Miércoles 20 de Mayo de 2015

Hunter Carter, abogado norteamericano

“No veo a la gente de Chile en esa «cultura corrupta» que se ve en otros países”

El experto estuvo en Santiago para hablar sobre el panorama actual del país.

Por Maximiliano Arce Castro

"Chile no es un país corrupto". Esa ha sido la frase que tanto el fiscal nacional, Sabas Chahuán; el ex contralor general de la República, Ramiro Mendoza; y la Presidenta, Michelle Bachelet han pronunciado en los últimos meses por los casos de corrupción y el financiamiento irregular de las campañas políticas por parte de las empresas.

Para profundizar en el tema, este lunes el abogado estadounidense y socio de la firma Arent Fox Hunter Carter participó en Santiago de la conferencia "Corrupción y sector privado: La experiencia chilena e internacional", junto al presidente de Chile Transparente, José Antonio Viera-Gallo. Allí compartió sus posturas sobre la "crisis" en nuestro país.

—¿Cómo definiría el momento que Chile está viviendo tras conocerse las "boletas falsas"?

—En este momento en Chile existe una especie de "tormenta perfecta" de cuatro escándalos muy conocidos y eso, por cierto, molesta un poco porque anteriormente hubo una percepción de corrupción muy buena. Chile es un país líder en eso.

—¿Cuál fue su primera impresión cuando se destapó la olla en nuestro país?

—Obviamente las noticias aquí son más grandes que afuera. Yo sigo pensando que la buena reputación del sector empresarial de Chile es muy duradera. Aquí se percibe como una crisis infectada a muchas cosas, que es muy grande, y que quizás tenga algo de verdad. Pero la percepción del exterior es muy distinta.

La percepción que se tiene de los chilenos es que son muy organizados, de operar a un cierto nivel internacional y que no es un país como los que tienen otros problemas. Por ejemplo, el problema con la corrupción en Petrobras es de un tamaño muy alto.

—¿No estamos al nivel de Brasil, entonces?

—No. En Chile los escándalos tienen que ver con las boletas falsas y el financiamiento de campañas. Los escándalos aquí no están al nivel tan llamativo de la atención internacional como Brasil. Lo importante es darse cuenta también de cómo las empresas están respondiendo. Por ejemplo en SQM, donde hay muchos problemas —aclaro que no es uno de mis clientes—, han establecido un comité especial para litigar el caso, para tomar todas las decisiones de la empresa.

—¿La reputación de Chile no se fue al suelo con estos casos?

—No. Pero tienen problemas por resolver.

—¿Cómo afecta la corrupción a la deslegitimación de la política? ¿Se puede manejar?

—Depende del tamaño del escándalo. Si el escándalo es de uno, dos, tres personas, es una cosa. Si implica el otro extremo, la potencial financiación de la mayoría del Congreso o algo así, puede ser de tamaño muy grande y muy difícil. Eso es para nosotros un poco distinto.

No quiero decir que el fraude en campañas esté tolerado, pero en EE.UU. el financiamiento es mucho más abierto. Una empresa puede financiar todo lo que quiera a un candidato, bajos las leyes, y por eso no hay razón para ocultarlo.

No hay espacio de estos esquemas de boletas falsas.

—¿Cómo se combate la corrupción?

—La manera en que se combate hoy en el mundo es implementar sistemas de "compliance"; es decir, cumplir normas. Primero hay que adoptar una política con respaldo fuerte desde el Presidente hasta los ciudadanos. Hay que capacitar a asesores jurídicos y después a las personas para generar una cultura de cumplimiento, saber qué es lo prohibido, cuándo hay algo irregular. Cómo responder.

Y cuando hay problemas, hay que denunciarlos. La idea es mejorar el perfil público.

—Si algunos políticos que hoy están en el poder están ligados a problemas de boletas falsas, ¿deben dar un paso al costado?

—La semana pasada arrestaron al presidente actual del senado del estado de Nueva York por corrupción, lo mismo con el presidente de la Cámara de Diputados del mismo congreso estatal. Y obviamente y respondiendo a tu pregunta, ambas personas debieron renunciar a sus condiciones de autoridad y responder a la justicia.

—La pregunta obvia y de rigor: ¿Es Chile un país corrupto?

—Yo creo que no, por el entendimiento que tengo de lo que pasa aquí. Veo una reacción a la corrupción que me genera confianza. Chile es un país que quiere eliminar la corrupción.

cconsiderando los titulares de prensa, los ejecutivos que conozco, los abogados que conozco, de la vida cotidiana de mis amigos chilenos, no veo a la gente de Chile en esa cultura corrupta que se ve en otros países. No hay sobornos a la policía, por ejemplo. Hay mucha confianza para Chile.

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