Sábado 28 de Febrero de 2015

Subir al Everest y el Lhotse en 72 horas

Preparan la expedición más ambiciosa en la historia del alpinismo chileno

Ernesto Olivares y Rodrigo Lara se están preparando para ascender la primera y cuarta montañas más altas del mundo en apenas tres días.Llevan dos años de entrenamiento físico y mental.

El sueño de todo montañista es subir alguna vez el Monte Everest: viajar hasta Nepal y escalar la montaña más alta del mundo con 8.848 metros sobre el nivel del mar. Años atrás muy pocos se aventuraban a iniciar un ascenso a la cumbre, pero con el paso del tiempo se ha vuelto un destino casi obligatorio para un montañista de alta exigencia.

La primera vez que nuestra bandera llegó a esa cima del mundo fue en 1992 con las expediciones lideradas por Rodrigo Jordán y Mauricio Purto que, además, se convirtieron en los primeros sudamericanos en lograrlo.

Hoy, son otros dos chilenos, Ernesto Olivares y Rodrigo Lara, quienes buscan marcar otro hito para el andinismo nacional: subir las cumbres del Everest y su vecino el Lhotse, la cuarta montaña más alta del mundo con 8.516 metros. Todo en 72 horas.

Enorme desafío

"Ninguna expedición chilena ha hecho dos ‘ochomiles' en un mismo viaje. Extranjeros sí, pero muy pocas veces, porque representa un gran desgaste físico", explica Lara, quien subirá por primera vez a los Himalayas.

Ambos se conocieron en 2013, mientras subían el volcán Ojos del Salado (6.893 metros) ubicado entre Argentina y Chile. Ahí se plantearon la posibilidad de hacer la expedición al Everest.

Una vez en suelo firme, comenzaron a trabajar en la producción del viaje y a preparar el ascenso: "Subir es mucho de preparación física. Hemos trabajado junto al fisiólogo Mauricio Pavez, que nos diseñó un plan de ejercicios para mejorar la capacidad aeróbica y fortalecer la musculatura, ya que ocurre un gran desgaste muscular por la falta de oxígeno presente sobre los 8.000 metros", explica Olivares, quien ha subido dos veces el Everest, incluido el mítico ascenso de 1992.

Además, las secuelas también pueden ser fatales para los escaladores. "Hay pérdida de peso y de masa muscular, y tendremos que redoblar el esfuerzo para hacer de manera seguida otra cumbre", añade Lara.

"Es imposible embarcarse en una expedición de esta envergadura sin contar con el apoyo de profesionales, es por eso que también nos evalúa el doctor Mario Sandoval, con quien desarrollamos los trabajos previos y posteriores, nos supervisa los test de hipoxia –que permite comprobar que el cuerpo reaccione bien a las alturas–, con los que hemos podido simular la falta de oxígeno que vamos a enfrentar en los Himalayas".

Ambos concuerdan en que el tema del oxígeno es la mayor exigencia. "En esas altitudes hay un tercio de lo que hay a nivel del mar, por lo tanto cuesta mucho respirar. Por otro lado, el frío también es una complicación porque estamos hablando de ambientes con -30 grados, jornadas extensas, mucha caminata y escalada, en un ambiente inhóspito, con vientos y, además, siempre está presente el riesgo de una avalancha o que suceda algún accidente por el hielo... pero es todo parte de la experiencia", dice Lara.

Como el ejercicio físico es fundamental, además de subir el Ojos del Salado "atacaron" juntos el Aconcagua, con 6.960 metros: la mayor altura de Sudamérica y el pico más alto fuera de los Himalayas.

Pero más allá del entrenamiento corporal, es la fortaleza mental la que les permitirá llegar a su meta. "Un desafío como este requiere una concentración permanente, porque es mucho tiempo el que se pasa en condiciones hostiles, con mucho trabajo que hacer y siempre hay que estar alerta a lo que pueda ir pasando. Sobre todo en la cascada del Khumbu –una de las etapas más peligrosas en el ascenso al Everest–, donde los riesgos son permanentes y la concentración debe ser máxima", explica Olivares.

El sueño de llegar a la cumbre

Pese a que es necesario tener una excelente condición física, no es lo único que hay que entrenar. "Es necesario que exista un buen fiato. Con Rodrigo llevamos un par de años trabajando juntos y eso será decisivo para las situaciones que quizás viviremos. Muchas veces, sin mediar palabras tienes que tomar decisiones en función de lo que vaya ocurriendo por lo que, más allá del entrenamiento individual y de las competencias físicas y técnicas de cada uno, es fundamental que una experiencia como esta se base en la confianza que ambos se tengan, hay que estar compenetrados", apunta Olivares.

"Claro que hay una parte que es individual, donde uno tiene que aportar con todas sus capacidades, pero también hay una parte fuerte de trabajo en equipo", añade Lara.

Pero todo ese sufrimiento y las malas condiciones pasan a un segundo plano una vez que se alcanza la cumbre.

"Es lo máximo, el sueño de todo montañista. En lo personal, cuando a uno le gusta el montañismo, ir a los Himalayas es como ir a unos Juegos Olímpicos para un gimnasta. También tiene un aspecto místico, porque los Himalayas, y las montañas en general, son lugares donde uno se reconecta consigo mismo, hay mucho tiempo para pensar. Desde el punto de vista deportivo, significa un tremendo desafío", comenta Rodrigo Lara

Su compañero añade: "Alcanzar el monte Everest o el Lhotse, en sí mismo es un desafío deportivo, pero mi fuerza para hacer esto es poder motivar a muchos otros. Creemos con certeza que, más allá del ascenso, pueda quedar registrado deportivamente como un granito de arena. El gran aporte que nosotros esperamos hacer es dejar un mensaje de desafío para aquellos que se levantan cada día con la intención de hacer un país mejor. Sería ideal que cada fin de semana o en vacaciones las personas subieran cerros, se acercaran a la naturaleza, trabajaran por su salud, por eso buscamos motivarlos. Es posible ponerse metas altas y es posible alcanzarlas. El mensaje es que somos capaces de soñar y tenemos las condiciones para hacer que esos sueños se cumplan".

El itinerario de viaje

Los primeros días de abril, la dupla se trasladará hasta Katmandú, la capital de Nepal, donde una vez coordinado todo y pagando cada uno los 10 mil dólares que cuesta el pase para subir, iniciarán el trekking hasta el campamento base del Everest, que está a 5.400 metros. Ese viaje toma cerca de dos semanas.

Una vez instalados deberán esperar una "ventana" de buen tiempo, que se abre los primeros días de mayo: aprovecharán esos días para aclimatarse, practicarán escaladas en hielo y subirán algunos 6.000 metros.

Cuando el clima lo permita, subirán hasta el campamento 3 —a 7.400 metros— y de ahí continuarán al campamento 4, cercano a los 8.000 metros.

Desde ese sitio ascenderán a la cumbre del Everest. Luego volverán al mismo campamento e iniciarán el camino hacia el campo 4 del Lhotse, a la misma altura.

Una vez instalados, ascenderán hasta su cumbre para después descender sin escalas hasta el punto de origen.

Todo eso en sólo 72 horas.

¿Lo lograrán? Ernesto y Rodrigo están haciendo todo lo posible para hacer historia.

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