Viernes 19 de Junio de 2015

Alberto Fuguet, cineasta y escritor:

“Me siento malagradecido, pero no voy a cambiar”

"Mi personalidad no lo permite", reconoce el autor. Firme, pero cordial, confiesa que su máxima fantasía es retirarse y no hacer nada.

Por Juan Carlos Ramírez F.

"Me da vergüenza esto. No sé qué decirte".

Alberto Fuguet (51) sonríe, levemente abochornado. Que alguien, tras ver las 5 horas de "Invierno", le diga "lo primero que uno piensa es que, a diferencia de sus personajes, uno se salvó" es algo que lo incomoda.

Estamos dentro de un café del Patio Bellavista. Afuera, la gente anda con bufanda y el escritor/cineasta se somete a la disección de su película, cuya primera parte se estrenó ayer. Su núcleo es el escritor Alejo Cortés (Matías Oviedo), quien lanzó una novela justo antes de suicidarse. Ambos hechos afectan a su grupo de amigos, quienes recién ahora comprenden lo perdidos y solos que estaban.

—Igual, pueden salvarse, ¿no?

—Ojalá. Pero Alejo no pudo. Ojo, yo no soy Alejo. Lo usé como base.

—Ya, pero Alejo desde la primera toma, tecleando, se parece a ti.

—¿Lo dices por los lentes? Puede ser. Ojalá, físicamente me pareciera a él. Todos los personajes tienen cosas mías. Aunque fui muy Alejo en una época. Pero él es mucho más border que yo. De partida, porque yo no me he matado.

Se ríe poco Fuguet. A veces no deja contrapreguntar. O peor, no acepta interrupciones en su discurso. Más por timidez que por "acabronamiento". Aunque algo de eso hay. No le gusta esa expresión, pero acepta que ahora tiene el control. Estrenó "Invierno" y saca adelante los libros que quiere: vienen dos novelas en camino y ya está en librerías "Todo no es suficiente", la crónica sobre el malogrado escritor uruguayo Gustavo Escanlar.

"No voy los sábados al cine"

Hace diez años me colé en su crew para el estreno de "Se arrienda", su debut cinematográfico, en el Festival de Valdivia. El plan era seguirlo, como un fan de sus libros, a lo "Casi Famosos" (una de sus cintas favoritas), para un extinto suplemento cultural. Pero él brilló por su ausencia.

Sin entrevista, apareció con polerón y jockey, cinco minutos antes del inicio. Alguien lo grababa, una radio local intentaba sacarle una cuña y él estaba nervioso. Tras la función, el público salió mudo y en la fiesta —con actores de la tele y barra libre— no apareció. Su equipo, que parecía conocerlo de toda la vida, lo encontraba lo más normal del mundo.

Después logré entrevistarlo en Santiago, varias veces. En vivo y por mail. En ferias del Libro de Chile y Guadalajara. Hasta le pedí datos de librerías en EE.UU. Ahora, en este café del centro, él saluda cordial, pero recordando que los límites de una entrevista los pone él.

—Salvarse y el amor son temas centrales en tu obra. ¿Has obtenido ambos?

—Creo que salvarse es un tema. O encontrar la paz, que me gusta más. Todo el resto me parece algo sobregirado y, por lo tanto, kitsch. Creo que el amor no es realmente un tema en mi obra. Quizás no-amor o no-tenerlo, pero aún no escribo novelas de amor. Aún no. ¿Esto es para un diario o para "Hola"?

Pienso en los cantautores, comediantes o actores que hablan de ellos mismos en sus obras. Uno cree que fuera de ellas, periodísticamente, puede continuar esa conversación. Claramente, no es tan así.

Pero luego, me reconoce que en el lanzamiento de Valdivia "lo pasé mal. Y sé que no gustó. Había demasiada gente involucrada y uno termina diluyéndose". Después agrega: "Me siento malagradecido, pero no voy a cambiar. Mi personalidad no lo permite". Pero de repente, consultado sobre si padeció una estructura de trabajo como en "Mala Onda", responde tajante: "No lo creas. Tú no lo viviste". Y agrega, "Hay harto mito urbano con eso".

—Me refiero a que cuando salió "Se arrienda" estabas en una etapa más cercana a la de ahora, en contraste con una promoción que no te representaba.

—¡Ah! ¡Sí! (se entusiasma). La película era mucho más piola y tranquila que lo que hubo alrededor. Lo curioso es que al final siento que terminó ganando mi punto de vista. El primer fin de semana partimos mal. Pero desde el lunes empezó a llegar público a las salas. Gente rara, gente sola, gente que no andaba con panorama. Arrasamos en Estación Central y el centro. No había blogs ni Twitter. Yo creo que fue el boca a boca. Y que era una película para gente que no va los sábados al cine. Yo no voy los sábados.

—¿Y cuál era el mito urbano?

—Que no fue con "Mala Onda" (1991), sino con "Sobredosis" (1990) donde hubo fiesta, hueveo y cocaína gratis. Lo presentó Marco Antonio de la Parra con Cristián García-Huidobro. Me pregunto cómo pude sobrevivir a eso. Con el primero no acepté hacer nada. Y se enojaron bastante. Pero funcionó bien igual.

Los 90

Fuguet se cuelga en los 90. Una década formativa con la que ajusta cuentas hasta hoy. No es casual que en "Invierno", a pesar de haber macbooks, redes sociales, destartaladas bandas indie o teterías, el ambiente recuerda la efervescencia de la Nueva Narrativa. Tensión prelanzamiento. Sesiones de fotos. Llamadas de agentes, peleándose por los derechos.

