Martes 11 de Agosto de 2015

Darío Lopérfido, director del Teatro Colón

“En Chile es más democrático el teatro lírico que un concierto de música popular”

El intercambio de obras, los nuevos públicos y el diálogo con los gobiernos son los desafíos en Latinoamérica.

Por Rodrigo Garrido T.

Darío Lopérfido es un viejo conocido del mundo de la cultura. Es periodista de profesión, alguna vez secretario de Cultura y Comunicación (con rango de ministro) en Argentina y, actualmente, director del Teatro Colón y presidente de Ópera Latinoamericana (O.L.A.), que agrupa a los principales teatros líricos de la región. Esta semana llega a Chile como director del Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires (FIBA), que organiza en Chile Fundación Teatro a Mil (ver recuadro).

—¿Por dónde parten los desafíos para la cultura en Latinoamérica?

—Necesita activar aún más el intercambio de producciones. Los convenios de todo tipo que no sólo permiten la circulación de producciones con el consiguiente ahorro de recursos, sino que además hacen circular el talento. El Teatro Colón tiene una relación privilegiada con el Teatro Municipal de Santiago y también el Solís de Montevideo. Eso se debe a muchos años de relación y particularmente a la gestión de Andrés Rodríguez en Chile, quien ha fomentado intercambios constantes de espectáculos relevantes como recientemente "Madama Butterfly".

—¿Es importante seducir a nuevas audiencias?

—Ese es otro desafío para la cultura. El Teatro Municipal tiene un política muy activa frente a los niños, un ciclo de teatro para ellos, que para mí resulta clave, al igual que las estrategias de transmisión vía streaming, las estrategias de TV, todo eso que hace que el público vea nuestras coproducciones y se interese por lo que está pasando en cada uno de los lugares. Es una forma que habla de futuro. Son temas centrales en la difusión y creación de nuevas audiencias.

—Pero nada se consigue si no hay voluntad política.

—El compromiso político para asignar cada vez más fondos a la cultura siempre será necesario. En Buenos Aires tenemos una muy buena asignación de recursos y eso es un valor agregado. Cuando eso sucede en un país, los resultados quedan a la vista. Es una inyección de dinamismo impresionante en educación, a la imagen país, a la ciudad. La cultura mejora la calidad de vida y en Latinoamérica tenemos que anidar un único pensamiento, un discurso firme: no somos organizaciones que no generamos gastos, generamos ganancias, porque aportamos colateralmente a la educación.

Masivo y de dudosa calidad

—¿Qué tan abiertos y democráticos son los teatros en esta parte del planeta?

—Ha cambiado el paradigma y justamente teatros como el Municipal y el Colón son cada vez más democráticos y abiertos, con una política de precios que permite que muchísima gente acceda. En Argentina, desde este año hemos puesto en marcha que los ensayos generales, tanto de la Filarmónica, como del ballet y la opera, sean abiertos y gratuitos. En el Colón estamos trayendo grandes conciertos exclusivamente para colegios públicos, para que puedan conocer el teatro. La trampa del populismo es decir que a la gente hay que darle cosas masivas pero de dudosa calidad. No. A la gente hay que darle lo mejor que tenemos.

—¿Es un compromiso?

—Es que estos teatros por su historia y lo que implican deben ofrecer lo mejor. Me gusta mucho el programa de acceso a niños que tiene el Municipal de Santiago. En Chile es más democrático el teatro lírico que un concierto de música popular, donde la entrada es carísima y el que no tiene dinero no puede ir.

—Usted ha sido muy crítico con la creación del Centro Cultural Kirchner.

—Yo celebro cuando nace un nuevo sitio para la música en la ciudad. Lo que pasa es que el gobierno se ha hecho un daño autoinfligido, poniéndole un nombre partidario. Es una práctica que no tiene precedentes en Argentina. Hace un par de años el gobierno de Buenos Aires hizo un concert hall reciclando una vieja usina y le puso "Usina del arte". No el nombre de alguien del partido político. Este nuevo recinto es una gran obra para la cultura, pero lo asesinan con este nombre. Ese sitio se ha hecho con el pago de los impuestos de todos los ciudadanos y el nombre es más parecido a algo de Corea del Norte que a un país democrático.

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