Martes 9 de Febrero de 2016

Carlos Pascal, creador de Kitchen Club Madrid y Santiago:

“Las buenas fiestas empiezan y terminan en la cocina”

El chileno va al rescate de los suministros ancestrales para hacer sus talleres y clases que agotan las reservas con dos meses de anticipación.

María Paz Mateluna V.

La gente que salió de Chile se dio cuenta de que debía saber de dónde venía para saber a dónde iba".

Entre el sonido de ollas y cucharas y el intenso aroma que queda tras una de sus clases, el arquitecto y chef Carlos Pascal (37) se sienta un minuto a conversar sobre Kitchen Club, el proyecto que hace un año abrió en Chile pero que ya lleva seis en Madrid, con dos locales y una propuesta exitosa e innovadora: clases de cocina en grupo donde se come todo lo que se prepara. La experiencia suma adeptos cada día.

Pascal vive en Madrid, donde llegó para trabajar a los 25 años, pero viaja todos los meses a Chile a supervisar el emprendimiento que formó junto a su esposa, María González; su hermana y su cuñado.

El 2010 fundó Kitchen Club Madrid, lugar donde imparte clases colectivas de cocina, para las que hay que reservar con dos meses de anticipación.

Esta vez vino con sus hijos (de 3 años y 5 meses, respectivamente) a preparar su presentación de abril en Ñam, donde hará lo que más le gusta: enseñar y cocinar.

—¿Cómo catalogan la comida chilena en España?

—Cada vez mejor, el año pasado reuní en Madrid a Pilar Rodríguez, Diego Prado, Camila Filiol y Alejandra Hurtado, pastelera que trabaja en Barcelona. Hicimos una cena de ocho tiempos y quedaron impresionados con lo que se estaba haciendo en Chile, la prensa la catalogó como una cocina coherente, actual y entretenida.

—Siempre son buenos los reconocimientos.

—Más aún en una generación como la mía que se cree el cuento; la gente que salió de Chile se dio cuenta de que primero debía saber de dónde venía para saber hacia dónde iba, de esa manera logró una forma más ecológica y sustentable de acercarse a la cocina, expresar la cultura a través de los platillos, que hable de lo que somos.

Un mundo más allá de las cajitas felices

Por lo mismo existe el proyecto Orígenes, donde Virgilio Martínez (Perú), Mauro Colagreco (Argentina) y Jorge Vallejo (México) —todos de restaurantes que están entre los 50 mejores del mundo— rescatan la cocina ancestral de América. "Trabajan con técnicas culinarias milenarias ligadas a pequeñas comunidades. Junto con los productos, recuperan el legado cultural de las personas que los producen. La idea es conseguir que algunos alimentos considerados pobres puedan formar parte de platos de alta cocina. Ellos me invitaron y yo los invité a Kitchen Club. Hice dos platos de inspiración mapuche".

—¿Qué rol cumple la identidad en tus platos?

—Es fundamental, los cocineros estamos reencontrándonos con muchas materias primas olvidadas, este sistema moderno tiene cosas buenas pero también malas, como la pérdida de tradiciones. Es bueno que vayamos al rescate, pongamos valor a eso y que los niños sepan que hay un mundo más allá de las cajitas felices. Vivimos en una época de mucha información y accedemos a más productos que antes.

—¿Cuál es el secreto del éxito de tus clases?

—Kitchen Club tiene valores asociados a los netamente culinarios que son atractivos. La cocina ya no es un tema lejano, hoy la familia completa cocina. No es una moda, es una tendencia que se renueva porque está viva. Una de nuestras claves del éxito es combinar clases con diversión. Nuestro formato mezcla clases con panorama, cocinamos, comemos y bebemos, porque la sobremesa es parte de la experiencia. Para la gente que le gusta cocinar esto es una fiesta y las buenas fiestas empiezan y terminan en la cocina.

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