"Yo siento que ahora tengo el control de lo que hago, y ya no necesito parafernalia. Aunque al principio pensé que me iba a ir bien en cuanto a críticas. Lo difícil no es escribir, sino mostrarlo. ¿Por qué? Porque viene la crítica negativa. O positiva, que a veces daña igual. Y la gente me pregunta si soy Matías Vicuña (protagonista de "Mala Onda"), y me dice que se quería suicidar y que yo la ayude. Cosas así".

—¿Crees que un artista debe hacerse cargo de lo que provoca? No sólo lo digo por Escanlar o Alejo, sino por ti.

—No, para nada. Por qué. No ejerzo un cargo público ni soy pastor ni nada. Tampoco sé qué provoco. No tanto, creo. No estoy en la lista de los best sellers, no me invitan a "Vértigo". No soy un héroe. Si gente engancha con lo que hago, entonces se parece un poco a mí y podemos tener un lazo, pues yo soy parecido.

—¿Cual es tu política con quienes, justamente usando un término noventero, te ven como "héroe". ¿Intentas ser cordial? ¿Eres tal como eres nomás?

—Nadie me trata como héroe. Mi impresión es que algunos me tratan como una "hueá". No intento ser cordial. Espero serlo. ¿Me quieres psicoanalizar? Basta. Espero ser como soy. Punto. ¿O quieres que sea como otra persona?

—Pero si la embarras, ¿pides disculpas? ¿O te has vuelto más desconfiado?

—Pedir disculpas de qué. ¿De filmar cosas que no interesan a muchos? Sorry. Era desconfiado, ya no.

Cerrar y abrir

Fuguet camina por un atajo hacia la Radio Oasis, al lado de Canal 13. Dice que filmar es un proceso de "autoayuda", comenta algo sobre la nueva novia de Mario Vargas Llosa que salió en portada en el… "Hola" ("Me destrozó enterarme de que haya dejado a su señora"), se encuentra con Alfredo Lewin ("¡Bonita chaqueta!"), abraza a Marcelo Comparini, habla por celular y se entera de que Zambra apareció en The New Yorker: "Llegó más lejos que todos nosotros". Lo único capaz de ponerlo en alerta, de verdad, es que se metan en sus trabajos futuros. Ya adelantó en una entrevista que hay dos novelas, una de ellas llamada "Sudor", una especie de precuela de "Invierno". La otra, según un trascendido editorial, es que será sobre el hijo de Carlos Fuentes, escritor sensible y muerto en extrañas circunstancias. Severo, mira a los ojos —tal como le enseñaron a Matías Vicuña en "Mala Onda"— y dice: "No voy a hablarte de eso".

Ante mi insistencia, responderá días más tarde por e-mail: "No hablo de libros no impresos ni editados, tal como de películas que están en guiones o en montaje. Paso. Ya tocará su momento. No seas periodista". Esta última frase se la dicen a alguien en "Invierno". Yo la vi en Vimeo, antes del estreno. Él lo sabe. Por eso también dice: "Si hubieras visto la película con gente, hubieras visto cómo esa frase provocó risas y onda. Veamos. Lo que sí espero es que ambas novelas toquen temas parecidos a esta entrevista. Uno, al final termina escribiendo lo mismo o se tropieza con sus temas de siempre".

—En la película, Alejo dice: "A mi casa, tú no entras". Exactamente lo mismo que te dijo Cruz-Coke en una entrevista. ¿Suscribes esa idea?

—Sí. Pero a mi casa entra mucha gente. De hecho, se filma mucho. Es el centro de operaciones.

—¿Aparece en la película?

—Sí. No voy a decirte dónde… Es que mi departamento es bien raro. Lo que aparece fue rehecho entero y ni se nota. Apareció el techo en una escena en que están como Batman. Una noche, en la única escena que no usamos, que íbamos a filmar muy temprano, se quedaron a alojar 15 personas. Como un campamento.

—Estabas de muerte.

—No. Porque era parte de la película. Aparte, si entra gente a mi casa, soy súper bueno para cocinar.

—¿Te gusta escaparte y aislarte?

—Sí. Irme a un hotel a leer, no a escribir. Lo primero me parece mucho más entretenido. Me he dado cuenta de que para escribir novelas debo aislarme. Por eso, mi fantasía es no hacer nada, ser un vago.

—Pero tú, como periodista, no puedes hacer eso. Hay cuentas que pagar.

—¡Nah! Yo me las podría arreglar. Yo respondería la pregunta al revés: debería llegar el momento en la vida de alguien dedicado a la creación en que deberías darte cuenta de si la creación es tan vital para sobrevivir. No económicamente, sino moralmente. Yo antes sentía que era muy importante ver mi nombre, ganar premios, que mis artículos sean los mejores. Ahora ya no.

—Mira, yo ya no pienso en carrera como cuando hablan de carreras policiales o judiciales. A mí no me gusta mucho. Me pregunto: ¿Es necesario seguir escribiendo para siempre? ¿No es mejor ver películas que filmar? Es muy cansador. Me hice tira un bíceps durante un rodaje. Empezamos a jugar en una barra, y yo lo hice. Si uno se hace tira un bíceps, uno debe ir inmediatamente a la clínica. Pero yo no lo hice: me dolía. Pero era tal la adrenalina, que seguí. Recién fui cuando terminé el rodaje. Y el doctor me dijo que era muy tarde. Me gustaría hacer una película en la que si uno está con vómito o fiebre, uno puede suspenderla. Por eso digo que esta será la última. Aparte, no me gusta rellenar formularios para postular a fondos. ¿Cómo medir en qué aporta al país una obra que ni siquiera terminas?

—¿De verdad crees que es la última?

—Sí. A menos de que alguien la produzca. Pero como yo soy taan intransable, creo que nadie pondrá la plata. ¿Es necesario siempre estar filmando y siempre estar escribiendo?

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