Viernes 25 de Septiembre de 2015

Claudia Celedón, actriz:

“Ya tuve mi gran amor; ahora me proyecto sola”

En la obra "Xuárez" se viste de Pedro de Valdivia y se desviste como Lautaro. Allí se siente satisfecha de haberse sacado el gusto de representar a un hombre, haciendo no a uno, sino a tres. Aquí, habla de los hombres y de las mujeres de su vida.

Por Ximena Torres Cautivo

-Quería saber qué se siente ser hombre.

—¿Y qué se siente?

—Nada, internamente no te modifica en nada— dice Claudia Celedón (51), que actúa en "Xuárez", obra donde interpreta a seis personajes, incluyendo a tres hombres. A Pedro de Valdivia y a Lautaro en dos momentos: como indígena españolizado y como indio puro y duro, rol en que además está desnuda. "No es fácil a mi edad, cinco y uno, cincuentaiuno, patético, como dice una amiga, pararse en el escenario sólo con un taparrabos. Pero estoy satisfecha. Al final, lo que siempre me propuse hacer es una idea de hombre, porque no cambio la voz ni trato de hacerlo realista. Se trata de abordar desde mi mujer a ese hombre".

Encarna también a una versión moderna de Inés de Suárez, porque a la que decapita indios y tiene el rol central la representa su amiga Patricia Rivadeneira. Y a otra mujer, una acompañante de Inés, y a una académica basada en Josefina de la Maza, sobre cuya tesis de Historia del Arte se concibió "Xuárez".

"Yo no sabía más que cualquiera sobre Inés de Suárez. Que era española, que vino detrás de Pedro de Valdivia, que era su concubina. Ni siquiera había leído ‘Inés del alma mía', de Isabel Allende, pero trabajamos diez meses y estudié mucho. En la obra expongo la tesis de Josefina de la Maza, a partir del cuadro de Pedro Lira ‘La fundación de Santiago'. Es la imagen que estaba atrás de los billetes de 500 pesos. Allí se ve a un personaje con una túnica blanca, escondido detrás de Francisco de Villagra, que sería ella, Inés de Suárez. Eso demuestra que desde que estamos aquí hemos permanecido escondidas detrás de un hombre".

Sufrir en Zapallar

Claudia Celedón es disléxica extrema, dueña de una excelente memoria muscular y de una no tan buena memoria mental, mucho más cercana a la improvisación que a lo académico y a lo textual. "No me interesan mucho las obras escritas. Ni tampoco había hecho nada histórico. Me interesa más lo que tenga que ver con lo que está pasando ahora y con lo que le está pasando a uno. A uno como género".

—¿Eres feminista?

—No, pero ejerzo mis derechos. Mi feminismo consiste en que se nos reconozca de igual a igual, entendiendo que somos diferentes. No me voy a poner pantalones ni corbata para ejercer mis roles. Por eso no me gusta la política: hay que disfrazarse de hombre, ponerse en la mentalidad de ellos, y nosotras somos distintas.

—¿Cómo ves a la Presidenta?

—Me entristece, porque ha sido víctima del machismo. Le han quitado el piso, algo que no se le haría a un hombre. Que se escriba tan frívolamente que está buena para el copete, por ejemplo, me parece una falta de respeto que no se cometería con un político. Definitivamente, no somos muy respetadas las mujeres. Hasta los hombres gay tienen más derechos y visibilidad que las lesbianas. Hasta ahí se nota la discriminación y falta de igualdad.

Claudia Celedón Ureta es hija de un hombre político. Del actor y publicista Jaime Celedón. Un decé "a la antigua, de la línea de Gabriel Valdés". El hombre quizás de su vida, aunque lo critique tanto como lo admira. "Mi papá es típica clase media chilena educada. Profesionales, súper católicos, de la calle Catedral. Mi abuelo era abogado y tuvo ¡14 hijos! Mi papá es el número trece. Por eso le gustaban el teatro, la tele, la fama. Entre tantos, tenía que hacerse notar como fuera".

—¿Le tienes monos?

—No. Mi papá es súper inteligente y creativo. Con un sentido del humor insólito. Es el dueño de todo el sentido del humor de una época. Siempre se dice que Rillón, Sharim y Salcedo le copiaban. Ahora no te diría que como papá es fácil. Te lo regalo.

Afirma que es un arribista extremo. "Decía que era Celedón Irarrázaval, cuando es Celedón Silva y le gustaba veranear en Zapallar por las mujeres y la onda, cuando lo suyo es El Tabo".

—¿Cómo eran esos veranos en Zapallar?

—Cuando pienso en Zapallar, se me aprieta el corazón; lo pasé muy mal ahí de niña. Era muy distinta a todos. Mi mejor amigo era hijo de un pescador, Juan Kenican, se llamaba. Era acróbata. Nos subíamos juntos arriba de los árboles. Es el único buen recuerdo que tengo.

Bernardita Ureta Varas, su mamá, sí pertenecía al universo zapallarino. "Ella viene de una familia cuica, adinerada pero empobrecida. Fue educada en el Villa María, veraneó siempre en Zapallar, todas sus amigas estaban ahí. Pero nosotros arrendábamos casa en el pueblo, en unas casas enfermas de churulas".

Sus papás se separaron cuando ella tenía 6 años. Su mamá, que tuvo alguna incursión en el teatro, lo dejó y trabajó como profesora de kínder y luego como inspectora en La Maisonnette. "Somos tres hermanos y nos quedamos con ella, pero mi papá estaba muy presente y era muy generoso. Es de los pocos hombres separados que conozco que pagaba de más. Si veía a mi mamá deprimida, le regalaba un viaje a Europa; si se echaba a perder la lavadora, llegaba con una nueva. Ese es un rasgo muy de su familia. Los Celedón son gente decente. Mi papá jamás le debió plata a nadie ni pagó mal. Por eso, aunque en un momento llegó a ganar mucho, ahora tiene lo justo para vivir".

