Sábado 20 de Junio de 2015

Bernardino Bravo Lira, Premio Nacional de Historia 2010

“Cambiar la Constitución es el menor de los problemas de los chilenos”

Dice que nuestra dificultad real son "las tres cosas que no funcionan por estos días: el Parlamento, los partidos políticos y la participación ciudadana".

Por Rebeca Araya Basualto

Las Constituciones no arreglan lo que no funciona, solo expresan el orden institucional de un país".

El fracaso de estos años ahora hizo explosión en una escandalera que, como toda polvareda, pasará".

No muy alto, escrupulosamente bien vestido y con su alba melena, Bernardino Bravo Lira aparece en la biblioteca de la Academia Chilena de la Historia como un personaje de otro tiempo. A los 77 años sigue dando clases y no pretende dejar el oficio. Sucesor de Jaime Eyzaguirre en la cátedra más antigua del país, dicta los ramos de Historia del Derecho y Constitucionalismo y Codificación en los siglos XIX y XX, en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, donde se desempeña como profesor titular desde 1970.

Prolífico investigador, la adjudicación del Premio Nacional fue recibida sin entusiasmo entre sus pares, que le reconocen dedicación a la academia, pero cuestionan su declarada adhesión a la monarquía como sistema de gobierno y sus convicciones políticas, respecto a las cuales, la historiadora Sofía Correa Sutil, dijo a The Clinic: "(…) encuentro complicado dar y recibir un Premio Nacional para una persona que no cree en la nación, sino que cree en el orden imperial español. Bernardino no cree en la república, no cree en la independencia".

—¿De verdad Ud. es monárquico?

—Yo conozco lo bueno y lo malo de la monarquía, de la democracia y de la anarquía. Pero ya que a algunos les preocupa tanto el tema, especifiquemos que adhiero a una frase de Andrés Bello: "Pasó el tiempo de la monarquía en América —dijo él— porque la monarquía es para países grandes, no para países miserables, chiquitos".

—¿No damos el ancho para ser monarquía dice Ud.?

—Estados Unidos es una antigua democracia y la Unión Soviética, ahora Rusia, trata de imitarlo; mientras la Unión Europea agoniza, porque no tiene una cabeza. Los países importantes, poderosos, influyentes, son monarquías. En 1820 Bello escribió: "Los americanos no somos para republicanos" y en 1836 se desdijo con aquello de que: "pasó el tiempo de la monarquía", porque los americanos somos chicos, sin tradición de respeto por el gobierno.

El resorte principal de la máquina

Estudió Leyes en la UC y realizó su posgrado en la Universidad de Münster (Alemania). Ejerció el derecho hasta hace muy poco, en paralelo a su labor académica "porque de algo hay que vivir", dice. Es soltero, participa del movimiento católico Opus Dei y actualmente divide su tiempo entre la docencia y la investigación historiográfica.

—¿Qué importancia atribuye Ud. al debate actual sobre el cambio de la Constitución en Chile?

—Ninguna. Las Constituciones no arreglan lo que no funciona, sólo expresan el orden institucional de un país. La gente piensa que al estar escritas son inmutables. No es así. Andrés Bello —que no creía en las constituciones escritas— habla de perfeccionar la Constitución sin cortar la continuidad de la vida política.

—Pero si una Constitución no está escrita, ¿dónde la consulto? ¿Cómo sé si la transgredo?

—Toda Constitución expresa un orden institucional. La idea de Constitución viene de una analogía con el cuerpo humano, que tiene una constitución: cabeza, cuerpo, extremidades. El cuerpo político también tiene un orden que lo articula. Países como Inglaterra, cuya constitución no está escrita, han mantenido por siglos su institucionalidad. En cambio las Constituciones escritas que parten en el siglo XVIII, se escriben, se guardan o se rompen de acuerdo a los vaivenes del poder.

—¿A eso se refería Diego Portales al decir: "(…)esa señora que llaman la Constitución, hay que violarla cuando las circunstancias son extremas"?

—Eso lo dice en una carta a Antonio Garfias, en medio de una crisis política. Se refería a la Constitución de 1833, que para la fecha tenía 2 años. Por eso en la misma carta se refiere a ella como "esa parvulita".

—¿O sea que Diego Portales era golpista?

—Lo que él dijo es que el país no debía ajustarse a un papel escrito hacía dos años, porque no es la realidad la que se ajusta a lo escrito, sino al revés. En el criterio de Portales prima la institucionalidad no escrita. Portales dijo: "No me tomo el trabajo de observar el proyecto de Constitución. Lo único importante es el resorte principal de la máquina".

—¿Y cuál sería ese resorte?

—Se puede entender como: "El único importante es el Presidente y él no tiene por qué atenerse a la Constitución" o "Lo único importante es la Constitución real del país y métanse los papeles por donde quieran". Lo único claro es que para Portales el centro de gravedad real del país no está en un papelito. Eso es una gran ingenuidad.

El papelito

A su juicio, la historia de Hispanoamérica prueba la ineficacia de los textos constitucionales: "Se han dictado más de 200 constituciones y de esas solo cuatro duraron más de cincuenta años: la de Brasil de 1824, la de Chile en 1833, la de México actual y la Argentina".

—Se argumenta que la constitución de 1980 es doblemente ilegítima: impuesta en dictadura y modificada por un Parlamento elegido bajo el sistema binominal, que distorsiona la voluntad de la mayoría ciudadana. ¿Qué opina?

—Centrar el interés público en el tema constitucional y buscar allí la raíz de todos los males es tender una capa para ocultar el fracaso de estos años, que ahora hizo explosión en una escandalera que —se lo digo como historiador— como toda polvareda, pasará. Cuando la Constitución es mala, es un obstáculo y una ayuda cuando es buena, pero no quita ni pone frente al problema que tenemos hoy.

—¿Cuál es el problema a resolver entonces?

—Cambiar o no la Constitución es el menor de los problemas de los chilenos. Desde 1990, hay tres cosas que no funcionan: primero, el Parlamento, donde poca gente se paga mucho dinero para resolver casi nada. Lo segundo es la participación ciudadana: cada vez vota menos gente. Y lo tercero, son los partidos políticos. Ese es el andamiaje que fracasó y no espere Ud. que una nueva Constitución lo haga funcionar mejor.

VOLVER SIGUIENTE