril urbano. Luego, entre el 2000 y el 2006, con Fernando Bustamante de presidente, la red se duplicó, se introdujo la tarjeta multivía (antecesora de la Bip!) y la empresa empezó a endeudarse sin el Estado como aval.

También ocurrió la primera huelga.

Cuando volvió al Metro en noviembre de 2014, luego del corto circuito que dejó sin funcionar tres líneas del Metro, afectando a más de un millón de personas, Azócar tuvo menos de una hora para dar una explicación a la Presidenta Bachelet. No era la primera vez que la Mandataria le hacía un ofrecimiento. Antes, en 2008, le puso en un dilema semejante cuando le ofreció la presidencia del SEP y un año después, cuando le pidió irse a ENAP.

Los trabajadores de la petrolera lo califican como uno de los peores gerentes recientes, pese a que convirtió una firma con números rojos en otra con azules. Le critican que haya despedido a 500 trabajadores.

Pero quienes lo defienden recuerdan que cada despedido se fue con $10 millones en indemnización y que la mejor demostración de que era personal que no cumplía funciones clave es que no aumentaron las horas extra.

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