Lunes 7 de Septiembre de 2015

João Pina, fotógrafo

“Olvidar el pasado es una forma de tapar una herida infectada”

Este jueves presenta en el Museo de la Memoria su investigación sobre la "Operación Cóndor".

Por Juan Carlos Ramírez F.

Ya Sófocles en la Grecia antigua trataba la importancia de que las familias velaran a sus muertos. Pinochet y sus hombres negaron eso".

El fotógrafo portugués João Pina (34) pertenece a la primera generación nacida en democracia, tras una dictadura de 48 años y post Revolución de los Claveles (1974). Su abuelo fue preso político y creció escuchando historias de clandestinidad, tortura y prisión.

"Y por supuesto, como niño te creas un imaginario", explica antes de tomar el avión que lo trae al Museo de la Memoria para inaugurar este jueves "Sombra del Cóndor". Son 115 imágenes que muestran los estragos de la Operación Cóndor que unió a 6 dictaduras de nuestro continente: aviones argentinos que arrojaban militantes al mar, centros de tortura, un médico forense transportando osamentas por Brasil o juicios a violadores de DD.HH.

Todo eso está también en "Condor", su libro con textos del periodista Jon Lee Anderson y el juez Baltazar Garzón, que también presentará acá.

Pina, hoy un fotógrafo free lance —que ha trabajado en el NY Times, El País y New Yorker— comenzó a documentarse desde hace 10 años sobre El Plan Cóndor. "Mi planteo al fotografiar memoria, fue el de tratar de reunir el máximo de elementos históricos y documentales posibles", explica. "Fue una especie de fotografía psicológica, porque los hechos ya no se pueden ver, pero se pueden sentir". Dice que cuando entró a Londres 38 "sentí ahí una carga muy fuerte, como si esas paredes, esos vacíos, hablaran por sí. Cuando me contaron lo de las baldosas, que fue la forma de que los sobreviviente pudieron reconocer el lugar, fue muy natural bajar mi mirada, mirar el piso y sacar esa foto".

El Estado y las víctimas

—¿Qué fue lo que más te impresionó de tratar con las víctimas?

—La forma resiliente como muchas de las víctimas llevan su vida, y siguen en su lucha. También la forma como los traumas siguen muy presentes. En algunos casos hay clarísimas marcas de estrés post traumático y los Estados involucrados, para mí, deberían hacerse cargo para reconocer y tratar esos traumas.

—¿La Operación Cóndor necesita figurar más en el debate público?

—Toda la represión de las dictaduras debería ser más tratada. Y el reconocimiento de víctima mucho más asumido por toda la sociedad. La justicia es fundamental no sólo para darles a las víctimas la dignidad merecida, sino para que cada país pueda sanar las heridas de a poco. Lo que sí estoy segurísimo es que tratar de olvidar el pasado, no es una forma de sanar las heridas, sino una forma de tapar una herida infectada. Si no es abierta, limpiada y tratada, nunca cierra.

A Pina le impresiona la frialdad y el método de la "Caravana de la muerte" que "vació las cárceles de presos políticos y los ejecutó sin capacidad de defensa". También el uso de la tortura que incluyó desde la violación a las desapariciones forzadas.

"Es brutal también para la familia que no sabe dónde están sus seres queridos y el duelo nunca termina", explica. "Ya Sófocles en la Grecia antigua trataba en la obra «Antígona», sobre la importancia para las familias de velar a sus muertos y poder enterrarlos. Pinochet y sus hombres negaron eso, perpetrando la tortura por varias generaciones".

—¿Cuál es la misión social del fotógrafo y su relación con la memoria?

—Ni idea. Cada fotógrafo tendrá la suya, sus miedos, sus inquietudes y sus curiosidades. En mi caso, la fotografía me permite comunicar con el pasado, y tratar de crear memoria visual. Si hoy nadie en su pleno uso de la razón se le ocurre negar que el Holocausto existió, una buena parte de eso es porque se hicieron fotografías, se mostraron los campos de concentración.

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