Sábado 4 de Julio de 2015

"Médicos sin marca"

El movimiento de médicos contra el márketing farmacéutico

El gremio se divide: Para algunos, la ONG exagera ante una práctica histórica, como es usar las estrategias de promoción para mantenerse actualizados respecto de la oferta de remedios. Mientras que los fundadores de la entidad sentencian: Hay que "proteger la imparcialidad del juicio clínico de los efectos distorsionadores".

Por Rebeca Araya Basualto

No es imprescindible un medicamento que disfraza el síntoma sin curar la enfermedad". Rodrigo Irarrázaval

Rodrigo Irarrázaval (36, gastroenterólogo) comparte con Carlos Almonte (37, psiquiatra) y Pablo Santa Cruz (37, psiquiatra) el cuestionamiento a los incentivos que reciben los médicos desde la industria farmacéutica. El márketing incluye invitaciones, con pareja incluida, a paraísos turísticos donde los laboratorios realizan seminarios para dar a conocer las bienaventuranzas de algún nuevo producto. También hay convites a caros restaurantes, regalos, stock de muestras de productos y la perseverante labor de los visitadores médicos, siempre atentos a motivar la predilección por laboratorios o productos a la hora de recetar.

En marzo de 2013, los tres profesionales crearon la ONG "Médicos sin Marca" (MSM), con la meta de "fomentar un distanciamiento de la profesión médica respecto de las estrategias de promoción de las compañías productoras de tratamientos, con miras a proteger la imparcialidad e independencia del juicio clínico de los efectos distorsionadores del márketing y los conflictos de interés". Hoy adhieren a la organización 140 facultativos chilenos y 50 profesionales extranjeros, mayoritariamente latinoamericanos, aunque también hay ingleses y españoles vinculados, a través de la web de la organización, a debates que interesan también a los pacientes pues, leyéndolos, vislumbran el lado B del ejercicio de la medicina.

—¿Qué motiva a profesionales extranjeros a sumarse a MSM? ¿Ustedes son pioneros en este tema?

—En absoluto —señala Irarrázaval—, existen organizaciones equivalentes en distintos países de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. El debate excede fronteras y nos abrimos a estudiantes y profesiones no médicas vinculadas a nuestro quehacer. La industria farmacéutica es global y, por eso, también lo es la preocupación que genera su labor.

A contrapelo

No todo el gremio festeja la iniciativa de estos profesionales. Basta recorrer un poco internet para dar con desencuentros públicos entre la directiva del Colegio Médico y MSM.

—Creemos —dice Rodrigo Irarrázaval— que la rutina profesional hace invisible el significado de ciertas prácticas. Cuando nos dejamos influir por el márketing es posible que perdamos objetividad o autonomía. A veces, eso se traduce en conductas como "sobremedicar" en algunos casos o preferir medicamentos de marca en situaciones que los genéricos actuarían muy bien.

—¿Qué se entiende por "sobremedicar"?

—Lo explicaré con el caso de los niños: los padres suelen llegar al pediatra angustiados por un cólico, que es parte normal del desarrollo infantil. Es decir, se presentará varias veces y se curará como parte de un proceso natural de desarrollo del organismo. Se necesita cuidado y atención, pero no es imprescindible un medicamento que disfraza el síntoma sin curar la enfermedad.

—¿Y por qué prescriben medicamentos innecesarios?

—A veces pesa el compromiso casi afectivo que establecen los visitadores médicos como representantes de los laboratorios: "Doctor, recíbame la muestra —te dicen—, ¿qué pierde si lo prueba?". Y pruebas. No hay riesgo al hacerlo, pero tampoco es necesario prescribir.

—En casos así, las muestras médicas evitan generar un gasto innecesario al paciente. ¿O no?

—Aquí aparece el tema de la medicina basada en la evidencia, a la cual apuntamos como otra meta de MSM. Un ejemplo: los mejores tratamientos para la hipertensión arterial, probados hasta la saciedad, están en el formulario nacional y son medicamentos genéricos. Cuando me pasan la última "novedad" para la misma enfermedad, no existe esa larga evidencia científica como respaldo. Puedo lograr iguales resultados, pero no sé que efectos secundarios pueden surgir, porque se requieren al menos 10 años para contar con evidencia suficiente sobre un remedio. Por otro lado, cuando se termina la muestra médica, el paciente debe comprar el medicamento, de modo que la muestra opera como una suerte de degustación, a plazo fijo, de la mejoría buscada.

—¿Se puede traducir en políticas públicas esta inquietud de ustedes?

—A eso se apunta en el mundo y nuestra Ley de Medicamentos Bioequivalentes es buen ejemplo. Cierto, algunas farmacias hacen trampa y los niegan, pero para eso la ley establece fiscalización. El principal logro es posicionar entre los médicos que esos productos existen, son asequibles para más pacientes y funcionan.

Metas y prioridades

Dos temas son sustantivos para MSM según indica Irarrázaval: "Promovemos una actitud más reflexiva y crítica de nuestros colegas respecto de los estímulos del márketing de las farmacéuticas. Y nos interesa introducir el debate entre los estudiantes. Parte de su formación profesional es comprender que los médicos no somos intermediarios entre la oferta de los laboratorios y el enfermo. Nuestro tarea es cuidar el bienestar y los intereses del paciente", enfatiza.

En lo inmediato, la negociación en curso del Acuerdo Transpacífico de Libre Comercio (TPP, en su sigla inglesa) es un tema para esta ONG, pues entre las materias a convenir, los medicamentos son un punto relevante. El TPP aumenta los años de protección a los nuevos medicamentos, impidiendo que se liberen para pasar a ser genéricos, lo que mantiene altos sus precios. Por otra parte, vincula la patente con el registro sanitario, otra protección a los medicamentos patentados, impidiendo su registro en versión genérica y su importación. Lo más complejo: la propuesta norteamericana apunta a patentar métodos quirúrgicos, terapéuticos y de diagnóstico, experiencia sin precedentes.

"El peligro de este tipo de acuerdos —dice el dirigente de MSM— es que restringe la entrada y circulación de medicamentos. Eso expone la salud pública".

—¿Cuál es la solución? ¿Han sido invitados a exponer su opinión?

—Al debate ahora en curso no nos han invitado. ¿Solución? Ya tenemos muchos tratados. Particularmente en materia de medicamentos, invitamos a los responsables de decidir a ser muy cautos y reflexionar con cuidado cada opción.

—¿Cuál es su percepción de la Ley Ricarte Soto?

—Cubre flancos que dejó al descubierto el Plan AUGE y era muy necesario asumir. Nosotros vemos una amenaza y una oportunidad. La amenaza: serán tratamientos muy costosos, lo que implicará una serie de industrias (farmacéutica, alimentos, etc.) presionando por acceder a los montos estatales disponibles. La oportunidad es usar esta experiencia para mejorar los estándares en materia de conflicto de intereses. Hicimos sugerencias que fueron aceptadas, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. Ahora se define el reglamento de la ley y estamos muy atentos.

—¿Es posible evitar los conflictos de intereses?

—Apostamos por actuar de cara a la sociedad, impulsando en las instancias que correspondan las medidas pertinentes. El 2014, un conflicto de intereses entre el ejercicio de la medicina y las prioridades de la industria farmacológica indujo en Estados Unidos la reforma denominada Sunshine Act, que obliga a los doctores a publicar en internet cualquier pago recibido por doctores de la industria farmacéutica, incluidas charlas, conferencias o informes.

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