Una misa cuica

En su oficina de directora de Actuación en el instituto Arcos, Claudia tiene nueces para cascar, té verde, velas y un santuario donde el lugar principal lo ocupa el parte de matrimonio de su hija Andrea García-Huidobro, actriz, que está haciendo un postgrado en España con su marido, también actor. La tuvo a los 19 años y la esperó, parió y crió sola.

—¿Nunca se te pasó por la cabeza abortar?

—Yo quise tener guagua a los 19 y fue genial porque quizás después no habría tenido hijos. ¿Ves que la vida es perfecta? Aunque estoy completamente a favor del aborto, en el sentido de que es una decisión de cada mujer y no tengo ninguna objeción moral y he acompañado a muchas amigas en el proceso, yo jamás quise hacerlo, porque creo mucho en la vida y en lo mágico de engendrar.

Fue mamá joven y sola, con el apoyo económico de su papá y del actor Cristián García-Huidobro. "Él es el papá de la Andrea", precisa. Se conocieron cuando Claudia terminaba cuarto medio en el Marshall, después de haber pasado por un montón de colegios, y entró a un taller de actuación que él daba. "Cristián tiene doce años más que yo y en esa época era un hombre de teatro, no de tele. Me enamoré hasta las patas y lo estuve entre los 18 y los 23. En ese período nos distanciábamos y volvíamos, pero un día dije ‘yo quiero más del amor' y me separé para concentrarme en criar a mi hija, hacer teatro, vivir".

Dice ser una mamá poco asfixiante y consciente de que no es bueno tener una relación simbiótica, dado que hasta comparten el oficio. "Mi hija es mejor actriz que yo. Más concentrada, precisa, rigurosa con el texto y con un gran control de la energía. Es rabiosa, pero se contiene, no como yo que puedo pegarles combos a las paredes. La he instruido en el mundo espiritual y le pagué terapia. Creo que es obligación de los padres pagar al menos una terapia a los hijos".

Aunque hace tres años Claudia dijo que estaba agotada de hacer teatro, porque se trabaja mucho y se gana nada, este 2015 ha hecho dos obras: "Xuárez" y la comedia "12 horas de amor con Cata Valdivieso", donde fue dirigida por su hija y exhibe muchos de sus talentos: el canto, la improvisación, el humor.

"¿Has ido a misas cuicas últimamente?", pregunta. "Es que te mueres. No vas a creer las canciones que cantan. Cosas como ‘Señor, te queremos, estamos súper contentos de quererte'", canta, tal como lo hace la Cata Valdivieso, su personaje. "Ella es una cuica y una looser. Una tipa que fue educada de esa manera, por eso es paternalista, clasista, racista, y no se da cuenta. Es simpática, bien intencionada y uno termina queriéndola, pese a lo bruta. En ‘12 horas de amor' va a una población, y como ve todo tan pobre, cree que ha ocurrido una catástrofe y organiza una Teletón. La obra es crítica y chistosa, más cuando aparece la señora María, que es una vieja enferma de ordinaria, con unas opiniones políticas incendiarias. Es muy chucheta y muy de izquierda. Para hacerla, rescaté mucho del personaje de la madre en ‘La Mujer Gallina'", comenta, sin mencionar que esa interpretación en esa obra le valió un Altazor.

"Soy muy exigente"

Se reconoce burguesa, de gustos buenos, preocupada de su físico. "No me gusta tener guata y a esta edad hay que esforzarse más. Me hago láser tres veces al año para quitarme arrugas y subirme la cara. Tengo poca ropa, pero buena. Me gusta la onda outdoor, tipo segunda piel". Desde los 30, medita, hace terapia y controla la rabia. La vemos auxiliar con un Ravotril que saca de su cartera a una chica que entra a su oficina con ataque de llanto.

Es evidente que aquí no hay diferencias entre alumnos y directora. "Me río de mí misma todo el día. Me encuentro lo más ridícula, lo más idiota, que hay. A mis alumnos les digo ‘perdón, chiquillos, que me ponga tan histérica. Es que fui educada en un ambiente histérico, pero quiero que sepan que soy buena'".

Está en conversaciones para llevar a la Cata Valdivieso a la televisión como serie de humor. "Eso me permitiría construir mi casita en Pirque y otra para mi hija", planea, pragmática. "Hay que tener cuidado; la tele distorsiona. Es agotadora y sus contenidos no me interesan nada. No sólo son una lata, sino que me parecen dañinos. Prefiero vivir con dos pesos y estar con el espíritu tranquilo".

El instituto Arcos queda en Victoria Subercaseaux, en una mansión de tres pisos rodeada de un muro tapizado de grafitis. En el patio estaciona su Volvo, modelo oveja negra, que forma parte de su escaso patrimonio. Tiene una parcela al interior de Talca, en Vilches, con una casa que construyó gracias a la teleserie "Fuera de Control". Y el sitio de Pirque, que espera dividir y luego construir. Mientras tanto, vive "de allegada" en el departamento de una amiga de su hija.

—¿Estás sola, sin pareja?

—Estoy disfrutando de la soledad. Antes me daba pánico estar sola, pero ahora me siento feliz. Últimamente me proyecto sola. Soy muy exigente al pensar en una pareja. Tiene que ser una persona con mucha sensibilidad artística, con pasión por lo que hace, que adore a mi hija, que cuide su cuerpo, su salud, que haga deporte, que sea bien hecha físicamente. Me gusta la gente linda, simpática y mucho más inteligente que yo. O sea, es demasiado difícil. Ya tuve mi gran amor; ahora me proyecto sola.

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