Martes 17 de Marzo de 2015

Jorge Searle, fundador de Luft

Partió como un proyecto universitario y hoy es un lavaseco de autos de lujo

Cobra hasta $200 mil por un lavado ultra-completo, que lleva todo un día de trabajo.

Bernardita Sanz De U.

En el fondo, la crítica que muchos me hicieron era que debía implementar un servicio más boutique".

Antes de salir de la universidad, como todos sus compañeros, Jorge Searle, con 25 años, debía preparar su proyecto de título. La idea era pensar en un negocio diferenciador, que aportara y que tuviese rentabilidad en el largo plazo. Se decidió por la limpieza de automóviles. Un negocio no muy innovador, pero que si se le agregaba tecnología podría marcar la diferencia.

Jorge salió de la universidad y dejó guardado su proyecto de título en un cajón. Buscó trabajo y estuvo 10 años en una empresa de herramientas eléctricas, cuando el bicho de ser su propio jefe lo volvió a picar. "Fue un tiempo muy valioso porque uno aprende en los trabajos tradicionales cosas que como emprendedor necesitas saber", explicó Searle.

Una década después, sacó del cajón ese proyecto de título y con los pesos que había ahorrado como empleado, se la jugó por lo propio. Así nació Luft.

"Había investigado sobre el tema y sabía que con mis ideas podía hacer un gran aporte a la industria", cuenta Searle.

Luft partió en 2010 como una empresa de lavado de autos. Que podría haber sido una más. Pero la idea de Searle explicitada en su proyecto de título era que debía exhibir una diferencia, ojalá tecnológica. Y la encontró: compró una maquinaria coreana que hacía efectivamente el trabajo distinto: "Instalé el primer túnel de lavado sin rodillo que llegó a Chile, que fue todo un boom en ese tiempo", cuenta Searle. En palabras simples, un túnel de lavado donde el auto no se toca.

La empresa empezó a crecer y, para felicidad de Searle, a obtener ganancias que, en solo 4 años, llegaron a un crecimiento del 400%. "Trabajábamos 27 personas y lavábamos 150 autos diarios llegando a facturar $40 millones al mes", recuerda.

La hora del cambio

Pero Searle se percató de que había un segmento de su clientela, con autos de lujo, que a pesar de que la máquina era buena, preferían el lavado a mano y en lugares donde no hubiera mucho tumulto, porque no les gustaba exponer sus fastuosos vehículos a largas filas donde los podían pasar a llevar. En fin, buscaban un lugar más exclusivo.

"En el fondo, la crítica que muchos me hicieron era que yo debía implementar un servicio más boutique para los autos de lujo", explica.

Por ello, buscó formas de complacer a este segmento. Tras mucho investigar y participar en ferias en el extranjero, decidió terminar con el antiguo Luft e instalar un nuevo formato boutique. "En este nuevo formato, los autos son lavados absolutamente a mano y con tecnología a vapor que saca hasta las peores suciedades, es increíble", indica Searle.

A diferencia del antiguo Luft, aquí el negocio no está proyectado al volumen, sino a un formato más detallista y donde se espera un lavado perfecto.

La forma de operar es más práctica: un equipo de sólo 6 empleados capacitados para cumplir con cualquiera de las etapas del lavado. Y los clientes piden hora para atenderse. "Esto ayuda a que, tanto el tiempo de nosotros como el tiempo del cliente, sean mejor utilizados". Y como es un servicio premium, los precios responden a ese parámetro: el lavado más barato, sólo por fuera, a 10 mil pesos. El más caro — "dejamos el auto como nuevo"— cuesta la friolera de $199.000, aunque tarda todo el día en quedar listo.

Para este año, aparte del lavado boutique, Luft pretende ampliarse a nuevos servicios en hogares. "Me he dado cuenta de que, como el vapor sirve para todo, la idea es ir a lavar terrazas de casas, hacer aseos profundos con vapor como una idea de trabajo sanitizadora, que saque realmente todos la mugre no sólo superficial, sino también los ácaros", explica Searle.

Lavado a mano:

La diferencia es el vapor

En su nuevo formato, Luft realiza el lavado del auto a mano, es decir, que no pasa por ningún tipo de máquina, y con una "determinación de vapor", como lo llama Searle, "que saca hasta el último ácaro".

Entonces, cuenta Searle, "el auto ingresa al recinto y lo primero que hacemos es lavarlo con champú y agua para sacar la suciedad más superficial. Luego, el vehículo es trasladado a una ‘zona de determinación' que se hace con vapor.

Este se puede aplicar a todas las partes del vehículo, desde las llantas hasta las puertas y ranuras. Todo va a depender de lo que te pida el cliente".

Debido a la alta efectividad que tiene el vapor, algunos clientes piden, por ejemplo, que les laven las sillas de bebés y hasta le han traído cunas para sacar todos los ácaros.

También han realizado lavados a motos de aguas, lanchas y hasta bicicletas.

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